¿Ha pasado la crisis del fútbol boliviano? Nada que ver. Es claro que salir de la crisis del fútbol nacional no debe ser solo cosa de relevo de mamones. La gestión de quienes dirigen el fútbol debe ser evaluada en base a logros. Hoy los resultados deportivos del balompié boliviano mueven a llanto, los entretelones de la dirigencia a risa, y a desaliento el futuro del deporte más popular en Bolivia. Tal vez se deba a que como en el aclamado film de culto “Los sospechosos de siempre”, lo que se nos dice no es lo que vemos, y es probable que lo que vemos no sea lo que realmente es. Como en la política.
El otro día mi esposa prefirió un “reality show” –como tipifican en la jerga televisiva a los dramones de la vida real- a su telenovela favorita. La malvada ya ha asesinado a la mitad de los personajes de la trama, y esto se ha convertido en banalización apologética del crimen, me dijo. Bendito mando a distancia o “terremoto”, como lo llamaba mi suegra. Cambié canal justo cuando un brioso ex jugador de fútbol increpaba a uno al que le dicen mil oficios, que quiere prorrogarse en el ente directriz del balompié profesional boliviano. Así como no me gustó que el discutido dirigente quebrase la cola y abandonase el recinto, hallé censurable que algún adlátere aprovechase para insultar al que emprendió la retirada.
En el actual “reality show” del fútbol, cual en el ocaso de un mandatario prorroguista, todo empezó con una huelga de hambre. Esta vez fue un periodista radial, al que luego se unieron dirigentes del fútbol amateur y de asociaciones departamentales de balompié que buscan nuevas estructuras y derroteros para el deporte.
Despreocupados por su triste balance de gestión, los que están arriba insistieron a rajatabla en un congreso quizá apalabrado de antemano. Para colmo del desparpajo, amenazaron con destapar la olla de supuestos malos manejos de quienes anteriormente estuvieron encima, lo hicieron mejor, y ahora reclaman cambios. Que el fulanito hizo platita vendiendo entradas que le dieron a Bolivia en el Mundial de 1994; que al menganito le aprobaron un informe económico vergonzoso, y tuvo que sacar dinero de su cuenta personal (bien por él) para devolver. Cómo será la mamadera, que en el carnaval de dimes y diretes, un zutanito acusado de recibir 10.000 dólares al mes de “gastos reservados” –léase platita para cafecitos y “chelas”- rasgó sus vestiduras en santa cólera, diciendo que eran ¡solo $5.000 mensuales!
El gobierno boliviano, cuyo mayor logro en obras públicas no es proveer gas domiciliario o dotar de agua potable y alcantarillado sanitario a las ciudades y pueblos del país, sino construir estadios y canchas de fútbol para que el Presidente meta goles en las inauguraciones, amenazó intervenir. Imagino el telefonazo de Zurich. Quizá advirtieron que la transnacional del fútbol organizado no se dejará nacionalizar, a menos que Bolivia desee resucitar vetos a la altura y ser expulsada del paraíso.
Cómo será de dulce la mamila, que los dirigentes cuestionados lograron prorrogarse once meses más, dicen que trayendo votantes obsecuentes en avionetas alquiladas, quizá para borrar evidencias de su gestión de fracasos, o para posicionarse en el ente sudamericano del balompié. El mandamás del fútbol profesional lanzó el globo de ensayo de quedarse cuatro años más, y al día siguiente rectificó que sólo se quedará los nueve meses de prórroga de su compinche de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF). Que sean ellos los que inicien la mentada renovación del fútbol boliviano suena tan mentiroso como sacar la suerte del pico de algún jilguero enjaulado.
¿Ha pasado la crisis del fútbol boliviano? Nada que ver. En protesta de lo que pasó en el congreso de Tarija, marchan por las calles hinchas y dirigentes de la asociación cochabambina. Los dirigentes contestatarios, representantes de los mayores clubes de La Paz, con el apoyo de otros grandes de Cochabamba y Santa Cruz, anuncian acudir a la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y a la misma FIFA.
No les auguro mucho éxito. Porque la empresa “mais grande do mundo” sin ser brasileña, es una estructura corporativa nada democrática. Es vertical y nutre cacicazgos nacionales, donde los países valen no tanto por su fútbol, sino por la marmaja que generan estadios llenos y jugosos contratos de publicidad. En el mismísimo negocio de los jugadores de fútbol, la tajada del león se la llevan los agentes que invierten en talento y juventud. Igual que el cafiche que recluta capullitos de alelí plenos de belleza y lozanía para el negocio del “mete y saca”, como lo llama Anthony Burgess en su novela La naranja mecánica.
Es claro que salir de la crisis del fútbol nacional no debe ser solo cosa de relevo de mamones. La gestión de quienes dirigen el fútbol debe ser evaluada en base a logros. Hoy los resultados deportivos del balompié boliviano mueven a llanto, los entretelones de la dirigencia a risa, y a desaliento el futuro del deporte más popular en Bolivia.
Soñador que soy, luego de la euforia de Sudáfrica, imaginé que se quedaba en el país anfitrión la mitad de los más de dos millardos de dólares con que lucró la transnacional con sede en Suiza, para solventar que miles de negritos “k’arachaquis”, que es como en quechua se dice descalzo, se alimentasen bien y aprendiesen a patear pelota, oficio más lucrativo que estudiar o escribir lamentos de bar.
Pero como en el aclamado film de culto “Los sospechosos de siempre”, lo que se nos dice no es lo que vemos, y es probable que lo que vemos no sea lo que realmente es. Igual que en la política hecha politiquería. Conducta de cholos, dirá alguno. Yo me animo a decir que tipifica el comportamiento de algunos dirigentes del fútbol, podridos hasta la médula por el arribismo y la angurria. Igual que algunos políticos demagogos. Mientras se siguen sembrando nabos en las espaldas de los hinchas del fútbol, parafraseando a Salamanca.
