Una constituyente a la venezolana

La sociedad boliviana es hoy objeto de una campaña en lo psicológico, político y electoral. Una con la que algunos tontos útiles en los medios de comunicación y partidos opositores ya están obnubilados: aplauden la Constituyente a la venezolana, sin entender que cuando despierten de su encandilamiento, será demasiado tarde para arrepentirse.

Maldita dieta vespertina la del otro día.

Primero leí a Oriana Fallaci, sibila de prosa poderosa que vaticina desde sus vísceras la conspiración para hacer de Europa una Eurabia, conjura que hoy pone en entredicho la libertad de expresión –pilar de la civilización occidental-, por caricaturas de Mahoma en la prensa danesa, que han desatado la furia musulmana de Argelia a Indonesia.

Luego me atiborré de gambetas del Presidente Morales, de su aplacamiento de sectores otrora opositores, de su halo de protagonismo heroico visitando desastres naturales. Y me dio taquicardia su zigzagueo, en un momento tranquilizante para que las petroleras reanuden inversiones; en otro, hecho al mártir denunciando que conspiran para tumbarlo, haciendo eco a su metiche padrino, ¿o patrón?, venezolano.

Pero casi me atoro con su convocatoria de la Asamblea Constituyente con ‘poderes ilimitados’, que resisten Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando, indígenas orientales relegados y un partido opositor. Me dio vinagrera, cuando anticipando su rechazo en el Congreso, soliviantó a los dirigentes de El Alto a que formen un Estado Mayor del Pueblo (¿aymara?) que controle al Congreso, presione desde las calles y logre la sanción de la ley de convocatoria a la Constituyente como él la quiere.

Tal vez fueron cocinados por una pitonisa los frijoles refritos de un bufé de comida mejicana, que comí en una cena más tarde, el que sin dármelas de un San Juan tuve un sueño apocalíptico, mejor dicho, una pesadilla agorera, que me tuvo a revuelcos toda la noche, atando cabos de proceder tan errático en nuestro recién ungido Presidente.

Soñé con una conspiración, pero más bien para un golpe constitucional (sí, los hay), que consolide la permanencia en el poder de un Juice Chavón altiplánico, a través de una constituyente oclocrática. Empezó con la videncia de una mesa de estrategia, dirigida por un caudillo de boina roja, asistido por su segundo y un equipo de análisis de situación, reunido en un Palacio de Flowerview en capital caribeña, donde antes planificaron la plebe en las calles, los análisis técnicos, estudios de padrón electoral e impacto mediático para el triunfo electoral del Presidente Morales.

La revelación onírica me llevó a un penthouse de un hermano del Ministro del Interior en la capital caribeña, donde en el más absoluto secreto se digitaba el plan para amañar la Constituyente boliviana. Fogueado en la argucia que hizo al caudillo de la boina roja dueño de la mayoría de la constituyente de su país en 1999, el programador de la invasión bolivariana era un tocayo de aquel marino inglés que en Trafalgar impidió que las huestes napoleónicas invadan Albión.

Entonces vi un representante boliviano insistiendo en escenario de diálogo y concertación para evitar la tensión política al inicio del gobierno. Se le vino encima la gente del segundo del caudillo de la boina roja. Una sicóloga política de nombre continental y azúcar integral, sostuvo que para el éxito había que actuar impetuosamente, ya que avasallar y evitar el análisis de la oposición, lograría neutralizarla. Así se decidió. Los recursos necesarios serían cubiertos por una partida secreta –para qué fondos reservados, si los hay del padrino de la boina roja- a través de un alto oficial de su fuerza aérea, que es correo de información, consejos y dinero.

Desperté con pantallazos como arcadas, de que el plan urdido en el Caribe se viene cumpliendo a cabalidad, aunque solo el entorno más íntimo e incondicional de Evo Morales lo conozca. La clave del golpe constitucional está en designar constituyentes por circunscripción y que el vencedor se lleve todos ellos por simple mayoría. Tal estrategia conduce a la pérdida de la representación de las minorías, a que el partido oficialista capture la mayoría de constituyentes. Lo que daría al Presidente el músculo para disolver los poderes públicos en Asamblea con poderes ilimitados.

Representación proporcional de las minorías sería lo correcto, porque una Constituyente es la síntesis de todo el país, no solo del 53.7% que votó por Evo Morales en las elecciones. ¿Por qué se la obstruye? Porque con exclusión de minorías y con el garrote de obtener “mayoría aplastante” en la Constituyente, se podrá sacar de cuajo del Congreso a la oposición. Y con la aprobación de la nueva Constitución en el subsiguiente referendum, se suprimirían los otros poderes del Estado, para ser electos mediante nuevas reglas amañadas insertas en la Constitución. ¿Acaso no apunta un revólver la amenaza presidencial de que “el pueblo obligará al Congreso a aprobar la Ley de Convocatoria en los términos míos”?

Contemporizar con empresarios y sectores sociales es una cortina de humo, hasta ser victoriosos en la Asamblea Constituyente. Entonces se suprimirán los contrapesos que equilibran el usufructo del poder en un Estado democrático moderno, tal como ocurrió en Venezuela. Por eso la sociedad boliviana es hoy objeto de una campaña en lo psicológico, político y electoral. Una con la que algunos tontos útiles en los medios de comunicación y partidos opositores ya están obnubilados: aplauden la Constituyente a la venezolana, sin entender que cuando despierten de su encandilamiento, será demasiado tarde para arrepentirse.

Así como angustió al profeta del Apocalipsis, debería preocupar que nada ni nadie abra el libro de la conciencia ciudadana que se requiere en la gente sensata, en senadores y diputados, para desnudar el plan y abortar la conspiración constituyente. Igual que en el Apocalipsis, solo queda la esperanza de que uno de los Ancianos diga: “No llores; mira, ha triunfado el León de la tribu de Judá, el retoño de David; él podrá abrir el libro y sus siete sellos.” Confiar en Dios y encomendarse a Jesucristo, para que Bolivia en su proceso de cambio no pierda democracia y libertad.

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