El conocimiento vale aunque los ignaros lo devalúen, porque hasta para pedir hay que saber. Que países turísticos como España y Cuba provean expertos en diseño de estrategias y circuitos turísticos. Que desmenucen atractivos, bosquejen conceptos, sopesen accesos y servicios, recomienden estándares y mejoras. Y que pergeñen un paquete de inversiones para transformar Bolivia en imán mundial de turistas.
Pena que descubrí a Astor Piazzola en la fase moderna de mi vida, que también es la del cuarto menguante de mi luna, cuando develo tesoros gracias a ese mar de conocimientos que es la Internet. Ayer desperté a escuchar su estremecedor “Adiós Nonino” y a escribir sobre un sueño mío con La senda de la Atlántida, librito de J. M. Allen que postula que están en Bolivia la ciudad-estado y el continente perdidos, mencionados por Platón en el año 380 AC. Achaco a Piazzola y a las choquehuancadas -como se están viniendo a llamar las humedades que brotan de la boca de jerarcas del gobierno-, el impulso a prestidigitar Chiquitos y la Atlántida perdida en el altiplano boliviano.
En la lógica de los ladrones que expulsaron a sus legítimos propietarios y jodieron la Hacienda Collana en el altiplano, choquehuancada fue la del ministrillo que quiere a Santa Cruz, pero sin los cruceños. Más bien podrían imitar el quieto y efectivo liderazgo de ese crisol de la nacionalidad que ha puesto en la palestra mundial al oriente boliviano de raigambre misional y mestiza.
No es poca cosa. Entre el 27 de abril y el 7 de mayo de 2006, la 6° versión del Festival Internacional de Música Renacentista y Barroca Americana “Misiones de Chiquitos” volverá a incendiar en música a la tierra camba. Se pondrá en el mapa cultural del mundo localidades tan diversas como Santa Cruz de la Sierra, Porongo, Buena Vista, Santa Rosa del Sara, San Xavier, Concepción, San Ignacio de Velasco, Santa Ana, San Miguel, San Rafael, Santiago y San José de Chiquitos, Ascensión de Guarayos, Urubichá, Trinidad y San Ignacio de Moxos. Casi 50 ensambles de música antigua, representando a 20 países, darán más de 100 conciertos. Estarán presentes grupos de Alemania, Argentina, Bélgica, Brasil, Chile, Colombia, España, Francia, Holanda, Reino Unido, Japón, Italia, Israel, México, Paraguay, Polonia, Suiza, Estados Unidos y Uruguay. Además de una docena de grupos orquestales de niños, púberes y adultos: indígenas y mestizos cambas que se han reencontrado con la música como vocación y cosmovisión.
Varios factores hacen único al Festival de Chiquitos. No es privilegio de unos pocos melómanos reunidos para escuchar una música bella en un lugar exótico: impacta el que gira en torno a un patrimonio cultural vivo y dinámico. Se realiza simultáneamente en 16 lugares, en un recorrido de más de 3 mil kilómetros. Sus escenarios son templos jesuitas y franciscanos restaurados en poblaciones cambas ignoradas. La música se encontró en los mismos escenarios, muchas veces creada por los indígenas del lugar, por lo que la dignificación cultural cumple un papel importante. La mayoría de los conciertos son gratuitos y sinónimo de fiesta y oportunidad de trabajo en cada sede.
Pensé en el medio millón de turistas que visitan Machu Picchu anualmente. Y hoy, cuando se denuesta a las élites so pretexto de oligárquicas, cavilé sobre la falta que le hace al gobierno la visión, realismo, trabajo y tesón que animan a las minorías selectas y rectoras –eso quiere decir élite- de Santa Cruz, que en Chiquitos encienden tamaña llama musical y turística.
Granito y mármol les sobra para tallar en el altiplano, en vez de despotricar. Hablo de un altiplano cuyo lado norte es la puerta de entrada al paraíso del Madidi. Cuyo mar interior, el lago navegable más alto del mundo, tiene en su mitad boliviana las incaicas islas del Sol y de la Luna, la isla de Suriqui del museo de navíos de totora de Paulino Esteban. La unción religiosa del santuario de Copacabana. Tiahuanaco, inmensa ciudad de piedra que otrora fuera porteña, que por ser feudo de perros del hortelano por mucho tiempo, continúa enterrada en su mayor parte: ya debería ser el Teotihuacan o el Chichén Itza nacional. Un río Desaguadero que es hora de dragar y hacer navegable por barcazas turísticas, quizá de totora pero propulsadas por limpio gas natural, que lleven al Lago Poopó, al carnaval de Oruro, a los misérrimos reductos de las casas circulares, graneros incaicos y tumbas de momias pretéritas de los pocos Uru Chipaya que los aymara no han expulsado a regiones de refugio, donde el visionario cineasta Jorge Ruiz filmó el clásico Vuelve Sebastiana.
Vendamos sueños. Un circuito turístico en Pampa Aullagas, en el altiplano orureño-potosino, donde Jim Allen dice que está la Atlántida perdida. Empezando por los volcanes Columna y Quemado, la ciudad pétrea de Pumiri, el Santuario de Quillacas, el gran canal en la laguna Janko Khota. La Pampa Aullagas, sus géiseres, fumarolas y vertientes, sus depósitos de coral de mares antiguos y sus sagas de la gran inundación coincidentes con la leyenda de la Atlántida.
Que el Salar de Uyuni, único lugar terráqueo que se ve a simple vista como un espejito desde la luna, sea preservado en sus atractivos turísticos y fomentado en sus hoteles de sal. Que los museos ferrocarrileros de Uyuni y de Machacamarca encuentren recursos financieros para promover su desarrollo. Que traigamos Hollywood a la heroica Chichas, con un circuito turístico de Butch Cassidy y el Sundance Kid, par de aventureros que vinieron a morir a Bolivia. Que los miserables de Sud Lípez sean capacitados para manejar albergues y pasear turistas por sus lagunas multicolores y sus flamencos. Para no hablar de Potosí…
El conocimiento vale aunque los ignorantes lo devalúen, porque hasta para pedir hay que saber. Que países turísticos como España y Cuba provean expertos en diseño de estrategias y circuitos turísticos. Que desmenucen atractivos, bosquejen conceptos, sopesen accesos y servicios, recomienden estándares y mejoras. Y que pergeñen un paquete de inversiones de cinco años, para transformar el altiplano en imán mundial de turistas con las faltriqueras llenas de divisas, ávidos de nuevos paisajes, folclores y experiencias.
Etiquetas: Recursos Naturales, Turismo