De emborracha-víboras y holandeses

La ayuda externa desnuda que el discurso para remontar la pobreza y que Bolivia deje de ser pordiosera, es poco más que blablá de charlatanes de feria. Porque los vaivenes políticos causan extremos risibles. Porque se , descuida la ponderación de la calidad de ayuda de los distintos países. económico. La ayuda holandesa es el mejor ejemplo: es la cooperación más solidaria y desinteresada que existe. Solo pide que el gobierno boliviano presente sus proyectos para financiar los recursos.

Como yo hasta bien entrados mis años, deben haber muchos impresionados por los encantadores de serpientes. Impacta mirar a un flacucho de turbante, que levanta la tapa de una canasta y empieza a tocar su flautín, para que salga, sinuosa y siniestra, una cobra de anteojos que parece cimbrearse con la música, cual hipnotizando al flautista con su mirada fija, mientras calcula dónde lanzará su mordedura mortal. No hay tal. Las serpientes son sordas como tapias; no es que hipnoticen con la mirada, sino que carecen de párpados.

Los encantadores de serpientes son escasos en Bolivia, pero charlatanes de feria hay a montones. Llaman la atención con una indolente boa en vez de una venenosa yarará: ¡no me pise la víbora!, advierten al encandilado populacho. Me recuerdan a los actuales emborracha-víboras en el gobierno, cuyo mirar fijo parece franqueza, pero expone fanatismo. Su culebreo con las palabras parece sapiencia, pero esconde dolo o chambonadas.

Pero un aspecto de la palabrería que me tocó fibras simpáticas, fue la advocación del presidente a que el país deje de vivir de la limosna. En Bolivia muchos años hace que la dependencia de la compasión del mundo se ha tornado en vicio. Como nación somos el equivalente a los espectros de bolsones de pobreza extrema del norte de Potosí: pocos se sustraen a compadecerles, hasta darse cuenta de que se han envilecido volviéndose limosneros de profesión.

La ayuda externa desnuda que el discurso para remontar la pobreza y que Bolivia deje de ser pordiosera, es poco más que blablá de charlatanes de feria. Uno, porque los vaivenes políticos causan extremos risibles, como que un embajador de tres años de estadía en La Paz tenga que presentarse a cinco presidentes. Dos, porque si bien Bolivia es endémica de consultoritis, mal que colmata anaqueles de ministerios hasta que alguna ‘movilización social’ quema las oficinas, descuida la ponderación de la calidad de ayuda de los distintos países. Unas son una subvención disfrazada de sus gobiernos al empleo de sus técnicos y las ventas de su industria. Otras construyen primorosos hospitales, producto de cooperación que desconfía de contratistas de gato por liebre, hasta que las obras se deterioran por falta de mantenimiento. Hay también ayuda canalizada a través de ONG’s, cuyos agentes viven en Bolivia activismos subversivos que en sus países los tendría a buen recaudo. Más aún, hay cooperaciones de dinero de libre disponibilidad para gobiernos de turno, como los óbolos para cubrir el déficit fiscal: son transfusiones de suero para revivir a un desfallecido gobierno con raquitismo extremo, pero donde el líder vocifera como si el país fuera campeón olímpico de pentatlón en poderío económico.

Para muestra basta un botón y la ayuda holandesa es el mejor ejemplo. No es por la importancia de Bolivia en lo político, que el Reino de Holanda tenga en La Paz una embajada más grande que la de Buenos Aires o Washington. En montos de ayuda, está la suya entre las primeras: es la cooperación más solidaria y desinteresada que existe. Solo pide que el gobierno boliviano presente sus proyectos para financiar los recursos.

Qué mayor prueba de que este sea un gobierno de emborracha-víboras, que en 7 meses de gestión no hayan presentado un solo proyecto. Uno solo. Expresaron su interés en plata para el PLANE, esquema carente de temple estructural que no mejora ninguna condición de vida, al repartir salarios mínimos entre allegados políticos, vigentes y potenciales, para que carguen piedras o barran plazas sin ton ni son.

La dejadez de los charlatanes de feria me hizo pensar en el zar Pedro el Grande. Durante su reinado, Rusia se convirtió en gran potencia europea, en parte debido a la introducción de muchas ideas y prácticas científicas, tecnológicas, culturales y políticas de Europa occidental. Para crear la primera flota rusa y disputar exitosamente a Turquía el control del Mar Negro, el zar se despojó de aires imperiales y marchó a trabajar de carpintero en los astilleros, de grumete en los barcos, en una Holanda que era entonces, y es hoy, una avanzada de la tecnología naviera. En sus viajes, persuadió a unos 900 artesanos, artistas, técnicos y otros expertos para que emigraran a Rusia. Más tarde, envió a muchos jóvenes rusos para aprender técnicas militares y comerciales europeas.

Holanda es un país del que pudiéramos aprender que el bienestar económico depende de la producción y del conocimiento. Su agricultura intensiva y orientada a la exportación debiera ser emulada en el altiplano y los valles, en vez de invadir tierras y reservas forestales en el oriente para sus excedentes de población sin tierra. Dado que los Países Bajos son expertos en energía, tanto eólica como de gas natural, en vez de aplazarse el gobierno por su falta de proyectos, ¿por qué no mandar cien jóvenes a especializarse en Holanda en ciencia y tecnología? Queremos puerto para Bolivia sin saber operar ni una grúa portuaria, ¿por qué no capacitar ‘originarios’ en ramas técnicas, en vez de que sean chóferes de camión?

Pero no. Prefieren la limosna para pasar de raspapinchete la crisis anual del déficit para gastos corrientes. Eso sí, los emborracha-víboras son eficientes en operativos de intervención a empresas extranjeras, pero bobos al suponer que evidencias de afiebrados desfalcos al Estado estarán sobre los escritorios. Son doblemente necios en montar un show de tal calaña, cuando acaban de publicar fotos de la visita del vicepresidente García Linera al presidente brasileño, dizque volcando la página y limando asperezas con Brasil, después del operativo militar a Petrobrás el 1 de mayo pasado. Menos mal que Lula no es impulsivo como yo, que juro que hubiera dispuesto la inmediata expulsión del enviado boliviano, previo baño de alquitrán y de plumas.

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