Imposturas étnicas y dos visiones de país

Al final, son dos visiones de país las que dividen a los bolivianos hoy en día. Una orientada al mundo exterior, a trabajar y producir, con rasgos buenos y otros que merecen mejora. La otra visión pregona cambios, pero no es más que una involución étnica que disfraza la toma del poder por bloqueadores, avasalladores, tapiadores y huelguistas, que llevará a 20 años más de frustración nacional.

No sé si fue porque mordisqueaba un Vargas Llosa cuestionando cuándo se jodió el Perú en Conversación en la Catedral, pregunta apropiada a la Bolivia de siempre. Quizá tuvo que ver la fantasmagoría de Emir Kusturica reseñando la desintegración yugoslava en su premiado film Había una vez un país. Algo me hizo el ensayo de un argentino que se preguntó un ‘qué será, será’ (cantado por Doris Day) sobre si será Brasil, Chile, Perú, o el malo de siempre, que era Estados Unidos y ahora será Venezuela, que mandará los cascos azules si se arma la gorda en Bolivia.

O tal vez fue que en un ágape aclaré por enésima vez, ésta ante una audiencia de camaradas milicos, que soy camba y qué. Que ser beniano no me hace camba bueno, comparado con los dizque separatistas crucos: ¿acaso se diferencia en escala de bueno o malo entre collas orureños, paceños, potosinos o cochabambinos? (aunque alguna vez, para cobrar chuscadas de mis amigos cochalas, sugerí la bomba neutrónica que aniquila a la gente pero no a las flores, como solución para mi Cochabamba hermosa y conflictiva).

La cosa es que recordé la angustia de mi amigo Willi Noack, alemán que ni es boliviano de nacimiento, pero vale más que mil ‘originarios’. Tenía su núcleo en el tongo disgregador de la ‘Bolivia india’, que le hizo escribir varios artículos desguazando el tema. Uno, percibió la frialdad de quienes consideran una afrenta a su albo pedigrí, referirse al mestizaje de la abuelita de tipoy o de pollera que la mayoría de bolivianos ocultamos en el closet, junto con el hermano opa del tercer patio. Dos, recibió la hostilidad de etnófagos gobiernistas, esos de mano aguada de barniz en conceptos como raza, etnia, cultura y aculturación, que se embriagan con milenarismos infantiles de pachacutis e involuciones a utopías ilusorias de 500 años atrás.

La madre del cordero parece ser un error del Instituto Nacional de Estadística (INE), no sé si premeditado, en el que se obvió la categoría de mestizo en responder a una pregunta sobre la identificación indígena de los bolivianos. Ante tal gafe, las blancas como leche de Santa Ana del Yacuma se identificaron como movimas, grupo indígena que les enaltece. Y cholitas de ojos verdes de Cliza aparecieron como quechuas.

Vaya y pase, son comunes los errores por sesgo de respuesta en las encuestas y censos. Otro del Censo es el ‘nivel de educación’, en el que muchos proclaman que son universitarios, sin diferenciar de quien se aplazó en vestibulares de uno que obtuvo un doctorado en Oxford. Lo que agrava la omisión en cuestión, que no sé si subsanará el INE mientras sea botín de guerra del mandamás de turno, es que apareció por arte de magia un 62% de bolivianos como indígenas. Y es una falacia que el gobierno actual utiliza en postulados políticos etnocentristas de corte aymara.

Más aproximada a la verdad que la del Censo del INE, es la que demuestra una encuesta de Mitchell Seligson, con rigor estadístico y cuestionarios expuestos, que el 72% de los bolivianos “manifiestan que el castellano es su idioma materno, mientras que sólo el 15% afirma que es el quechua y el 11% que es el aymara.” O sea que 72% es mestizo. Como dice mi cumpa Willi, “la brecha en Bolivia no existe entre indígenas y no-indígenas sino entre pobres y ricos. Hay exclusión pero también hay autoexclusión cuando una persona no se esfuerza para superarse. Hay un egoísmo tonto de grupos que actúan bajo el lema de hacerse ricos sea como sea y si fuese necesario con corrupción.” O chantaje.

Es momento de pelear por el respeto a los dos tercios para aprobar incisos de la nueva Constitución, como establece la Ley de Convocatoria a la Asamblea Constituyente. Vale la pena machacar que otra pulseta es la peregrina declaración de ‘originaria’ a la Constituyente, que oculta el totalitarismo étnico.

Miren a Colombia, de la que nos diferencian apenas 100.000 Km2, 30 millones de habitantes y una guerra interna: sigue siendo una pujante nación que vive feliz con su diversidad. ¿Se le ha ocurrido a un alucinado chibcha dividir políticamente el país en las 70 etnias que lo habitan? Me late que los estereotipos de bogotanos versus caleños versus costeños y todos ellos contra los pastusos, son más fuertes aún que los prejuicios de collas y cambas.

Sin perjuicio de transitar de lenguas indígenas maternas al español al escolarizar, en la educación en países hispanoamericanos progresistas mandan el español como lengua común adentro, el inglés como lengua franca afuera, y enseñar la computación que define los nuevos analfabetos. Porque hoy la civilización exitosa del planeta tiene un idioma basado en dos signos: el alfabeto digital. Empobrecen los países que no acceden al conocimiento porque son iletrados en el idioma binario de la economía del mundo. Y punto.

¿Cómo digerir la diversidad de 36 conglomerados étnicos de las propuestas de división política del gobierno actual, si ni podemos tragarnos como cambas, collas y chapacos? Pero la pregunta del millón es si tiene sentido dividir Bolivia de modo que no se pueda llegar a soluciones de compromiso en el marco de la ley. Ese consenso que de dientes para afuera proclama el gobierno en la Constituyente, mientras en los hechos está empeñado en imponer un predominio etnocentrista a un ser boliviano en fragua, que no es ni indio ni blanco. Como concebía José Vasconcelos, es mestizo latinoamericano de la raza cósmica: variante boliviana.

Al final, son dos visiones de país las que dividen a los bolivianos hoy en día. Una orientada al mundo exterior, a trabajar y producir, con rasgos buenos y otros que merecen mejora. La otra visión pregona cambios, pero no es más que una involución que disfraza la toma del poder por bloqueadores, avasalladores, tapiadores y huelguistas, que llevará a 20 años más de frustración nacional.

Etiquetas: , , , ,


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.