Uno de los logros de este gobierno, atribuible a Evo Morales, es haber puesto al país en el mapa de un mundo. Pero es deplorable que en su afán de copar el poder totalitario, el presidente Evo Morales sea también imputable de enfrentar a los bolivianos. Y a la vuelta de hoja de lograr una corta prórroga de privilegios en el comercio con EEUU, incurrir en bellacadas como picar a la pata del elefante, de paso hiriendo en el pie a los esforzados promotores bolivianos del turismo, industria sin chimeneas donde el país está bastante rezagado.
Imaginé el contexto en que al presidente Evo Morales se le ocurrió la idea de requerir visas a ciertos países, dizque a título de reciprocidad. Quizá fue en un partido de fulbito en que siempre gana por goleada ante defensas complacientes, donde al frente, a la izquierda estaría el “canalla” Contreras y como back derecho, el “culebrero” Quintana. El guardavalla perforado como coladera sería el vicepresidente, a quien de último se le ha dado por ser futbolero en su léxico, quizá por salir de su torre de marfil de 25.000 libros o de la ciénega de arengas de fusil oculto bajo el poncho rojo: sacar rédito siendo populachero y ponerse al oligofrénico nivel educativo de sus montoneras.
Pobres los negritos de algún país africano, que en vez de matarse a machetazos querían venir a conocer Bolivia, donde los cocaleros matan a machete y el mundo sigue andando. Tronaron los miles de algún país en la bella costa adriática, que deseaban aspirar los enrarecidos pero fragantes aires del río Choqueyapu. Los más sufridos fueron los gringos: me imagino que el presidente llamó al padrino locuaz en Caracas y al abuelito enfermo en La Habana, dando cuenta de su hazaña para joder al imperialismo yanqui, que me extraña que no sacudió la Bolsa de Nueva York.
Lo que sí ha temblado es el sector turístico del occidente del país. Vivía de rebalses del flujo millonario de turistas al Cuzco y Machu Picchu: cruzaban el Lago Titicaca y visitaban Tiahuanaco, La Paz, el Salar de Uyuni y Potosí. En el invierno septentrional, con la adrenalina en ebullición por el paisaje, la altura que quita el aliento y el peligro de muerte en algún lugar recóndito, los más intrépidos cargaban mochilas a Sorata, al Parque Madidi o a la tumba de Butch Cassidy y el Sundance Kid en Tupiza, famosa desde el film protagonizado por Paul Newman y Robert Redford.
Me imaginé que “no sea puej burro, señor Presidente”, es lo que diría al respecto el camba Florencio, personaje folclórico de Santa Cruz conocido por no tener pelos en la lengua. Eso de ser hormiguita picando a la pezuña del mastodonte no friega a los cambas autonomistas, algo que pareciera ser un pilar de su política interior. No serán afectadas las familias que cada fin de semana hallan solaz en viajar al hospitalario entorno rural oriental. Menos todavía sufrirá el flujo de turistas argentinos y brasileños que visitan Misiones Jesuíticas en la Chiquitania. Tampoco habrá bloqueos a ese Gstaad camba en Samaipata, refugio del calor en alturas con fortaleza incaica de yapa, una que diligentes cruceños hicieran reconocer como Patrimonio de la Humanidad muchos años antes que Tiahuanaco.
Eso sí señor Presidente, diría el camba Florencio, tiene usted bailando de una pata a felices empresarios turísticos de Perú, Argentina y Chile. Hacer de plomerito poniendo un tapón al flujo turístico al exigir visa a gringuitos, no afecta la cañería de 4″ que fluye turistas al Perú, que ya tenía reducción a 1″ para entrar al occidente boliviano. ¿Nadie le sopló que el 68% de turistas hacia Sudamérica son de EEUU y Bolivia sólo recibe el 20% de los que llegan al Perú? ¿No le informaron que el gasto promedio de un turista de EEUU es 3 veces mayor que el de cualquier otro turista? Ahora, con su tapón de visas, son 71.462 turistas estadounidenses que irán a los países vecinos con su aporte de $40 millones y su crecimiento de 10% anual.
Si empresarios turísticos vecinos bailan en una sola pata de contento, sus pares bolivianos han quedado cojos con el disparate de romperles la pata con las visas, señor Presidente. Iluso es el mandamás de “5 Provincias Unidas en Ecoturismo”, que pretendía incorporar 300.000 ciudadanos a los beneficios directos e indirectos del turismo. Más tropeles de muertos de hambre formarán las 200.000 familias que viven del turismo en forma directa. Habrá arado en el mar de la estupidez gobiernista, el promotor de adecuar rutas precolombinas al ecoturismo, mediante la “Ecovía Chuspipata-Coroico”. Si de por sí causa sorna la afectación de los organizadores del Carnaval de Oruro, por la abundancia de superlativos como “grandiosidad”, “el más grande del mundo”, “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad”, causará hilaridad que los menguados turistas que vendrán serán chilenos: a copiar vestimenta, música y coreografía para llevársela a su país, adonde recalarán los turistas gringos sin visa.
Pero la carcajada mayor la provocan los adulones que se apresuraron con sus cataplasmas y apósitos de llunquerío a restañar la herida que causó la bobada de las visas. Tan impulsiva parece haber sido la medida del 1 de enero, que el Canciller informa que recién a partir de marzo próximo regirá el decreto, toda vez que no existe reglamento ni los oficiales pertinentes están capacitados. El viceministro de Turismo, que no debe conocer lo que implica llegar desde Oregón, Utah o Nevada hasta el consulado de Bolivia en San Francisco, hace alarde de que el país tiene 13 consulados en la inmensa geografía de EEUU, a cuyos funcionarios también habrá que entrenar, más aún si son “originarios”.
Nadie puede negar que uno de los logros de este gobierno, atribuible a Evo Morales, es haber puesto al país en el mapa de un mundo donde -es menester reconocerlo- Bolivia era tan conocida como Calisto, la segunda mayor luna de Júpiter. Pero es deplorable que en su afán de copar el poder totalitario, el presidente Evo Morales sea también imputable de enfrentar a los bolivianos. Y a la vuelta de hoja de lograr una corta prórroga de privilegios en el comercio con EEUU, incurrir en bellacadas como picar a la pata del elefante, de paso hiriendo en el pie a los esforzados fondistas bolivianos en la carrera de vallas por promover el turismo, industria sin chimeneas donde el país desde ya está bastante rezagado.
Etiquetas: Anomia social, Economía boliviana, Evo Morales, Relaciones con Brasil, Relaciones con EEUU, Turismo