Un reciente editorial tipifica las metidas de pata en el tema petrolero, como producto del difícil dilema entre escoger en base a la lealtad política o la capacidad técnica. Verdad es que la afinidad política ha sido privilegiada por el presidente Morales en el primero y el tercero de los mandamases del nuevo YPFB, ahora defenestrados. ¿no es tiempo que el gobierno se saque la careta de nacionalismo ficticio y opte por una juiciosa amalgama de técnicos nacionales y asesores extranjeros?
Después de una tenida con camaradas de la Promoción Reconquista del Colegio Militar de Ejército, adivinen el reconquistar marino al que se refiere, que hoy se busca lograr con zalamería, llegué a la triste conclusión de que se conoce poco de las culturas allende los Andes orientales. Que es escaso el conocimiento de la Bolivia tropical en quienes gobiernan este país todavía andinocéntrico y centralista. Empecé entonces a pergeñar unos apuntes con fines didácticos, en el empeño de mejorar la comprensión mutua entre collas y cambas, chapacos y yungueños, chaqueños y amazónicos, en esta patria que seguirá siendo una de republiquetas, mientras no sea domada su abrupta geografía, no se la entrelace de carreteras para vertebrarla, y no se la pueble de gentes para paliar su escasa población.
Me disponía a perorar sobre el ciclo de inundación y sequía en los Llanos de Mojos, en Sudamérica segundos en tamaño al manchón de sabana de Venezuela. Evocar al profesor William Denevan, a quien visité en Berkeley hace más años de los que quisiera confesar. Y argüir a prejuiciosos collas e incrédulos cambas que los cacicazgos en Mojos alcanzaron niveles similares en sofisticación a sus equivalentes aymaras en Pacajes y Carangas. Revelar que los aborígenes mojeños -¿a ‘aborigen’ se refiere el tan mentado ‘originario’ de hoy en día?-, lograron una organización social y refinamiento tecnológico, que les permitió domeñar un medio geográfico hostil, caracterizado por un ciclo alternado de inundación y sequía en suelos paupérrimos. Ya quisiéramos hoy en un inundado Beni, tener la tecnología de canales y lomeríos fertilizados con febril tarope (jacinto de agua), en vez de dádivas interesadas del enmascarado de plata venezolano y su ayudante, el presidente ‘indio’ boliviano (que en la tira cómica se llamaba Tonto).
Entonces recordé en que en su obra sobre la geografía cultural de los Llanos de Mojos, que no es solo la provincia de dicho nombre sino casi todo el Beni actual, Denevan se benefició de fotos aéreas de compañías extranjeras explorando hidrocarburos, al calor de incentivos del Código Davenport del petróleo (1956) -un cuerpo de disposiciones que fue elaborado por gringos, igual que los contratos petroleros del despelote actual en YPFB. Qué caray, el que sabe, sabe; lo demás son niñerías, o mejor dicho, cosa de Rugrats.
Y debo confesar que no sabía de los Rugrats, siendo uno amamantado en la creatividad de tiras cómicas desde Patoruzú hasta Los Agachados, desde Charlie Brown hasta Los Simpson, al extremo de que como columnista me identifico con uno de los viejitos gruñones de Los Muppets (¿el otro será Manfredito Kempff o quizá Cayetano Llobet?)… Para los que no lo saben, los Rugrats o ratas de alfombra, que como suena mal tradujeron como Aventuras en pañales, es una serie de televisión de las peripecias de unos bebés. Quizá sus caricaturas me parecieron demasiado feas: jugué a Herodes degollándolas con el mando a distancia, que es como los españoles nombran al terremoto, que a su vez es como mi suegra, movima ella, llama al control remoto, tomen nota señores de la Nueva Gramática del idioma español.
Sea lo que fuere, ¡cuán acertado el calificativo de Rugrats a la patota presidida por Manuel Morales Olivera! Así como los bebés aventureros filmaron Los Rugrats van a París, encontré natural que se haya fotografiado la saga de su versión boliviana en playas cubanas, aún con la guarangada de enterrarse en arena con falo fantasioso de por medio. Pero algo olió mal en Varadero. Vaya y pase si tal crucero fue un junket -que es como en inglés llaman a los viajes de placer con cargo a billetera interesada, en especial de políticos a expensas del erario nacional: ¿acaso no lo son la mayoría de los viajecitos de congresales a eventos en el extranjero? Donde la cosa pringó fue en viajar a Cuba, que es tan petrolera como Kuwait es potencia en reservas de agua dulce, so pretexto de aprender de fiscalización en el tema de hidrocarburos. Quizá por ello los contratos con las empresas petroleras han sido tan pifiados, chamboneados y extraviados, cual si fuesen travesuras de bebés aventureros u obra de imberbes novatos.
Un reciente editorial tipifica las metidas de pata en el tema petrolero, como producto del difícil dilema entre escoger en base a la lealtad política o la capacidad técnica. Verdad es que la afinidad política ha sido privilegiada por el presidente Morales en el primero y el tercero de los mandamases del nuevo YPFB, ahora defenestrados. Ahora que es de dominio público que los que diseñaron los contratos petroleros no fueron rugrats prematuros, sino gringos avezados de Houston, capital mundial del petróleo, ¿no es tiempo que el gobierno se saque la careta de nacionalismo ficticio y opte por una juiciosa amalgama de técnicos nacionales y asesores extranjeros? Si se sospecha que brasileños, españoles, argentinos o venezolanos pudieran tener sesgos por intereses creados, ¿por qué no buscar ayuda en Holanda, Noruega o Canadá?
Ante los embates de una prensa que al informar poco tiene que alabar, y lo alaba, y mucho más tiene que criticar, y lo critica, las poses de perseguido del presidente Morales dan mala espina. Al final, la afinidad política en escoger colaboradores contiene dosis de nepotismo, en este gobierno como en todos. Porque aunque denueste la corrupción un presidente Morales hecho al límpido, ¿acaso el clan familiar de los Morales de La Paz, no es también replicado en otro del Monumento Nacional de Orinoca, como en el caso del Morales Ayma que figura en planilla oficial como “Profesional 2 en Saberes Originarios”? Los que no tienen la suerte de tener vínculos con clanes de privilegiados, ¡pues a pagar la tarifa de avales políticos para conseguir una pega, o a mandarse a mudar a limpiar inodoros en España!
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