Réquiem para el Lloyd

Qué van a entender de valores intangibles los resentidos del gobierno, que alguna vez vivieron del Lloyd y hoy se empecinan en ponerle la cruz con medias verdades de millones que tendrían que cargarse al pueblo boliviano. Tal vez más les interesa servir al padrino de petrodólares venezolanos en algún otro proyecto afiebrado, como una línea aérea bolivariana, para desplazar a un Lloyd digno de mejor suerte.


¡Quien tuviera la memoria para evocar todo lo que el Lloyd Aéreo Boliviano, el Lloyd a secas para los que le quieren, significa para la mayoría de ciudadanos arriba de los 30 en Bolivia!

Para mí, el Lloyd significó un guapo tío Herbert a cuya emulación debo mis bigotes, que cuando yo era niño llegaba a mi nativa Riberalta en uniforme de piloto, aroma de lavanda inglesa y sabor de chicle Adams, y me llevaba a ver una película bajo el dosel de las estrellas. Murió con 27 otros, entre pasajeros y tripulantes, en vuelo procedente de Camiri que se despanzurró en la cima de un cerro cercano a Sucre: le falló el altímetro por pocos malditos metros.

Para los benianos, el Lloyd evitaba tener que remar río arriba hasta las Juntas de San Antonio, como antes se llamaba Villa Tunari, luego trepar a lomo de mula la cuesta de Wakanqui, (donde lloraron al enterarse de la muerte de Atahualpa y dicen que enterraron el aporte para pagar su rescate); luego bajar hasta Cochabamba, como hicieran 6 hermanos uno de los cuales era mi suegro, empecinados en ir de voluntarios a defender la patria en los tuscales del Chaco.

Para muchos, implica recordar que perdidos los puertos del Pacífico y desdeñados los ribereños por la miopía centralista y andinocéntrica, el Lloyd fue una marina mercante de pistas de aterrizaje y navíos aéreos vertebrando el país y vinculándole con el exterior. Porque antaño había vuelos en inusuales rutas como Camiri-Sucre, Todos Santos-Guayaramerín, Santa Cruz de la Sierra-Sao Paulo, más con el bien público en mente que por un mero afán de lucro.

Para los pocos beneméritos que languidecen por ahí, el Lloyd es recordado porque fue también marina beligerante durante la Guerra del Chaco. Sin sus trimotores Junkers Ju 52, buena parte de los pertrechos necesarios en el frente no hubieran podido ser abastecidos. Chorolque, Juan del Valle, Illampu, Llallagua, fueron nombres de naves donadas por Simón I. Patiño, junto con toneladas de material de guerra. Sé de esto, cuenta un amigo, porque mi padre, cajero del ejército, volaba en monomotores y se acercaba al frente para pagar a la tropa, y al retornar traía a los heridos a los que no se les podía atender en las trincheras: uno de ellos fue un tío al que le salvaron el brazo derecho casi cercenado.
Yo no sé en qué terminará el intríngulis. Como dice mi amigo Arturo Galindo, sus viejos pilotos y técnicos lloran sangre por la tragedia, de la que culpan a políticos chupasangre, dirigentes sindicateros, empresarios pillos y “expertos en aeronáutica” que desangraron a la empresa. También tuvieron parte algunos tripulantes rateros hasta del café de los aviones, duplicando costos de operación. Sindiquen a los capitalizadores que no eran ratas de alfombra sino hienas, que viajaron en angurrienta delegación a Corea, para “negociar” la operación, y que fueran despreciados y despachados de vuelta, porque habían prescindido, torvos, de ser acompañados del representante en Bolivia de la aerolínea. Apunten también a la aristocracia sindical que saboteó a la empresa: días antes de la apertura de sobres para su capitalización, asustaron a la decena de aerolíneas, algunas de renombre, que demostraron interés comprando por miles de dólares el pliego de especificaciones; todas se corrieron, temerosas de la inseguridad que suscitó una huelga salvaje, que en inglés llaman wildcat -gato salvaje- porque araña y muerde a todo el mundo con tal de chantajear logros de su interés.

Son los que pusieron la alfombra roja a bandeirantes brasileños que se hicieron de la empresa mediante decreto de excepción, que compensaron gastos de coimisiones saqueando al Lloyd al vender sus equipos, repuestos y agencias. Que entre gallos y media noche salvaron responsabilidad al transferir el Lloyd a vivillos bolivianos que prestidigitaron papeles e hicieron el truco de reducir el valor de la empresa de 50 a 2 millones de dólares.

¿Qué vale el Lloyd para Bolivia? Vale la historia de casi un siglo  volando los cielos, la segunda empresa aérea más antigua del continente. Vale las camadas de excelentes pilotos y tripulantes, que hicieran posible una de las aerolíneas más seguras del continente, quizá por ejercitarse en esta patria de cimas andinas que desafiaban a los altímetros, de valles y yungas inmersos entre serranías chúcaras, de pampas inundadas como espejismos de océanos en enero, que fueran humedales moteados de lomeríos gigantes de hormigas prodigiosas en agosto. Induce a ponderar a los mecánicos bolivianos, que sin los medios necesarios, reparaban los aviones con el ingenio de alambritos por aquí, limaduras por allá, hasta que a los directivos se les ocurrió ganar con la infraestructura de reparación de naves, en la que los técnicos demostraron su destreza. Finalmente, están las lucrativas rutas otorgadas al Lloyd, no poco por la situación mediterránea y la pobreza bolivianas. Son valores intangibles tan reales como los activos de una empresa, que valen más que la deuda del Lloyd, mucha de ella recuperable.

Pero ¿cómo rescatar el activo humano capacitado en la excelente escuela del Lloyd? Media centena de pilotos negocian o han sido reclutados con sueldos de miles de dólares, para volar en cielos de Qatar, Singapur y Centroamérica. Decenas de trabajadores quizá no hayan emigrado porque esperan la resolución de veintenas de litigios laborales de bonos, cuyo pago terminará de matar al Lloyd.

Más aún, qué van a entender de valores intangibles los resentidos en el gobierno, que alguna vez vivieron del Lloyd y hoy se empecinan en ponerle la cruz con medias verdades de millones que tendrían que cargarse al pueblo boliviano. Tal vez más les interesa servir al padrino de petrodólares venezolanos en algún otro proyecto afiebrado, como una línea aérea bolivariana (LAB), para desplazar a un Lloyd digno de mejor suerte.

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