Sesgado protector de la verdad

Vaya  mi voz de alerta, por los síntomas de que avanza la enfermedad totalitaria en el gobierno de Evo Morales. En otro tiempo fue la Internacional Comunista, costeada por la Unión Soviética; hoy es el Bloque Regional de Poder Popular, financiado por petrodólares venezolanos, y fundado en el 1º Encuentro de Pueblos y Estados por la Liberación de la Patria Grande, que se realizó en Sucre, Bolivia, en octubre del 2006.

Algún amigo criticó que empiezo con una cosa y termino con otra; otro que imito la prosa de James Joyce, enrevesada para algunos. Ni me defiendo del uno echando la culpa, soberbio yo, a sus limitaciones de comprensión de lectura; ni del otro, Dios me libre, hinchándome como sapo con la emulación de monólogos interiores del irlandés autor de Ulises. Pero la verdad es que empecé esta nota advirtiendo de nuevas engañifas a guisa de nacionalización, esta vez en el sector de la minería. Tendrá que esperar.

Porque en la mañana cuando apenas se habían disipado los humos y los humores del festejo del Día del Periodista, me topé con un aviso en dos tercios de página, sobre el 5º Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, subtitulado En Defensa de la Verdad y Contra la Manipulación Mediática, a realizarse en Cochabamba.

No era primera vez que me enteraba de su existencia. Refiriéndose a “la precondición para realizar la alianza estratégica entre los movimientos sociales y los gobiernos latinoamericanos”, ya Heinz Dieterich, melodramático ideólogo del socialismo del siglo XXI en que se apoyan Hugo Chávez y su ahijado Evo Morales, remedando el lenguaje de esa revolución cultural que le costara 20 años de atraso al coloso chino, sentenció que “ante la amenaza oligárquica-imperial de hundir a América Latina una vez más en su sangrienta noche de terror, el grupo En Defensa de la Humanidad era ‘sectorial-elitista’. Las citas están en su librito Cómo proteger la Revolución Boliviana de un golpe militar, que con primorosa carátula con fotos de Salvador Allende, Evo Morales y Hugo Chávez (el primero se debe estar revolcando en la tumba de bronca), es modelo de cómo engrosar el currículum de autor con una obra que es 99% cháchara política de idiotas latinoamericanos y 1% de una noticia inventada: que el 11 de octubre del 2006 hubo un amago de golpe militar en Bolivia. ¿Alguien se enteró?

Volviendo al Encuentro del 22 de mayo en Cochabamba, como en las pólizas de seguro, la letra chica me devolvió al mundo avieso. El crédito se lo atribuía una Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, Capítulos Cuba, Venezuela y Bolivia. ¿Qué más dirigido que el auspicio de Venezuela y su estatal de petróleos, PDVSA? Socio menor, risiblemente chato, es ese aliado circunstancial del Gobierno, el alcalde de Cochabamba, al que la ideología no le une a Evo Morales, pero es ejemplo olisqueado del apotegma de que el enemigo de tu enemigo es tu amigo.

Suena a burla que Cuba, Venezuela y Bolivia sean países de avanzada en cuanto a la defensa de la verdad y en contra de la manipulación mediática. En la isla castrista escasea la libertad de expresión; es controlado el acceso a la información, empezando por ser restringida la Internet, una suerte de nacionalización o, mejor dicho, globalización democrática de la información.

En Venezuela el derecho de la libertad de expresión está bastante aporreado. En el rápido tránsito de Hugo Chávez hacia el poder absoluto, sin fundamento legal ni técnico, la clausura de Radio Caracas Televisión (RCTV) al no renovar su licencia, es castigo del régimen por ser voz crítica. Viene acompañada de amedrentar y agredir, cuando no atentar criminalmente, a voces y medios que no marcan el paso con postura editorial sumisa.

En Bolivia ya se advierte el calco del esquema caribeño, con la sistematización de un irrespeto que, seamos hidalgos en reconocer, fue también defecto de gobiernos anteriores. Pero con el \’a Dios rogando y con el mazo dando\’ de los mandamases de hoy, de sus loas a la libertad de prensa mientras en la práctica la mellan, sólo en Santa Cruz ya alcanzan a 15 los incidentes de agresiones físicas y verbales a los trabajadores de la prensa; ¿cómo olvidar a los rabiosos pirómanos de la Prefectura de Cochabamba, atacando a golpes a sufridos reporteros y camarógrafos que cubrían la noticia de sus desmanes?

Vaya pues mi modesta pero estentórea voz de alerta, por los síntomas de que avanza la enfermedad totalitaria en el gobierno de Evo Morales. En otro tiempo fue la Internacional Comunista, costeada por la Unión Soviética; hoy es el Bloque Regional de Poder Popular, financiado por petrodólares venezolanos, y fundado en el 1º Encuentro de Pueblos y Estados por la Liberación de la Patria Grande, que se realizó en Sucre, Bolivia, en octubre del 2006.

“Qué cosa fuera, la maza sin cantera”, canta Silvio Rodríguez, y la piedra de apoyo está siendo cincelada a través de electoralistas argucias mañosas, como incentivos a la carnetización, o el fraude de digitalizar registros de identidad por militantes del partido de gobierno. El lavaje cerebral propio de regímenes totalitarios se obtiene con propaganda masiva, instrumentos de la cual son la recién inaugurada Red de Emisoras Originarias, la futura red de televisoras también gobiernistas, y la compra de algún medio escrito que se rumorea.

Falta atraer a sectores medios de cierta ilustración, veleidosos pero fácil de convencer o ‘incentivar’. Se les necesita para que compongan loas a lo ‘social’ que mueve masas, en detrimento de lo ‘económico’ que crea empleos. Que la palabra abunde en falacias o medias verdades que denuesten a la oligarquía, el neoliberalismo, las transnacionales y al pulpo imperialista, a los que hay que culpar de todos los males.

Apuesto a que el encuentro de intelectuales y artistas será sesgado protector de la verdad oficialista, enemigo de la manipulación de medios salvo si conviene al Gobierno, dócil cónclave de adláteres del populismo camino al totalitarismo. Queda sólo la preocupación, ¿o será la esperanza?, de que como escribió un Simón Bolívar empeñado en liberar la América del Sur, “los sistemas enteramente populares, lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina”.

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