Del mensaje de 4 horas del Presidente quedan los bostezos y la certidumbre de que el rasgo principal de su gobierno es el conflicto, tanto por su intención totalitaria, como por socapar ‘movimientos sociales’ de reivindicaciones sin fin. Es pulseta que no cesará con buenas intenciones y edificantes reflexiones.
El 6 de Agosto, después de prender una escarapela en el pecho, me puse a escuchar una selección de kaluyos y pasacalles de Los Kjarkas, música boliviana donde lo quechua es amasijo con lo español, cual caramelo de chocolate y leche. Luego llegó el periódico. Soy hombre de mapas: pegué con esmero el adjunto de la red fundamental de caminos en país invertebrado, a tiempo de reforzar la esperanza con los mensajes de unidad en la diversidad, que se transmitían en el cumpleaños de Bolivia.
Entonces resbalé en el homenaje a la patria del Presidente. Y caí de bruces, que quiere decir con la jeta al suelo, con su alocución de casi 4 horas en Sucre. No discierno si tamaña catarata fue penosa imitación del locuaz Fidel Castro o del palabrero Hugo Chávez, o si fue motivada por temor a denuestos sucrenses, que afuera de la Casa de la Libertad se proferían al que siendo presidente de todos los bolivianos, aymara que es, se enroló al bando paceño respecto a la capitalidad. Quedó claro el parecido de Evo y Álvaro con la mano al pecho y el puño izquierdo en alto, a rancios líderes estalinistas de Corea del Norte.
Desperté de mi ensueño patriótico a colación de mentiras y medias verdades que motean el discurso oficial. Como esa de que todas las medidas del gobierno, “estuvieron destinadas a buscar la unidad en la diversidad”. Que lo diga la whipala flameando en el mástil mayor de Warisata, algo que no se aceptaría de ningún unionista en la hospitalaria Santa Cruz; que es tirada a mientes por el aferramiento a la ridícula noción de 36 ‘naciones’ en Estado centralista y oclocrático que propone Evo Morales.
O el incremento minúsculo del salario mínimo, tomadura de pelo con la inflación y el aumento mayor de los precios de la canasta familiar. Indujeron a creer en la austeridad con la homologación de sueldos a montos menores que el presidencial; es un engaño que desmienten los frecuentes viajes dentro y fuera del país, apalancados por la chauchera de petrodólares venezolanos.
Con la cháchara de la nacionalización de hidrocarburos se oculta la paralización de las inversiones en el sector. Ni sagacidad ni humildad son cualidades en el líder cocalero, cuya pose con las petroleras es tan necia, que evoca a uno que pide plata prestada de otro al que cada día insulta de ladrón y amenaza de confiscación. La solución, ¡oh prodigio!, es un periplo presidencial a Irán, Argelia, Libia y otros países árabes que incentivan a desarrollar sus propias reservas, no a invertir en el desarrollo del gas de uno donde cuatro gatos cierran las válvulas de los gasoductos cada rato.
Si “de la política neoliberal heredamos un Estado mendigo”, ahora somos un país manguero. La cobranza de los favores de Hugo Chávez, que permiten viajar adonde sea en helicópteros y aviones ajenos, gozando de millones en gastos reservados dizque proscritos, se expone cada vez que el dictador venezolano se campea por su feudo. ¡Bolivia soberana, no venezolana!, gritaba la gente en Sucre: dan cuenta de que se ha transitado de país dependiente de EE.UU., a protectorado venezolano con aval ideológico cubano.
Da vergüenza que sean tan ilusos, al pensar que la risa nerviosa de la presidenta Bachelet con alguna ocurrencia simplona de su homólogo boliviano, dé para augurar una y otra vez que el mar recuperado está a la vuelta de la esquina. Ya son dos cónsules generales defenestrados en Santiago de Chile. A ellos se suma el papelón de Evo Morales, que viajó a Lima a romper el nudo gordiano del tratado entre Chile y Perú que encierra a Bolivia, solo para soltar la lengua en intromisión política que le valió salir de ese país entre abucheos y críticas. Y la llave del candado de 1929 más oculta que nunca.
Cómo no, si la tónica del gobierno da vigencia al Principio de Peter, al poner en puestos claves a incapaces que alcanzan allí su mayor nivel de incompetencia. Por ejemplo, un yatiri a Canciller. Contaba un universitario boliviano en España, que tuvo que aguantar cejas erguidas y miradas de asombro de profesores y compañeros, incrédulos de las sandeces del Canciller boliviano de visita por esos lados hace algún tiempo. “Qué importa la democracia, tampoco los derechos humanos; ¡lo que importa es la Pachamama!”, había sentenciado Choquehuanca a la estupefacta audiencia de peninsulares orgullosos de avances democráticos, apareados con juiciosas políticas económicas, que han puesto a su país en sitial entre las primeras potencias económicas mundiales.
Tal vez por ser la mayoría de ellos menores de 30 años, no conocieron las sombras del casi medio siglo de dictadura emergente de la Guerra Civil Española. Igual que ese gran segmento de población de menores de 25 años en Bolivia, que poco conoce de la frustración que fuera la UDP, cercada por el ahora heroico eufemismo llamado movimientos sociales. Que no saben lo que es comprar pan con dinero en bolsas, en vez de bolsas de pan, cuando el mal gobierno de oportunistas y el chambón manejo de la economía, derivaron en una inflación sin freno y el dudoso mérito de entrar en libro de marcas, por la devaluación monetaria más grande del planeta.
De los mensajes del Presidente quedan los bostezos y la certidumbre de que el rasgo principal de su gobierno es el conflicto, tanto por su intención totalitaria, como por socapar ‘movimientos sociales’ de reivindicaciones sin fin. Es pulseta que no cesará con buenas intenciones y edificantes reflexiones.
Da para pensar en Bolivia parafraseando la rogativa a San Antonio, en la canción de Ismael Silva cantada por mi musa Gal Costa: “O Antonico, vou lhe pedir um favor, que só depende da sua boa vontade; é necessária uma viração para a Bolivia, que está vivendo em grande dificuldade, ela está mesmo dançando na corda bamba…” Aclaro que viração quiere decir inspiración, y corda bamba es cuerda floja…
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