Aunque los talegazos de Chávez tengan anestesiada la conciencia patriótica de muchos en las Fuerzas Armadas, advierto que está en curso una segunda invasión cubana en Bolivia, financiada con petrodólares venezolanos. Esta vez viene precedida de una ofensiva orientada a ganar el corazón de la gente, algo que no tuvo un Che abandonado a su suerte por Fidel Castro.
Queda en evidencia el rasero sesgado con que se mide en el régimen de Evo Morales, cuando se revisan noticias y sus reverberos en círculos oficialistas. Ahí está el rasgado de vestiduras del canciller Choquehuanca, fariseo (yatiri, en este caso), que dispuso la pérdida de representación del embajador Goldberg, seguramente doblando el brazo a Condi y al cowboy Bushi, que es como mi adulada Maureen Dowd, columnista del New York Times, se referiría a Condoleeza Rice y al presidente Bush.
Fue por una liviandad. A la pregunta de qué le parecía la propuesta de Evo Morales de mudar la sede de la ONU en Nueva York, (quizá a Teherán, Caracas o El Alto, digo yo), el embajador retrucó que no sería de extrañar que quiera también cambiar la sede de DisneyWorld. ¿Esperaban acaso que se contagiase de necedad, mintiendo diplomáticamente que la ocurrencia de Evo le parecía una genialidad de la sabiduría ancestral originaria?
En contraste, solo embobadas loas oficialistas provocó el entusiasmo bélico intervencionista del vejestorio ex guerrillero cubano alias Urbano. En la euforia de los cuatro gatos asistentes al Woodstock vallegrandino, celebrando los 40 años de la derrotada guerrilla del Che Guevara, amenazó que “si mi presidente, el compañero Fidel, me dice que venga, estoy dispuesto a volver aquí para luchar con cualquier agresor contra el gobierno de Evo”. Menos mal que el autócrata cubano está con un pie en la sepultura. Su dieta de jalea real y otros anabolizantes apenas da para prolongar su ocaso. Y no tiene a un condottieri del siglo 20, como se definiera el Che, que haciéndole sombra en Cuba, se abandonó en la estacada en Bolivia en 1967.
A menos que se trate del injerto de Hugo Chávez en pie de Fidel Castro que es Evo Morales, que ahora se declaró guevarista. Evoca al líder cubano de 1959, que encandilaba con su barba y su verba antes de declararse comunista. Pero Evo no es romántico guerrillero tumbando a sargento avieso en Cuba, aunque seduzca a contemporizadores gringos con faz de autóctono y coloridas tramoyas indígenas. Mas, a similitud de Fidel, que vendió su alma al diablo de la otra superpotencia, en el mundo unipolar de hoy Evo Morales se ha rendido a un diablillo populista de potencia de cuarto nivel, con chequera repleta de petrodólares.
Estos días, ni el martirio de Cristo merece tanto arrobamiento como la mistificación de la figura de Ernesto Che Guevara. Soy hombre de los sesenta, y confieso que adornaba mi cuarto de universitario un póster de la célebre foto de Alberto Korda, del Che adusto saliendo de una ceremonia fúnebre. Devoré sus Reminiscencias de la guerra revolucionaria cubana, además de La historia me absolverá de Fidel y sabe Dios cuántos libros y artículos, sobre un proceso político en Cuba que en su fase inicial deslumbró a muchos de mi generación.
Pero también me honro de haber hecho mi servicio militar de cadete pensionista en Irpavi, en tiempos de unas desmanteladas Fuerzas Armadas. Una en que bisoños pero bizarros oficiales, que luego fueran emboscados y muertos como patos por veteranos cubanos que acompañaron al Che en su folía boliviana, se entrenaban con piedras a lanzar granadas; a un camarada, después general de la república ahora fallecido, valiente de la campaña de Ñancahuazú, le hicieron proceso disciplinario porque la liviana a su cargo en una maniobra, fabricada en 1913 y con la Gran Guerra europea y la del Chaco en su haber, rompió la cola del disparador por cansancio del metal.
Me desmarco de los que han hecho del Che, al que respeto porque murió en su ley así fuera la de aventurero, una efigie de camiseta. Acompañé en espíritu a los beneméritos que compartieron salteñas recordando los 40 años de su victoria en la campaña de Ñancahuazú, abandonados por su Capitán General que se pasó al otro bando. Recé una oración por los 55 soldados y oficiales bolivianos que regaron su sangre en tierras agrestes de lo que ahora será un lucrativo circuito turístico del Che.
Y aunque los talegazos de Chávez tengan anestesiada la conciencia patriótica de muchos en las Fuerzas Armadas, advierto que está en curso una segunda invasión cubana en Bolivia, financiada con petrodólares venezolanos. Esta vez viene precedida de una ofensiva orientada a ganar el corazón de la gente, algo que no tuvo un Che abandonado a su suerte por Fidel Castro. ¿Acaso no evoca a Yemen, Etiopía, Angola o Nicaragua el caballo de Troya de campaña disfrazada de alfabetizadores y sanitarios cubanos, cuando jóvenes bolivianos bien pudieran enseñar abecedario y curar afecciones -y conocer su país- en vez de migrar por trabajo en el extranjero?
No sé si será el último pataleo de un dictador que prefirió llevar sus soldados a intervenir en otras patrias en vez de dar de comer a su gente. Con el beneplácito oficialista, la segunda invasión cubana se evidencia en la oleada sin control de caribeños que quizá lo mismo auscultan con estetoscopio que ametrallan con Kalashnikov. Lo sugirió entre líneas un ex guerrillero, acechador de repetes que ni sabían que estaban en guerra cuando fueron acribillados. Lo ratificó Chávez: Bolivia es un Vietnam. Desafían con cantinela de golpe cuando conviene, quizá con el deseo subliminal de repetir lo que pasó en Venezuela: al golpe fallido siguió el afianzamiento de un plan prorroguista.
Diría la guaraya, pero craro, el proceso boliviano imita al venezolano, que hizo de Chávez un caudillo populista por tiempo indefinido: lo que codicia Evo. La resistencia a la reprise del libreto venezolano es distraída con fuegos de artificio, como los desplantes al embajador estadounidense. Vaticino otra purga en las Fuerzas Armadas por los rezongos patrióticos ante el guevarismo de su Capitán General. Lo que es yo, felicito a los soldados que derrotaron la primera invasión cubana hace 40 años.
Etiquetas: Cuba, Evo Morales, Fuerzas Armadas, Historia de Bolivia, Hugo Chávez