Mirar en espejo venezolano

Un otrora hermano de toda la vida de Hugo Chávez,  se ha convertido de ángel a demonio. Algunos temas críticos no consensuados en la democracia boliviana desnudan como el régimen de Evo Morales sigue el libreto venezolano para embutirlo en las gargantas bolivianas. Ojala tuviéramos en Bolivia alguno como el general Baduel.

Hace poco el vicepresidente venezolano, cuyo nombre ni merece cita para no pringarse de baba de adulón, ensalzó las dotes de adivinador de Hugo Chávez. El dictador populista, en mitin bolivariano de esos que sufre el pueblo caraqueño, había pontificado que “se estaban cayendo las máscaras”. Aludía a un personaje de Venezuela, al que el mismo Chávez había exaltado un par de meses antes como su “hermano de toda la vida”. Hoy el ángel se volvió diablo para el bocón caudillo, que casi llegó al extremo de lagrimear los “casi 40 años de camino” con “su compañero, dilecto amigo”, el pasado 18 de julio. Ahora la plebe bolivariana, molde de ‘movimientos sociales’ nuestros, tilda al otrora adulado ciudadano, de traidor, apóstata y rajao, quizá bajo consignas que vienen de lo alto.

¿Quién es este apóstata del paraíso socialista del siglo 21 que es el privilegiado entorno íntimo de Hugo Chávez? Nada menos que el ex ministro de la Defensa, general retirado Raúl Isaías Baduel. De seguro menos rajao que el mismo Hugo Chávez, golpista fallido en febrero de 1992, comadreja en el golpe que a su vez le hicieran en abril de 2002. Baduel fue su salvador, comandando la 42 Brigada de Paracaidistas, en Maracay. Dio para un estentóreo “¡qué viva el general Baduel!”, que gritara Chávez el pasado 13 de abril, 5º aniversario de revivir gracias a su compadre.

La apostasía de Baduel al catecismo chavista, se entrevé en acciones y declaraciones del militar de recia estirpe democrática. Miembro fundador del MBR-200, célula madre degenerada a cáncer maligno por el chavismo, no participó en el golpe inicial de Chávez, allá en febrero de 1992, por juzgarlo precipitado. Luego, hace unos 7 meses, cuando Chávez mostró la hilacha castrista vociferando la consigna ¡Patria, socialismo o muerte!, el ensalzado entonces por el demagogo como “el hombre que se convirtió en el bastión de la victoria popular”, no respondió con el consabido ¡venceremos! Después, el pasado 18 de julio, cuando Chávez reconocía a Baduel con un “nunca nos iremos, Raúl Isaías, siempre estaremos”, el brother de otro tiempo, alertó sobre el peligro de repetir los errores de socialismos como el soviético, o de “transformar nuestro sistema en capitalismo de Estado”. En su adiós de militar activo, Baduel sentenció que “nuestro modelo socialista debe romper con la mala costumbre del pasado de enseñarle derechos al pueblo, pero no deberes”.

Como cuando el resoplar de un potro redomón se vuelve corcoveo, Baduel ahora ha incurrido en anatema para un régimen autocrático como el venezolano, o el cubano. En rueda de prensa se pronunció en sentido de que “de aprobarse la reforma constitucional se estaría consumando en la práctica un golpe de Estado” en Venezuela. Rechazó la movida chavista, asegurando que son modificaciones “regresivas” en relación a la Constitución de 1999.

Aún cuando en Bolivia parecen abundar más comadrejas rastreras que cóndores que avizoren el peligro, sostengo que para ver lo que sucederá en el país mañana, basta mirar en espejo venezolano lo que está pasando hoy en ese país hermano. Lo demuestran los avatares de la Asamblea Constituyente.

Fue ópera bufa que fracasó cuando le salió pele al gobierno lograr en las urnas una mayoría de 2/3 de constituyentes. Persistieron el barítono Evo y el tenor bajo Loayza, con quejumbrosa aria sobre el carácter todopoderoso, fundacional y originario del cónclave. Cuando les salieron gallos y el público rechifló, se dieron a torpedear la Ley de Convocatoria con lastimero yaraví de la mayoría absoluta. Salió al frente una Media Luna que brilla al resistir abusos de fundamentalistas que no entienden que montonera no es igual a 2/3 de mayoría consensuada. En ese tira y afloja se perdieron 8 meses.

En marzo 2007 los sucrenses pidieron que se inserte el tema de la capitalidad en el tapete de la Asamblea. Cómo no, si otros de real índole peregrina se habían adjuntado al proyecto de Constitución, hoy todo un baúl de turco. Se armó la gorda. El gobierno de Evo mostró la hilacha hegemónica, cuyo centralismo secante ya no es ni federal, ni paceño, sino aymara. Y parte de un designio presidencial prorroguista. Ya van 7 meses de este tira y afloja.

Pondero el optimismo de expertos, en sentido de que se han logrado ‘consensos mínimos’ en 65% de los temas, tal vez más por obsecuencia que por inteligencia. El restante 20% de consensos posibles (sin incluir la coca), más el 15% de consensos críticos, pende del hilo de cuánto el gobierno está dispuesto a ceder en su proyecto político de corte venezolano. ¿Acaso los requiebros de ojos, las manos entrelazadas, un rocecito aquí y un besito allá significan que una dama se rindió al asedio?

Algunos temas críticos no consensuados desnudan cuán poco el régimen de Evo Morales, en aras del consenso democrático, se aparta de su proyecto original -y del libreto venezolano para embutirlo en las gargantas bolivianas. El Estado plurinacional y elección popular del Poder Judicial, se entrevera en almodrote con la cohabitación de la justicia comunitaria, que tanto debe a la Ley de Lynch, con la jurisdicción ordinaria aplicada, creo, de acuerdo a cédula donde conste la identificación étnica, al más rancio estilo hitleriano. Electores a partir de 16 años tienen todo tipo de autodeterminación, inclusive la formación de regiones autónomas por referéndum, en división política de niveles regionales e indígenas con autonomías contrapuestas, que es terreno fértil para el divide y reinarás de un Presidente reelecto indefinidamente.

En Venezuela, Baduel tuvo el coraje de alertar que “de culminar este proceso” se estaría “violando de manera descarada el texto constitucional y sus mecanismos e introduciendo cambios de manera fraudulenta, llevando al pueblo como ovejas al matadero”. Ojala tuviéramos un Baduel en Bolivia.

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