La cintura del continente

Brasil, una de las potencias económicas del mundo, necesita abrirse a los mercados asiáticos por la cintura de Sudamérica. Hoy los puertos del Norte Grande chileno dependen del comercio boliviano; prosperarán como puntos de embarque de productos brasileños camino a mercados del Lejano Oriente. Todo pasa por una Bolivia vacía, donde 4 pelagatos bloquean y le pegan tiros en el pie a su progreso.

Perdonarán mi deambular por caminos ya trajinados, al evocar que a poco más de un mes de iniciar esto de ser columnista, escribí sobre la ventaja geográfica de que Bolivia fuera la cintura de una Sudamérica pechugona, aunque desnalgada, mirona de la envidiada Europa. Desde entonces, con regularidad semestral he tocado el tema, sin contar párrafos alusivos a los que soy afecto como saetero sagitariano.

Hoy entresaco pertinencias, inspiradas en un acosado judicial del encono abusivo, asunto merecedor de tratamiento especial, inoportuno de abordar ahora en cuanto oculta móviles arribistas y politiqueros, cuando no podridos, en el gobierno. Se trata de José María Bakovic, cuyo El corredor de Don Bosco (Los Tiempos, 4-12-07) motiva saque de sombrero a un varón que no pierde prestancia aún con sus libertades constitucionales coartadas.
Para los que no entendieron la alusión a Don Bosco, un sueño del santo vaticinó que manará leche y miel al unir los extremos de la franja de los paralelos 15 a 20 del continente. Es fundamento profético de lo hoy conocido como el principal corredor bioceánico de integración, que atraviesa la parte más ancha de Bolivia, de este a oeste. No en vano San Juan Bosco es el santo patrón de Brasilia, cuya realidad jalona no solo el sueño que Kubitschek y Niemayer plasmaron en su vanguardista capital, sino reafirma la voluntad brasileña de volcarse hacia el occidente del continente.

Brasil, una de las potencias económicas del mundo, necesita abrirse a los mercados asiáticos por la cintura de Sudamérica. Hoy los puertos del Norte Grande chileno dependen del comercio boliviano; prosperarán como puntos de embarque de productos brasileños camino a mercados del Lejano Oriente.

El escollo es una Bolivia dividida. Por un lado, un occidente de miras hegemónicas centralistas, presenta el contrasentido de los fenicios bolivianos –los laboriosos aymaras- albergando a clase politiquera parásita y alborotera, empecinada en involucionar el país mediante una mentalidad bloqueadora. Por otro, la visión de tres cuartas partes del territorio boliviano -la Media Luna- de regiones interiores relegadas por el centralismo, que generan una producción agropecuaria extensiva, abierta al comercio mundial. En sus profundidades sur-orientales están las reservas de gas natural que saciarán la sed de energía limpia de Brasil y Argentina, eje del MERCOSUR, como otrora fueron Alemania y Francia que dieron inicio a la Unión Europea abandonando antagonismos.

No soy ningún Don Bosco, pero sueño que la presión de la necesidad de estados interiores brasileños como Rondonia, productor de 4 veces más, o Mato Grosso cosechador de 10 veces más soya que Santa Cruz, se imponga a la miopía de la Bolivia andinocéntrica, arrimando el hombro para que el interior sudamericano -inclusive el boliviano- llegue a puertos del Pacífico. Que el Estado de São Paulo generador del 40% del PIB brasileño, nutrido del gas boliviano en 70% de sus industrias, sea el abanderado, no el bandeirante, del estatus especial que debe tener Bolivia, en su carácter de proveedor de energía y nexo de sus industrias con mercados asiáticos. Que un gas natural cuyas mayores reservas están repartidas entre la hispano-argentina Repsol YPF y la brasileña Petrobrás, levanten a una YPFB generadora de réditos para desarrollar Bolivia: ¿no es eso lo que se busca?

Clave son los corredores de integración, que abarcan modos de transporte carretero, ferroviario, fluvial y aéreo, serán vertebradores de Bolivia y articuladores del tránsito a los países vecinos. De último se ha desinflado su empuje, no por la abrupta orografía boliviana, sino por las republiquetas bloqueadoras, atosigantes de vías con retenes de diversa índole: equivalen a los depósitos de grasa en las venas que causan trombos que embrutecen o matan. El cocalero Chapare y la contrabandista Sabaya son ejemplos; hay focos de infección en Yapacaní y Caracollo.

La reacción de Brasil ha sido dar prioridad a proyectos alternativos de vinculación caminera hacia el Pacífico: hacer un bypass a la conflictiva Bolivia. La variante peruana, dar la vuelta por el Acre, estará pronto habilitada. Apenas muerde un tramo en Cobija-Extrema, sin sentido si no se conecta con el resto del país. Me late que la opción argentino-paraguaya, uniendo Curitiba con el puerto de Mejillones, estará operante antes de nuestro corredor del sur.

Por eso tengo esperanzas en la visita de Lula y Michele. Brasil y Chile, alfa y omega del comercio transoceánico por la cintura de Sudamérica, tal vez han tomado conciencia de ayudar a que Bolivia no se siga disparando en el pie. Ciertamente sus gobernantes socialistas constituyen un modelo de cambio más sensato para Evo, que imitar las estridencias del mandril venezolano.

Ojala comprendiesen que en vez de construir rutas alternativas al país, urge completar bypasses a las republiquetas bloqueadoras. La opción La Palizada-Aiquile gambeteadora de trombos cocaleros. La carretera La Paz-Cochabamba por Independencia, con tráfico directo a Arica por Patacamaya. El ferrocarril Santos-Arica modernizado a gas. Rodeos camineros a ciudades y pueblos. Un solo peaje al ingreso del país agilizaría el tránsito hasta la frontera, vedando exacciones arbitrarias. Mapas actualizados y eficientes.

En el pasado sugerí que Brasil construya nuestros caminos. Hoy urge poner fin a la colusión entre cipayos locales, constructoras y financistas. Pero de ningún modo se debe quitar ímpetu a la oxigenación que llega mediante corredores de integración, no tanto por los ingresos de un país de tránsito, sino por abrirse al turismo de países vecinos cuyo efecto multiplicador será mucho mayor. La vertebración pondrá coto a la insensatez de una Bolivia vacía, donde 4 pelagatos bloquean y le pegan tiros en el pie a su progreso.

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