La preferencia por noticias truculentas sobre las del tedioso devenir de cada día, impulsa a conocer pintorescos aspectos de la actual realidad boliviana. La Bolivia de 35 naciones y 35 lenguas oficiales que otorga la Constitución masista. Un centenar y medio de indígenas Yuquis muriendo de tuberculosis en el siglo 21. Policías ayudando a presos escapar de la cárcel en Sucre. Reunión de Ponchos Rojos en el altiplano, con degüelle de perros, extirpar de ojos a oficiales del ejército, o quema en pira de alcaldes. Lo máximo en deportes de alto riesgo, será llevarles a una chichería, gritar ¡muera el indio Evo!, y dejarles librados a la ira pirómana de cholos ebrios, todo legal e impune por la justicia comunitaria.
Hoy no me toca ser serio: en 3 días será Nochebuena. Prefiero vivir del cuento, que no es el cuento del tío del cambio pa’ pior del gobierno de Evo, sino una frase de origen medieval, describiendo el quehacer de juglares que en esos tiempos recorrían ciudades y villas ganándose la vida con las monedas recibidas de nobles, señores y clérigos entretenidos por sus historias reales o imaginadas. Acopladas con chascarrillos, cuanto más graciosa e inverosímil la historia, mayor el óbolo.
También es rasgo humano preferir noticias truculentas sobre las del tedioso devenir de cada día. Quizá por ello me acordé que hace más años de los que quisiera reconocer, una chola de chicharronería al frente del estadio sirvió un plato celebrado por sus habitúes. Mujer de grandes pasiones, al conocer de la infidelidad de su hombre, una vez que amaneció él en casa, abotagado de hembra y alcohol, le había acuchillado como a cerdo, guardado su sangre para los chorizos, y trozado su cuerpo en pedazos que luego fueron fritos en paila de sabroso chicharrón.
No necesito, pues, inventar lo alucinante de eventos en Bolivia, rasgo en el que debería basarse una campaña para promover el turismo. Más allá de maravillas como el Lago Titicaca y el Salar de Uyuni, de lagunas multicolores en Sud Lípez y humedales del Beni, de encantos en los parques Madidi y Noel Kempff, de Tiahuanaco y Samaipata, y de un largo etcétera, inspirémonos en una campaña donde lo insólito se acople a la generación de adrenalina, seguro imán de curiosos japoneses, platudos gringos y aburridos europeos.
¡Visite la Bolivia de 35 naciones y 35 lenguas oficiales!, podría ser un eslogan de póster, que en gráfico alusivo y letra menuda ofrezca sacarse fotos con los 87 sobrevivientes de la tribu Araona, uno de los 6 gajos de los Tacana, (6.650 personas), que tendrán idioma oficial siendo que sus dialectos no dan para que se entiendan entre ellos.
Ahora que a los estadounidenses les cuesta $100 la visa a Bolivia, más otros 100 verdes la vacuna contra la fiebre amarilla: ¡estimulen su morbo y que justifiquen su gasto mirando a 155 Yuquis morir de tuberculosis en el siglo 21!, mientras acechan cocaleros, madereros y pichicateros en el depredado trópico de Cochabamba (coca gratis).
¡Venga a la Bolivia de Ripley, donde carabineros hacen pie de amigo para ayudar a que los presidiarios escapen de la cárcel! Donde el mandamás de la policía, uno de los estamentos con el monopolio de armas letales, exige garantías para regresar a cumplir su deber constitucional a la capital de la república, previo mentir que un efectivo policial fuera degollado: no estaba muerto, andaba de parranda.
Recomienden al turista traerse linimento, escaso en farmacias después de que los constituyentes gobiernistas dieron fin con inventarios, al ‘makurkar’ sus brazos levantando las manos en 410 ítems de una Constitución aprobada ilegalmente entre gallos y medianoche.
Ofrezcan varios niveles de adrenalina. Vivan de cerca los turistas las emociones de la democracia de montoneros, viendo cómo cortan corbatas a burócratas inermes, chicotean humildes taxistas, queman edificios históricos y asesinan jóvenes, con viáticos y vituallas repartidos por ministros.
Que visiten la Coronilla cochabambina, admiren la onda de reciclaje de drogadictos que la pululan, mutilando monumentos de bronce para vender a fundiciones, con la opción excitante de asistir, o participar como víctimas, en violaciones en los románticos tunales de la Colina de San Sebastián.
Un rango más fuerte de emociones se sentirá en reunión de Ponchos Rojos en el altiplano, con degüelle de perros, extirpar de ojos a oficiales del ejército, o quema en pira de alcaldes. Lo máximo para aquellos aburridos con deportes de alto riesgo, será llevarles con una garrafa robada a una bulliciosa chichería, gritar ¡muera el indio Evo!, y dejarles librados a la ira pirómana de cholos ebrios, todo legal e impune a título de justicia comunitaria.
Por lo dicho, así huela a lo que los mejicanos llaman malinchismo, esta vez de variante argentina, no pude menos que sentir envidia oyendo a Cristina de Kirchner en su alocución presidencial sin papelitos ni discursos leídos. Pensé que los gauchos tienen ventaja comparativa en lo que a buen decir se trata: claro, son nutridos con el Martín Fierro y cebados en la poesía del tango. Pero su populismo prioriza la economía y la generación de empleo, sin incitar el odio y la división étnicos.
En Bolivia, cada vez menos saborearán a un k’ara Reynolds y su Inalterable por la tierra avara, del altiplano ostenta la mesura, de su indolente paso y apostura, la sobria compañera del aymara, que me diera estampa inicial de una altipampa en la antípoda de mi nativo monte alto amazónico. Estamos en el envión de un pendular vaivén que balanceó de un Goni que mal hablaba el español, a un Evo que ‘patea la castellano’. Encima, un mestizo que embute al país la insensatez constitucional de más de 30 lenguas indígenas oficiales, siendo que él mismo no domina ninguna.
Solo queda resistir. Arrecie el humor satírico de los bolivianos, como el del grafito de Mujeres Creando: ¡Pachamama, tú y yo sabemos que la única originaria es la papa! O aquel del mercantilismo religioso: Jesús viene, ¡compre su entrada! O el certero ¡Evo cumple, Chávez ordena!
Al recibir un correo con casi 200 métodos de persuasión y de lucha no violenta, me ratifiqué en la sardonia que impregno a mis saetas, burlándome de las autoridades. Pero me confieso renuente a la receta de la Lisístrata de Aristófanes, en que las mujeres juran no mantener relaciones sexuales con sus parejas hasta que las cosas cambien. Eso me condenaría a la abstinencia: es iluso cifrar esperanzas en el gobierno de Evo Morales cambiando de rumbo por las buenas.
¡Feliz Navidad y un venturoso Año 2008!
Etiquetas: Anomia social, Oclocracia