Primicia de golpe de timón

La exhortación de un joven enrostrando el valeverguismo de la juventud de los sectores medios de Bolivia, propicia un sueño en que Evo Morales cambia radicalmente de rumbo a su gobierno populista y oclocrático. Pero es mentira eso del entorno duro que influye a un Presidente buenito: Evo, duro como piedra, gracias a su escuela sindical; García Linera, a su pasado guerrillero. Con el nomeimportismo de la clase media, más tarde nada de quejarse por lo que se pudo haber hecho y no se hizo.

Difundo la primicia de que finalmente Evo Morales ha decidido cambiar de rumbo, dar un golpe de timón para salvar a Bolivia de una pugna fratricida, donde más que vencedores y vencidos decantará, como siniestra borra, el trauma de sangre vertida que por generaciones ronda cual alma en pena, trocado en odio sediento de venganza.

No lo propició la reflexión de países cuyos mandatarios abrigan apego condescendiente al presidente indígena de Bolivia. Tampoco la presión de la potencia unipolar, amenazante de apretar la clavija en acuerdos comerciales de privilegio, preocupada más que todo por el aumento de la nieve boliviana, que su gente volante llama ‘coca de altura’, como si el Chapare estuviese al nivel de las cumbres del Illimani.

Fue la exhortación de un joven enrostrando el valeverguismo de la juventud de los sectores medios de Bolivia, lúcido neologismo con que critica su abulia, la que dio el campanazo no sé si a la conciencia o a la prudencia de Evo. La primera la tenía aletargada por la adulonería de su entorno; no se requería mucho de la segunda para tomar nota de que pringa la cara escupir al cielo. Porque si se unen los sectores medios del país, si se deponen prejuicios regionalistas y ciega lealtad a líderes políticos desgastados, serán contados los días de su proyecto político autocrático, oclocrático y vendido a mandril caribeño.

El cambio en la conducción empezará los últimos días de 2007, con un mea culpa sobre la Asamblea Constituyente. Como la mentalidad presidencial necesita chivos expiatorios (ej.: neoliberales, oligarcas), le cargará los fardos a cuatro jumentos del Apocalipsis constitucional: la sesuda Lazarte, el vivaracho Prada, el lumbrera Loayza y el ágil Villacorta. Son equivalentes intelectuales de Jefferson, Franklin, Washington y Hamilton en la Constitución de una página de Estados Unidos en 1776, un piojo tuerto comparado con los 400 y pico artículos de la obra maestra masista de cuartel y montonera.

Evo se sincerará con el país, reconociendo que la constitución fue aprobada ilegalmente, haciendo escarnio de la Ley de Convocatoria y los 2/3 que aseguraban el consenso entre mayorías y minorías, indispensables en un pacto social duradero. Que la Asamblea se concibió como el instrumento para su reelección indefinida. Que las propuestas indianistas son carnada para pescar el voto borreguil indígena y sus arrimados en las ciudades. Reconocerá que es incongruente lo de la Constituyente ‘fundacional y plenipotenciaria’, cuando no les da la gana de abordar el tema de la capitalidad. El proceso autonómico departamental es el único legítimo, concederá, confesando que las autonomías municipales e indígenas son inviables, meros fuegos de artificio para debilitar las autonomías regionales. Que el mamotreto de Constitución ilegal costó $80.000 dólares por artículo, y hasta Chávez alzará el grito al cielo si acceden a la pensión vitalicia pretendida por algún padrastro de la patria.

El Presidente alumbrará la variante boliviana de la Banda de los 4 de la Revolución Cultural china, denostando la asesoría de García Linera, Quintana, Rada y Contreras. Les culpará de hostigar al Poder Judicial, descabezar el Tribunal Constitucional y legalizar la Ley de Linch con la llamada justicia comunitaria. Revelará que su consigna fue un politiquero digitar de procesos judiciales según sus intereses, evidente en el vía crucis judicial que defenestró a un reorganizador del Servicio Nacional de Caminos nombrado por concurso de méritos, contrastado con la desidia en procesar a los asesinos de un joven en los hechos de enero en Cochabamba. Les cargará el fardo de la rapiña del IDH, donde un decreto atropella una ley de la república, para arrebatar a las prefecturas la marmaja que haría posible el mejor gobierno de las autonomías. Las autonomías provinciales e indígenas son un ardid para un divide y reinarás centralista, que concentre el poder en los estalinistas de nuevo cuño de la sede de gobierno.

Los primeros días de 2008, Evo Morales pondrá en picota la política económica, si tal existe. En vez de amenazar a las autonomías, la policía será enviada a las minas ocupadas por comunarios. Abolirá la repartija demagógica del bono Juancito Pinto y la Renta Dignidad, confabulados como formas de comprar votos. Invalidará 300.000 cédulas de identidad nacionales fraguadas a sujetos venezolanos y cubanos para ganar referendos. Pedirá que Chávez guarde sus petrodólares, que envilecen a serviles y cada vez más guatones, altos mandos militares y mandamases ediles. Como a perros en Achacachi, degollará a fundamentalistas aymara de su gobierno, empezando por el yatiri Choquehuanca, al que el sexo de las piedras aseguró sitial en la Sociedad de Tantrismo Pétreo, capítulo Monolito Fálico.

Entonces me caí de la hamaca. Todo había sido un sueño. Después de la picana en Nochebuena y antes del pavo relleno del día de Navidad, salí a caminar para oxigenar mis arterias. A una cuadra de casa fui atracado por vagos que no tenían en agenda ninguna algarada pagada por el gobierno. El batacazo que me dieron y una accidentada digestión navideña provocaron un sueño inocente y hermoso. Si alguno lo creyó, ¡que la inocencia le valga!

Al cabo, el Loro Colla del semanario cruceño Número Uno, que no habla pero en todo se fija, señala que es mentira eso del entorno duro que influye a un Presidente buenito: Evo, duro como piedra, gracias a su escuela sindical; García Linera, a su pasado guerrillero. Advierte Marcelo Lara Godoy al denostar el valeverguismo de la clase media: más tarde, nada de quejarse por lo que se pudo haber hecho y no se hizo. Como le dijo la madre a Boabdil, último rey Nazarí de Granada, cuando abandonaban la plaza perdida en 1492: “no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre”.

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