Decálogo de malos gobiernos

Basado en el Decálogo del buen gobierno globalizado de Carlos Alberto Montaner, se enumeran diez aspectos del mal gobierno actual que obstaculizan la marcha de Bolivia hacia la modernidad y el progreso.

No dan pierna los 10 mandamientos que el fallecido Charlton Heston, en el rol de Moisés, trajera del Monte Sinaí. Ni especular con Mel Brooks, de que eran 3 las tablas que el profeta bajó y se la cayó una, soterrando cinco preceptos: quizá uno enviaba al infierno a los adulones; otro, cínico, era “no desear la mujer del prójimo, en vano”, ensalzando el valor de la humilde coma en la sintaxis. Pero así me lluevan epítetos que afiebrados etnopopulistas tienen listos en el morral para un apóstata de San Fidelito de Cuba, me apoyo en Carlos Alberto Montaner y su Decálogo del buen gobierno globalizado, que lista 10 rasgos de una sociedad rumbo a la modernidad y el progreso. Los redacté como mandamientos para pulsear el régimen de Evo Morales.
El 1º es: el camino más corto al desastre es confiar la economía de un país a la burocracia estatal. Este gobierno centralista está plagado de tal defecto. Claro, si en lo étnico sus chamanes propugnan volver al incario, ignaros que en esos días 2/3 de la riqueza iban a los orejones y a sus monjes, y aunque dice el vals que la sangre plebeya también tiñe de rojo, les tocaba solo un tercio. Eso sí, los depósitos incaicos de alimentos eran inexpugnables a los ministros que hoy los saquean para “incentivar” a turbas pirómanas de prefecturas electas, pero enemigas.
Moneda estable, finanzas públicas bien manejadas y razonables equilibrios macroeconómicos son trilogía necesaria para que un país progrese, dice el 2º. En Bolivia se dio carta blanca a la coca y a su hija predilecta, la cocaína, logrando superávit de dólares al costo de soltar a la serpiente de la inflación, que pica con saña a los que usan abarcas. La demanda mundial de materias primas y alimentos disparó sus precios, pero el régimen pone trabas al progreso del país al rehuir acuerdos comerciales, prohibir exportaciones y controlar precios para paliar inflaciones que ellos mismos han fomentado.
El 3º mandamiento es que el organismo emisor no debe estar sujeto a caprichos del gobierno, recomendando colocar límites constitucionales a la facultad de éste para gastar o endeudarse. ¿Cree usted hoy en la autonomía del Banco Central, cuando Evo gasta como si fuera cruce de opulento Inca con un populista y malgastador Perón? Dilapidarán las reservas, como en el pasado echaron mano de las libras esterlinas.
En la era globalizada el inglés es la lengua franca, y la informática el medio para democratizar el conocimiento, sentencia el 4º precepto. Tal hecho irrefutable está a contrapelo de un régimen que piensa que legitimar culturas indígenas se logra declarando idiomas oficiales a lenguas vernáculas, algunas casi extintas. Siendo obligatorias de aprender, de los últimos 5 presidentes, 5 no dominan ninguna, y dos, además, “patean la castellano”.
Acusa la 5º norma que son dañinas las medidas o instituciones que bloquean transferencias de tecnología, flujo de conocimientos e intercambios comerciales. El país está en la cola de las naciones por insistir en trámites costosos, regulaciones excesivas, aranceles repetitivos y censuras de todo tipo. Hasta Cuba libera estructuras ineficientes de la producción agrícola, mientras en Bolivia el aprendiz de brujo chavo-castrista invade predios, controla precios y prohibe exportar.
Un Estado que obliga a cumplir las leyes debe basarse en la transparencia administrativa y estar al alcance de auditorias de todo tipo, so pena de que decaiga la confianza de los ciudadanos en el sistema, dice el 6º mandamiento. Díganme cuántos reos tiene la Ley Safco y demostraré que en Bolivia existe el andamiaje legal, pero se lo prostituye a fines politiqueros al servicio del mandamás de turno.   Confucio decía que mejor que dar de comer un pescado a un pobre es proveerle de aparejos de pesca y enseñarle a pescar. El 8º mandamiento proclama que la función principal del Estado no es dar limosna, sino contribuir a crear condiciones para que las personas prosperen por sus propios medios. Es nocivo repartir dinero a título de conquista social, popular hoy con el bono Juancito Pinto. O la renta Dignidad, que ayer fuera Bonosol y anteayer Bolivida, según el politicastro que se mandaba la parte con la plata de todos.
El discurso del nacionalismo económico, las quimeras autárquicas del Estado empresario y el desdén por el capital extranjero son anatemas del 9º mandamiento. Solo en país de necios amnésicos pueden seguir calando las mentiras de nacionalizaciones chutas de ayer y hoy, los millones de chatarra comprados ayer por piolas de la minería estatal para arañar coimisiones, la ineficiencia incapaz de hoy en la “nueva” YPFB repleta de gobiernistas. Harían mejor en formar buenos negociadores y capacitar técnicos de medición, en vez de tapar el sol con un dedo a la necesidad de inversiones de capital, que traen consigo conocimientos y tecnología.
El 10º mandamiento es que el capital humano es lo más preciado de un país. Lo prueba Santa Cruz, donde prosperan miles de pajueranos que ni acento ni costumbres abandonan: solo producen. Los expertos evalúan en algo más de $200.000 dólares el costo de criar una persona desde que nace hasta sus 18 años. ¿Qué auditoria futura cobrará a un gobierno que soslaya crear empleo, las pérdidas al Estado de miles de emigrantes cuyo aporte de trabajo beneficia a Estados Unidos, Argentina, Brasil, Italia o España?
Como dice Montaner, en las naciones exitosas las relaciones de poder entre la sociedad y el Estado se asientan sobre la base de que los individuos y las empresas sostienen con los excedentes de su trabajo al gobierno y a las instituciones. Devastadora perversidad es que en las variantes populistas, como la actual, sean los individuos y las empresas los que viven de dádivas o de corruptelas de funcionarios que administran el Estado a capricho.

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