Nuevas ¿o viejas? nomenklaturas

La “nomenklatura” refleja la universal propensión de los clanes políticos a robar y perpetuarse mediante la endogamia. Un conjunto de correos electrónicos y a charlas escritas en tiempo real fue difundido, que sugieren la repartija de las viñas de la corrupción en el mundillo de mandamases de la “desinstitucionalizada” Administradora Boliviana de Carreteras (ABC).

Al escribirla con “K”, me puso alerta subrayada de rojo el protocolo casi universal de Bill Gates, que le ha hecho un Midas moderno. Me refiero a “nomenklatura”, mote endilgado a la clase que fraguó en la hoy desmembrada Unión Soviética después de la “heroica” revolución de octubre, que la canción Natalie de Gilbert Bécaud ensalzaba con dosis de romance e idealismo.

La “nomenklatura” refleja la universal propensión de los clanes políticos a robar y perpetuarse mediante el inbreeding, que en inglés significa acople de miembros vinculados de una especie. Estrecha traducción sería endogamia, cuyo sentido endilgo a la clase política del país, tímido a generalizar porque lo haría rasgo latinoamericano, o mundial. En Bolivia siguen las nomenklaturas ladronas, cual cócteles de mezcla y color diverso en presterío de pretensión “originario”, pero mestizo en esencia. Lo evidencia un artículo de Rafael Sagárnaga López, corresponsal de El Nacional en La Paz, al olisquear la corrupción en la construcción de caminos.

La podredumbre no es nueva, pero el affaire me distrajo de festejar el triunfo de la democracia en la victoria del Sí en los referendos de Beni y Pando. Cambié el efecto vomitivo del cinismo del gobierno, que con millonario despliegue de miedo y soborno no desmereció los laureles del 1 de junio, por la censura de un también emético mutis oficial sobre el sórdido asunto, que al no aclararse es quizá confesión de que el “cambio” es simple relevo de rateros. Con razón protestan los transportistas: con corrupción es difícil que alcancen los fondos para mantener las carreteras.

El que podría llamarse Abecegate empezó cuando hace más de un año una versión boliviana de “garganta profunda” (apodo de la principal fuente del escándalo Watergate que defenestró a Nixon), hizo conocer un conjunto de emails y transcripciones de chat -así llaman a correos electrónicos y a charlas escritas en tiempo real que ha difundido la comunicación cibernética-, del mundillo de mandamases de la “desinstitucionalizada” Administradora Boliviana de Carreteras (ABC).

Versaban de miles de dólares a repartirse entre los adjudicatarios de construir o reparar las carreteras, los gestores de contratos, y los que dentro de la entidad rectora de caminos viabilizan las operaciones -sin hablar de la posible colusión de corruptillos en instituciones internacionales financieras. Conjeturaba el periodista la identidad de “Alvarín”, “Cotapati”, “Paty”, “R. Saavedra” y “M. Estenssoro”, seudónimos de caracteres de “un complejo juego de extorsiones y sobornos entre funcionarios de la caminera, misteriosos operadores y las empresas constructoras”.

En días de “referenditis”, como lamenta algún ministro del MAS, sugiero hacerlo objeto de una consulta tipo encuesta o de crucigrama, con algún premio de firma que no dependa de compras oficiales. “Alvarín” podría votarse de selección múltiple con opción a escribir una, entre el peruano Vargas Llosa, el colombiano Uribe y el mexicano Obregón, de no mediar el avance de que es “autoridad que posee la capacidad de recomendar por encima de ABC a empresas con carta ganadora”. La gente optaría por llenar el casillero vacío, ¿acaso son burros?

También sucedería lo mismo con “Cotapati” y “Paty”. Entre la gringa Patricia Hearst (esa pobre niña rica, nieta del magnate de diarios amarillos en cuya vida se basó Orson Welles en el clásico film Ciudadano Kane), Grace Patricia Kelly (más conocida como Grace Kelly o princesa Grace de Mónaco),  la segura elección sería una que, según Sagárnaga, “tiene la autoridad suficiente en ABC y que (es) mujer, como para invitar por excepción a una empresa a que trabaje proyectos de la caminera estatal.” Facilingo.

Un crucigrama haría más fácil descifrar quién es “R. Saavedra”, quizá con clave de que evidencia que la corrupción no es exclusiva del occidente. “M. Estenssoro” sería pan comido con glosa de que puede ser la ex esposa de un finado alcalde cochabambino; hermana de la que, como decía Sofocleto, es contendora en el ring de las 4 perillas del sabio desdolarizador, que hoy tiene émulo en el mago financiero que alardea del boliviano fuerte, cuando compra 3 panes menos que hace 3 meses. Insertar en el crucigrama una caricatura de los chicos malos del Pato Donald, sería fiel estampa, pero difícil identificar a los 4 confabulados que se reparten el “trajecito talla 4″ mencionado en los correos.

Sugestivo es que los días que recalé en el Abecegate, el comandante de las FF.AA. advertía de armas bala en boca, como para insuflar miedo a votantes del referendo y se queden en cama, que es domingo y llegó surazo; el Presidente paseaba por Trinidad y Cobija en helicóptero prestado por su jefazo caribeño, repartiendo dinero venezolano y ambulancias españolas para inducir el No, a tiempo que mellaba la validez de la consulta autonómica. En otro lado del país, valientes reporteros informaban de veintenas de camiones mofándose de proclamas del gobierno de dar fin al contrabando de gas, combustibles y alimentos al Perú. ¿Pondrán armas bala en boca para poner coto a los contrabandistas de Desaguadero que expulsaron a los milicos? No lo creo. Los vivillos son aymara que quizá tienen dispensa de la ley por ser ‘originarios’.

Son viñetas de nuevas -¿o viejas?- nomenklaturas, radiografías de corruptos que se arrodillan en reclinatorio de codicia para adorar al Belcebú del dinero, sin importar cómo sea habido. ¿Serán atisbos del contubernio de los sospechosos de siempre con los apóstoles del cambio? Lo que es a mí, me vaporizaron conjeturas que hilaba en novela en que repto lento como caracol, deficiente en talento e insolvente de recursos, al ilustrar que la fantasía del escritor es un pálido reflejo de la realidad, así como el paisaje del pincel es apenas mueca de la obra divina.

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