Lula en el trío en Riberalta

Se reunieron en Riberalta Lula de Brasil, Hugo de Venezuela y Evo de Bolivia, que encarnan el bueno, el malo y el feo en lo que a buen gobierno se refiere. Con la falsa preocupación por la ecología, se pierde la oportunidad de abrir puertos marítimos interiores en Riberalta y Guayaramerín, abriendo el acceso al río-mar, con esclusas paralelas a las plantas generadoras de energía en Jirão y Santo Antonio que construye Brasil.

Será la tríada divina o el triángulo masónico en el aún poderoso dólar, pero sin duda un trío evoca cosas positivas, desde el Trío Los Panchos hasta los Tres Tenores. El que visitó la semana pasada mi pueblo natal, Riberalta, trío de gobernantes al fin, merece comentario aparte.

Lula de Brasil, Hugo de Venezuela y Evo de Bolivia encarnan el bueno, el malo y el feo en lo que a buen gobierno se refiere. En honor de los apodos de Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Wallach en el clásico de los espagueti westerns de Sergio Leone, se halla poco de “Rubio” en Lula, bastante de “Ojos de ángel” en Chávez por lo matasiete, y mucho de “Tuco” en Evo, en el sentido de poca carne en logros y mucho jugo de propaganda en la salsa del ají de fideos con que tiene malnutridos a los bolivianos.

¿Qué es lo que hace a Lula un buen gobernante? Resultados. Su arribo a la presidencia provocó ansiedad en ámbitos empresariales, al fin y al cabo Lula era un obrero que hizo carrera política como socialista. Brasil era considerado país de alto riesgo y se imaginaba que llevaría la economía al desastre. Pero Lula continuó el ritmo prudente de bossa nova cadenciosa de un sobrio Fernando Henrique Cardoso, priorizando la estabilidad económica.

En vez de satanizar a su predecesor y desbaratar logros de la gestión anterior, como es típico de Evo Morales, Lula privilegió la economía sobre la política sin dejar de lado cambios en favor de los pobres. En los dos últimos años de Lula, el equivalente al triple de la población adulta de Bolivia ha salido de la pobreza, la inequidad en ingresos se ha reducido y Brasil disfruta del mayor nivel de prosperidad en 3 décadas. Desde que fue electo el 2002, la bolsa de Brasil ha ganado 1.600%.

Sorprende en Lula su postura de apaciguamiento, libreto quizá provisto por un eficiente Itamaratí, cuna de diplomacia brasileña de carrera, distinguida por la mesura y las metas de largo aliento. Nones que su Canciller haga el ridículo pontificando sobre la libido de la selva o el alimentar estudiantes con cachaza, equivalentes cariocas del sexo de las piedras y el reemplazo de la leche con hojas de coca en desayuno escolar, sugeridos por Choquehuanca.

¡Cuán dulce es el cafezinho brasileño si Lula adula! Como cuando dice que “Chávez es sin dudas el mejor presidente que Venezuela ha tenido en cien años”: el resultado práctico logrado es que las empresas brasileñas obtienen jugosos contratos en Venezuela. Mientras, los mercados venezolanos andan vacíos de productos de primera necesidad, y chorrean los petrodólares que el bravucón Chávez malgasta en miles de millones de armas rusas para enfrentar a la IV Flota estadounidense. O para meterse en asuntos internos de otros países, no siendo óbice que la high tech francesa impida que se caigan solitos sus helicópteros en Bolivia.

En Riberalta la popularidad del trío de gobernantes se podía medir en la postura jovial de Lula, contrastada con el blindaje hasta el coto que llevaba Chávez bajo la camisa bolivariana y el despliegue de casi dos mil efectivos, entre militares, policías y montoneros del gobierno, para mantener a raya una ciudad que antes había rechazado el ingreso de Morales, apedreado un avión venezolano y declarado persona no grata a Chávez.

Por ello, movió a risa el despacho de TeleSur en sentido de que el trío se reunió en Riberalta por la defensa de la Amazonía.

Porque los comodines financieros brasileño y venezolano tapujaron la chambonada del gobierno de Evo Morales, aguijoneador con mordidas de hormiga a la pata del elefante estadounidense, rifando recursos casi gratuitos de fondos de la Cuenta del Milenio para el proyecto caminero.

Porque es dudoso que la carretera que financiarán Lula y Chávez prevea salvaguardias ecológicas en la Reserva Nacional de Lagunas del Beni y la Reserva Nacional de Biosfera Pilón-Lajas, atravesadas por la vía, que evolucionan anualmente por estaciones de anegamiento y de sequía en selvas ribereñas, llanuras de pastos e islas de monte. ¿Acaso la previsión ambiental no es un saludo a la bandera en Bolivia? ¿Acaso se preocupan de la ecología en el lado brasileño de Rondonia, con su mar de 8.5 millones de toneladas de producción de soya y sus bolsones sedimentarios de estaño?

Porque débiles han sido los argumentos contra el proyecto brasileño de hidroeléctricas en el río Madeira, contrastados con la ventaja a corto plazo, de ser parte de millonario negocio millonario en la generación de electricidad en Cachuela Esperanza sobre el río Beni y en puntos del binacional Madeira entre Guayaramerín y Manoa. ¿Qué futuro puede tener Riberalta, capital industrial del Beni, si genera su energía eléctrica quemando cáscaras de almendras? A largo plazo, la oportunidad de abrir puertos marítimos interiores en Riberalta y Guayaramerín, abriendo el acceso al río-mar, que por si acaso, taterotatos andinocéntricos, es el gran Amazonas, en esclusas paralelas a las plantas generadoras de energía en Jirão y Santo Antonio.

¡Qué paciencia de abuelito de Lula con el ahijado malcriado de Chávez que es Evo Morales! Tragó sapos con la ocupación militar, pura fanfarria, de plantas de Petrobrás en la mentirosa nacionalización de hidrocarburos en Bolivia. Soltó liñada al faraónico Hugo Chávez y su proyecto de gasoducto a Argentina, tan dañino para la Amazonía como su deforestación, mientras el ahijado abría la boca sin darse cuenta de que le quitaría a Bolivia la provisión de gas natural al MERCOSUR. Un callado Lula dio visto bueno al retiro de fondos de inversión de Petrobrás para extraer de lo profundo el gas boliviano, propiciando hallazgos enormes en el mar territorial de Brasil, al tiempo de que Evo Morales se engolosinaba de promesas de recursos de PDVSA, empresa petrolera ineficiente que ahora se ocupa hasta de vender pollos.

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