Se desdibuja Evo Morales

Las torpezas de Evo Morales con la prensa, una masacre a título de justicia comunitaria en un reducto aymara y las agresiones del gobierno al prelado de la Iglesia Católica, configuran un cuadro desdibujado del gobernante populista boliviano.

Una vez festejando a un amigo en un restaurante, al tercer whisky se empezó de desdibujar. Había tomado unas medicinas contraindicadas con la ingestión de alcohol. Su cachete se le fue a un lado, el labio inferior se hinchó y escoró a babor haciendo aguas, como imagino que tarde o temprano les debe suceder a las adeptas de la silicona para ser más bellas.

Algo así pasó con el Presidente Morales en su entrevista televisiva con una periodista de CNN. El jaque mate a un confuso Evo vino con la aserción de que en su gobierno honran la justicia y respetan procesos legales. Patricia Janiot entonces preguntó por qué no se acatan normas constitucionales, que dan caso de corte al Prefecto de Pando que su investidura merece. ¿Cumplen el fallo de la Corte Distrital de Chuquisaca, que ordenó el traslado inmediato a Sucre del preso sin proceso, si tal ni significaba pronunciarse sobre si es culpable o no de los hechos de sangre en su distrito? Más bien, el gobierno soltó a sus perros de presa, tanto los pitbull acicalados del Palacio Quemado, como los ch’apis pulguientos de turbas aleccionadas que rodean el penal de San Pedro. Haciendo el ridículo, Evo Morales atacó a la notable presentadora de la cadena internacional de noticias.

Coincidió con que dieran la vuelta al mundo, sin trucaje ni montaje chanchullero como la caza de patos en Pando, las truculentas escenas de la plebe tomando la justicia en mano propia en Achacachi. Es la barbarie posible en la ‘justicia comunitaria’, un hito de cambio constitucional del régimen masista. En otros tiempos y países equivaldría a abolir la autoridad del sheriff y del juez, para que impere la ley de Lynch que colgaba de un árbol sin presunción alguna de inocencia. O dar carta blanca a incursiones impunes de encapuchados, blancos de piel y blancos sus mantos, quemando hogares y ahorcando negros sin ningún justificativo salvo su odio racial.Si hay algo que destacar en el régimen actual, es su cinismo para distraer la atención con fuegos de artificio. No otra cosa significó reabrir la tensión entre gobierno e Iglesia Católica. Llegó el Cardenal Terrazas de Roma, con la admonición papal de que el báculo no es solo un cayado para apoyarse en la vejez, sino simboliza aquel que un pastor, en este caso espiritual, usa para orientar a su rebaño. Y vaya que los católicos necesitan émulos de Karol Wojtila, quien después fuera el Papa Juan Pablo II, que en su nativa Polonia ilustró a su feligresía sobre defectos del comunismo, como hoy debe alertarse de peligros del mesianismo etnopopulista boliviano.

Es inexacto el recordatorio eclesiástico de que 80% de los bolivianos es católico, contra el 67% de sufragios que favoreció al partido de gobierno en el último referéndum: no toma en cuenta los miles de votos documentados de fraudulentos. Un otrora jeremías de los derechos humanos, ahora mastín guardián del bastión gobiernista, mareó la perdiz al diferenciar el clero entre “jerarcas” y “buenitos”. Unos son supuestos aliados de oligarcas; otros, los que confunden estar de lado del pueblo con la condescendencia a un régimen autocrático en la cúpula y oclocrático en la base. Mejor buena letra hizo para demostrar su fervor masista, un cura renegado que primero arremetió contra un obispo, luego le tocó al Cardenal, y siguió con el Papa: ¿mañana será el turno de Jesucristo?

Quizá creyeron lo del estatus de potencia mundial que alardeó el Vicepresidente, en ocasión de homenajear la bandera tricolor, una que leyendo diarios viejos se recuerda que fue relegada por whipala que antaño fuera de los tercios españoles en Flandes, y hoy es pendón gay. Lo cierto es que los aleccionados ‘movimientos sociales’ estaban de ida a Perú, a frenar convenios comerciales con la Unión Europea, en las que Bolivia quedó al margen. Se les advirtió que allí enfrían ardores de bloqueadores con chorros de agua fría, cuando no les llueve chaparrón de balas. Quebraron la cola, menos mal.

El papelón ilustró la diplomacia de discursos de plazuela que ejercita el Presidente. Desconoce que la afinidad ideológica no es factor dominante en las relaciones entre países; la propia Venezuela lo demuestra: su primer socio comercial es el ‘imperio’. Es iluso centrar políticas de gobierno sobre fracasado dirigismo estatal. Taponar mecanismos de integración comercial es insensato. A la miopía de un gobierno que ha puesto cortapisas a exportaciones del país, peor si son cambas, las asfixiantes marchas, bloqueos y huelgas de hambre que engordan, son los nuevos productos de exportación fomentados por el régimen y aviados con recursos chavistas a países vecinos, si se dejan.

En última instancia, se desdibuja Evo Morales porque la economía no perdona que se la descuide. No terminaron de enfriar acalorados alardes de blindaje frente a la crisis, que sus efectos desmienten las paradas de gallo viejo del gobierno: paros en aumento; productos en espiral inflacionaria pese a intervención estatal; deficiente oferta en la demanda interna de energéticos.

Alarma la merma de reservas monetarias en gastos insensatos, como la propaganda para aprobar el mamotreto de Constitución. Ahora están en vías de perpetrar una tontería aún mayor: echar mano a reservas de divisas para alimentar a la mamona de YPFB. La falsa nacionalización dejó al país con reservas insuficientes de gas natural y espantó a las inversiones petroleras. Nombrados a dedo que sólo saben poner una mano al pecho y el puño en alto están a cargo del negocio: como dándole navajas a monos, pedacearán las reservas monetarias, útiles en la época de vacas flacas que se avecina.

Un desdibujado Evo puede creer que está “en un momento histórico fundamental”, como dijera el ministro de los epitafios, pero terminará como el ciego que primero patea la canilla y luego extiende la mano para pedir limosna.

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