Bolivia y Estados Unidos

Una entrevista imaginaria con Mark Twain da pie a la revisión de las relaciones del régimen de Evo Morales con EEUU.  Urge cambiar poses grandilocuentes y acomodar nuestros intereses con el pragmático de la potencia del norte.  Democracia, narcotráfico, ayuda al desarrollo e inversiones son temas de interés común.

Soñar no cuesta nada. Me propuse ganar el Pulitzer, ya que en Bolivia no existen premios que incentiven a los columnistas, aunque las chambonadas de los gobiernos incitan a la musa criticona. Soné una entrevista al estilo de Mark Twain, en un imaginario Picayune Times (PT) publicado en la calle Bourbon, claro, cerca de los boliches de la buena vida de Nueva Orleáns.

PT: ¿Qué dice sobre la actitud del gobierno, concretamente del Presidente Morales, hacia los EEUU?

WE: Un librito que cala en el imaginario boliviano es la colección de viñetas de Melgarejo escrita por O’Connor D’Arlach. Resalta la expulsión de Bolivia del enviado de la Reina Victoria de Inglaterra, en burro y montado al revés. No podía la entonces primera potencia del mundo enviar sus fragatas y lavar afrentas a cañonazo limpio. Pasó poco tiempo y la alianza chilena con el otro brazo de la hegemonía inglesa -sus comerciantes- mató dos pájaros de un tiro: cobró agravios a Su Majestad y rindió réditos con el despojo del Litoral.

Quizá el cacumen de Evo Morales era tierra abonada con la leyenda de la expulsión del enviado de la mayor potencia del siglo 19. Quiso repetir la travesura a comienzos del siglo 21 con el embajador de EEUU, la potencia hegemónica de estos tiempos. El catalizador fue la emulación a ultranza de su padrino Hugo Chávez, que contagió la fobia contra el imperio -como el cínico megalómano de Caracas llama a su principal socio comercial.

PT: ¿Qué antecedentes hacen incomprensible la inquina del gobierno de Evo Morales contra los EEUU?

WE: EEUU ha sido la mayor fuente de socorro externo a esta Bolivia aquejada por la malaria recurrente de espejismos de renovación revolucionaria desde 1952, siendo que todo cambia para seguir igual. EEUU ha seguido invariable en actitud amistosa hacia la reivindicación marítima boliviana, desde el republicano Reagan hasta el demócrata Carter. EEUU amasa su complejo misionero, vinculado hoy a intereses energéticos, con la simpatía por el cambio en la Bolivia folclórica que pregona a su favor el etnopopulismo actual. Nada mengua la ingratitud hacia esa eterna nalga a guasquear por las aflicciones latinoamericanas.

PT: ¿Qué ha cambiado en el escenario mundial?

WE: Varios canes contestatarios ladran rabiosamente, quizá porque el elefante anda con trompa y colmillos ocupados en dos guerras estúpidas. Pero después de las picaduras de hormiga al elefante -las afrentas de Evo Morales a la primera potencia mundial- ahora se ciernen sobre el país los nubarrones de la crisis. Se habla ya de reconstruir las relaciones con EEUU. Tal cometido requerirá más que supuesta afinidad de color de piel entre gobernantes, coincidencias discursivas de cambio entre regímenes, o el estribillo mendigo de la pobreza del país.

PT: ¿Qué sugiere al gobierno boliviano?

WE: Es indispensable enlazar nuestra política al interés pragmático de EEUU en Bolivia.

PT: ¿Cómo se lo haría?

WE: Deponiendo ilusiones de ser potencia mundial y conectando nuestra conveniencia a los intereses pragmáticos de EEUU en Bolivia.

PT: ¿Cuáles son ésos?

WE: Es fácil identificar dos intereses y una conducta operativa invariables. El estandarte de la democracia representativa es portado por EEUU desde la Primera Guerra Mundial. La lucha contra el narcotráfico es una segunda preocupación prioritaria estadounidense.

La cooperación al desarrollo como brazo operativo de la política exterior de EEUU, por el tamaño de su economía, cuantitativamente sigue siendo la mayor del mundo, aunque no llega al talón del porcentaje sugerido como pauta para las naciones ricas.

PT: ¿En qué coinciden los intereses de ambos países?

WE: Empecemos por reconocer que la relación es desigual de entrada. Es como bailar un tango, donde el que mete la pierna es el varón, en este caso el país más poderoso.

La primera coincidencia es la democracia. Su fortalecimiento en los últimos cinco lustros ha sido pivote estadounidense, a veces no exento de intromisión, como la del enviado metiche que propulsó a la presidencia al actual mandatario.

Sin embargo, la democracia representativa no es la autocracia en la cúpula y oclocracia en la base que impulsa el régimen de Evo Morales. No abarca el debilitamiento sistemático de instituciones nacionales y regionales, aspecto saliente de este gobierno. Se resiente con la propensión a copiar modelos autocráticos que van de la mano con el populismo. No tolera la alineación al fósforo con ententes contestatarias con las cuales no hay intereses comunes, salvo el blablá.

El segundo interés es el narcotráfico. La presencia estadounidense persistirá, así sea secreta en el caso de la CIA o encubierta en el de la DEA, más aún con el contubernio en ciernes entre narcotráfico y guerrilla. Desdeñar la capacidad gringa de generar inteligencia sobre tan poderoso enemigo es majadero. Reducir cultivos de coca no debe obedecer a caprichos cocaleros, sino a un nuevo estudio de uso y comercialización legales de la hoja.

Una tercera prioridad será disminuir efectos de la merma de recursos, que, igual que la espantada de inversiones en el sector petrolero, provocaron las poses de matón de barrio del gobierno. Se debe insistir en la presencia de USAID, pero con proyectos que incluyan fomento de contraparte boliviana, sea en instituciones existentes o por crear, porque la ayuda no debe ser para siempre, como la adicción a la morfina.

PT: ¿Usted cree que es posible reconstruir las relaciones con EEUU?

WE: Resumiendo, ¿qué le duele al elefante estadounidense si una hormiga etnopopulista le pica la callosa pata? Mejor lo hace algún país que se asemeja al pajarito que se alimenta de parásitos en la espalda del mastodonte. En política exterior todo es posible, pero yo soy escéptico de que sobre las bases precedentes se puedan rearmar las relaciones entre Bolivia y EEUU.

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