Caricatura de blindaje económico

En Bolivia se malgastan fondos públicos en marear la perdiz de que no seremos afectados por la crisis mundial. La economía boliviana no está blindada, más aún con la sequía de inversiones petroleras, la agresión a la agropecuaria de Santa Cruz con el puñal de la provisión de diésel y el cierre de los acuerdos de integración comercial. La inflación se come los salarios, mientras el gobierno se empecina en una moneda artificialmente fuerte, mientras los vecinos devalúan sus divisas.

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En tiempos de crisis mundial, qué afán ese de los políticos de hacer la del mono que no ve, no oye, pero sí habla y alardea de una supuesta coraza que protege al país de efectos negativos.

Quizá el mejor análisis sobre el blindaje económico, nombre que se le ha dado al supuesto escudo protector, lo esbozó en cuadros el caricaturista Beto, de México. En el primero, una testera con micrófono, con recuadro que anuncia que “el experto en economía nos expondrá sobre el blindaje ante la crisis económica”. El siguiente muestra el solitario atril, con trac trac trac de algo que se aproxima. El tercero muestra al disertante, un monigote de lata, rígido y propenso a trastazos. Como la armadura del Inspector Clousseau de Peter Sellers, en el jocoso baile de disfraces del primer film de la Pantera Rosa.

En Bolivia somos tan crédulos y pasivos, que se llega a extremos de malgastar fondos públicos para marear la perdiz. Como embutir la caricatura del regordete ministro de Hacienda disfrazado de superman en vuelo con dos bolsas de dinero en las manos. Con sardonia, las talegas quizá representan a los maletines, modelo Antonini, con que Hugo Chávez regalaba gastos reservados a su ahijado Evo Morales; es algo que parará ahora que se cayó la estantería de los precios de hidrocarburos. O tal vez los talegos aluden a depósitos de coimisiones en alegre vuelo a algún banco en las Islas Caimán.

En la dieta de propaganda de politiquería con la que se ha anestesiado al país, parece haber amainado la preocupación ciudadana con la economía, área vital de una buena administración gubernamental. Es materia en la que Evo Morales tiene nota de aplazo. Pareciera que su régimen mira la desaceleración económica mundial, como el tonto que se entera del maremoto en Indonesia y asoleándose cual caimán en playa de Tailandia no se preocupa del tsunami que llegará.

¿Está blindada la economía boliviana a reverberos de la crisis mundial? Por supuesto que no. Más aún con la sequía de inversiones petroleras, que tiene al país en colas por la escasez de garrafas de gas, para no hablar de la solapada agresión a la agropecuaria de Santa Cruz con el puñal de la provisión de diesel. Peor cuando viene después de la sandez de cerrarse a los acuerdos de integración comercial, como el ATPDEA y el acuerdo CAN-Unión Europea. Se vuelve desastre cuando la inflación se come la parte del león del salario de la gente, en alimentos parte de los cuales son importados de países vecinos que han reajustado sus precios en razón de la crisis, o del productor cruceño que compra combustible del mercado negro.

Ignacio Cerruto, Nachito para los amigos que, como yo, tienen en este abogado cruceño un mecenas de libros e ideas, corrobora que la petulancia gubernamental sobre el blindaje económico, se basa en las reservas de divisas que el país tiene en el Banco Central.

Son unos inéditos $8.000 millones de dólares, en un país misérrimo que apenas llegaba a un par de millardos, antes de la capitalización de Goni y la mal llamada nacionalización de hidrocarburos de Evo, que solo fue una renegociación de contratos con las petroleras (y remiendo de miembros y transplante de cerebro chiquito en el Frankenstein del nuevo YPFB). Comparen los $8.000 millones de Bolivia con las reservas de $16.840 millones de Chile, los $27.780 millones de Perú, los $46.120 millones de Argentina; lloren con los $180.300 millones de Brasil.

Son ilusorios los famosos $8.000 millones de reservas en que se basa el espejismo del blindaje económico boliviano, como risible es la paja mental del Vicepresidente en sentido de que Bolivia es hoy una potencia. De ellos, $3.300 millones se escamotearon a las AFP con la confiscación de la Ley de Pensiones; ¿de dónde sacarán la plata para pagar a los jubilados? Otros $2.500 millones corresponden a la deuda externa, es decir, lo que Bolivia adeuda a los países y organismos de financiamiento. Evo Morales, con sus paradas de guapo del barrio (de Chijini), perdió $2.000 millones de la Cuenta del Milenio que se iban a condonar de pura pena al país. Se deben $2.300 millones a la banca privada, que si se dejaran de honrar llevarían a la banca nacional al tacho de la basura. $3.300 + $2.500 + $2.000 = $8.100; ¿qué bonanza hay en las reservas para presumir de blindaje económico?

Encima el gobierno ha metido mano a las reservas de divisas, dándole $1.000 millones al Frankenstein de YPFB, dizque para recuperar pozos viejos y explorar yacimientos nuevos. No puede sino oler podrido, si se estima que se requieren $2.500 millones de dólares por año para encarar un agresivo plan quinquenal, que haga realidad lo que es una ilusión: convertir a Bolivia en país petrolero y gasífero.

El carnaval del Banco Productivo de Desarrollo corona tal castillo de naipes. Capitalizado por plata venezolana del quebrado Banco Unión, ya hay indicios de que será otro baldear de agua a las arenas del desierto de la corruptela. Para prueba, ahí está el sospechoso de siempre en Santa Cruz, que por medio de testaferros muertos de hambre, con fondos del gobierno acumula cientos de inmuebles, urbanizaciones, sociedades comerciales, vehículos de lujo y hasta una aerolínea. Rondan, ominosos, los fantasmas del Banco Minero, Banco del Estado, Banco Agrícola; pueden estar muertos, pero están vivitos y coleando los que se aprovecharon de ellos.

Este régimen se ventea en los blindajes contra la corrupción, como las normas de adquisición y contratación y el control de la castrada Contraloría. Dice la Fundación Milenio que el blindaje económico nacional es simplemente de papel. Según el gobierno, protegerá a Bolivia de los efectos directos de la crisis financiera mundial y de la recesión económica de las principales potencias del mundo. Con el estatismo centralista volvieron las oscuras golondrinas de la corrupción y la ineficiencia.

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