Infortunio de zafios y leguleyos

La historia boliviana de hechos de mal agüero y colusión de ignorantes audaces y leguleyos arribistas, sirve de trampolín para analizar la insensata política económica del régimen de Evo Morales.

Puede que me reputen como un lóbrego Mussorgsky, con cuya “Noche en la Montaña Pelada” sobrecogía a mis hijas para tenerlas más arrebujadas en mi regazo, mas algún día intentaré reenfocar la historia de este país. Combinaría hechos de mal agüero, con infortunios de mal gobierno resultantes del apareamiento de zafios y leguleyos. Ojala tuviera el éxito del collage de dudoso rigor histórico que es “Dichos y hechos de Melgarejo”, de uno cuyo ilustre apellido ronda hoy enlodado en sangre y caca.

Empezaría con los que ahora se culpa de todo, también con poco rigor histórico: los barbados armados de caballos, arcabuces, perros amarillos, ruedas y ambición de los “500 años”. ¿Quizá la mala leche ya había signado la suerte de Atahuallpa cuando ordenó la muerte de su hermano Huáscar?

El contraste entre heroicos guerrilleros de la Independencia con enlevitados doctores de dos caras sería otro componente. Ha legado el penoso pareo del “hombre cobarde no entra a Palacio”, y el Rasputín asesor que sopla las respuestas al audaz pero ignorante -tan vigente en la variante de utopías populistas fracasadas hoy en día.

Seguiría con la penosa despedida a nuestro primer Presidente, en los hechos el Mariscal Sucre, cabalgando de regreso a su país con el libertador brazo baldado por un balazo, en una de las primeras asonadas motivadas por oscuros intereses, que dan notoriedad a este infeliz país.

Intentaría una evaluación de Andrés de Santa Cruz y Calahumana, primer mestizo encaminado en la dirección correcta, que nos llevara al símil de ser la Prusia americana en sus diez años de buen gobierno por dentro, pero inclinado a insólita fraternidad -dicen que por la masonería- que lo llevara a la ruina por fuera. ¿Andaba sin sueño por su ancestro de aymara o de español, como alguno de hoy, o se veía como boliviano (o peruano)?

Dice el adagio popular que dos tetas halan más que dos carretas. Me daría pie para tratar una confrontación en que se relegó el buen gobierno por un lío de faldas: el encono entre José Ballivián e Isidoro Belzu por una poetisa, tal vez de dulce rima en interludios pasionales. Tal trío amoroso sería trasfondo para enfocar quizá una primera constante del drama del país: desdeñar al buen gobernante que otea el futuro de la patria, por el demagogo repartidor de plata, promesas y esperanzas a la plebe.

Me falta espacio para contrastar la previsión de un Adolfo Ballivián, al que el Congreso negó la opción de comprar los blindados que luego ocuparían Antofagasta, con la fantochería de un Hilarión Daza abrumado por el desierto. La tragicomedia del fanfarrón Melgarejo con la honestidad de un probo Linares.

¿Y qué de esa otra constante: a guerra perdida, gobierno de militares derrotados, asesorados siempre por leguleyos arribistas de la anti-historia? El lloriqueo del “un 23 de Marzo, dijo Abaroa, que se rinda su abuela, carajo, viva Bolivia”, contrasta con que hoy los reconocimientos militares en fronteras son para matutear carros.

Guerra olvidada la del Acre, con tropas llegando meses después de luchas entre el invasor brasileño y civiles de la Columna Porvenir, en la que un indígena lanzó la saeta que salvó lo que hoy es la capital pandina. ¿A qué santo Pando?, ¿por qué no Bruno Racua?; ¿a qué santo Cobija?, ¿por qué no Riberalta?

A riesgo de devolver el matinal café con marraqueta con la guerra del Chaco, ¿no fue penoso el contrapunto del Presidente que apenas blandía su bastón, con el general teutón que se dejó madrugar por un Estigarribia que por años había deambulado por el inhóspito monte? Encima la seguidilla posterior de gobiernos de militares emboscados o vencidos con asesores leguleyos.

El remate sería el desgobierno actual y su desprecio por la economía. En tres años desbarató el futuro de Bolivia como nodo energético del sur del continente, con paradas de patotero de barrio en falso nacionalizar de hidrocarburos, ocasionando helada de inversiones y pérdida de mercados del gas natural, reacios a depender de la buena cara de nadie, como dijera Lula.

A la sandez de quitar al productor nacional mercados de EEUU y de la Unión Europea, añaden la bobada electoralista de herir con la prórroga de importar ropa usada. Lograron mermar en 51% las exportaciones del sector agropecuario cruceño, y eso que el régimen de Evo Morales, con petrodólares que malversa su padrino Hugo Chávez, copó una empresa mayor de la soya. El tiro de gracia fue desaprovechar el auge de precios de los minerales en el sector minero, que ahora enfrenta un triste momento.

Lo sugiere Humberto Vacaflor, lúcido analista quien adelanta además lo que pudiera ser la madre del cordero del desmadre. Según un Rasputín del régimen de Evo Morales, “la destrucción purificadora”…debe venir…”antes de proceder a la construcción revolucionaria”.

No creo en “q’encherios”, aunque de que los hay, los hay. Quizá lo que nos tiene en un trance penoso es la mala gamba resultante de baldar el brazo liberador de Sucre. Sostengo que Bolivia está privada del buen gobierno por la mezcla de ignaros de pantalla con sabihondos y arribistas codiciosos de fondo.

Porque hay extremos entre los que creen, como Marx, que si los filósofos han interpretado al mundo, lo importante es cambiarlo. Imitan a Fidel Castro los leguleyos neo-castristas que nutren desatinos al autodenominado indio de Orinoca, a su vez remedo del bellaco del Orinoco. O peor, a Pol Pot, quien durante su dictadura impuso colectivizar el agro para la construcción revolucionaria en Camboya. Con el amasijo demagógico de relocalización  forzada, mano de obra esclava, desnutrición y ejecuciones sumarias, mataron a casi dos millones de personas. ¡Qué diferencia con émulos de Saint Simon, quien creía que una sociedad más equitativa puede lograrse con erradicar el egoísmo y la codicia humanos a través de la educación!

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