Tal vez fue la desazón de la clase media con los desaciertos de la democracia representativa, lo que abrió la Caja de Pandora de los males del populismo autocrático que hoy aqueja a la patria. Pero si quedó la esperanza en el fondo del cofre mitológico de los sufrimientos desatados, se plasme ella en la primacía de la sensatez y el abandono del egoísmo en políticos opuestos al carnaval demagógico.
Gozar de mi jardín a la caída de la tarde tiene sus peligros. A pesar del esfuerzo de tenerlo bien peluqueado, a veces se descuida la desactivación de las minas terrestres de la tortuga Matilda, la perra Pluta y el gato Mandinga. El micifuz llora como político opositor, defeca cual ministro ‘originario’, y no cubre sus inmundicias –como uno que piensa que durará para siempre en el poder. Eso cavilé al leer un reporte de que amainaría la taquicardia provocada por el Presidente despotricando y lanzando saetas a diestra y siniestra, que a veces lo asemejan a déspota andino precolombino; otras, a fundamentalista sátrapa persa, siempre copión del autocrático titiritero bolivariano.
No es queja de que no llueva café. Al fin y al cabo las chambonadas y truculencias de su gobierno son material para mis sardonias. Pero se deformó el tamaño que tiene Evo Morales en el recuento de mi producción de acuerdo a temas. Lo que es una advertencia, coreada a voces por mis familiares, para bajar el tono y variar mis artículos, no sea que termine olvidado en una celda en el campo de concentración en que han convertido a Chuquiago.
Noticias de los últimos días desnudaron que la postura conciliadora del Presidente era parte del pan y palo que es característica del régimen: cada vez menos pan y más palo. Gozar del jardín boliviano es día a día más expuesto a embarre oloroso en las minas terrestres que plantan los que mandan.
Negro como excremento de tortuga es el contrasentido de atizar el odio a los cambas con el estribillo del supuesto separatismo cruceño, mientras la republiqueta aymara de Achacachi y el feudo cocalero del Chapare están al margen del ordenamiento jurídico y del control policial. El operativo en Pando, con masacre de Porvenir quizá urdida por el gobierno, tumbó a un Prefecto elegido en las urnas, hoy preso sin derecho a recurso legal. El asesinato de supuestos terroristas en un hotel de Santa Cruz, resbaló a decreto que incauta bienes a sola sospecha; ¿será una argucia para tomar por asalto esa plaza mayor que es la locomotora económica del país? Descabezar al Poder Judicial es la culminación de un plan para desinstitucionalizar la democracia, iniciado con el Tribunal Constitucional y la Corte Nacional Electoral. ¿Juzgarán con el mismo rasero a presos raptados por encapuchados, y a linchadores, roba casas y flageladores gobiernistas?
Huelen a caca de perro las medidas de cambio del régimen, que más parecen ‘robolucionarias’. En YPFB, donde me late que asentado el polvo, el hermano Santos será liberado y se desternillará de risa camino a su mansión de millón y cuarto de verdes sin peligro de incautación. ¿Cómo auditar al Plan de Reconversión Productiva, si fueron muertos de hambre los que reconvirtió en prósperos oficialistas? Quedarán sin respuesta preguntas sobre repartijas y sobreprecios a la mandamás de la Administradora Boliviana de Carreteras, ahora premiada con ministerio. ¿Habrá alguna tesis de grado de universidad indígena sobre el dolo en la quiebra de la Empresa Nacional de Televisión Boliviana? En el fracasado Plan Nacional de Vivienda Solidaria, la solidaridad ha premiado a los bolsillos de ladrones de cuello no blanco, sino percudido y sin corbata. ¿Algún valiente periodista investigará sobre la farra de más de dos mil millones de dólares en gastos corrientes de las empresas estratégicas del nuevo Estado Plurinacional? Las compensaciones por debajo de cuerda a la transnacional, inmerecidas algunas, hacen burla cruel del bullado traspaso de ENTEL “a los bolivianos”.
Pocas cosas son más hediondas que la mierda de gato, más aún si enseguida viene acompañada de gimoteos pidiendo más comida. Recuerda al falaz discurso de los 500 años, que a la postre es solo muletilla que justifica un “ahora es nuestro turno de robar” con que alguna oficialista justificó excesos propios de una dictadura. Si Evo Morales mostró la hilacha de su megalomanía cuando nombró monumento nacional su aldea natal apenas llegó al poder, ¿no se parece al Bánzer del Sesquicentenario al imponer su efigie en monedas que conmemoran el Bicentenario?
Mientras las minas terrestres de la demagogia y el autoritarismo hacen cada vez más riesgoso gozar del hermoso jardín de nuestra Bolivia, los rosales de la inversión productiva están llenos de estériles bolas donde hasta ayer hubo capullos y flores. Los frutales de la exportación han sido mutilados por cortapisas a los acuerdos de comercio, las prohibiciones y la provisión errática de combustible. No soy el único en cavilar si el actual terrorismo de Estado es fuego de artificio para tapar el auge del narcotráfico, el contrabando en aumento, y el surgimiento de una oligarquía ladrona de claro tinte etnocéntrico.
Encima, le tienden la mesa al régimen los políticos de la oposición, tan insulsos como los colibríes que se pelean por bebederos de agua almibarada que he puesto en mi jardín, con sus ilusiones de ganar por separado en el voto al ubicuo caudillo populista cuya imagen se ve por doquier, repartiendo plata como si fuera suya en temprana tarea electoral. Y amenazando a opositores.
Tal vez fue la desazón de la clase media con los desaciertos de la democracia representativa, lo que abrió la Caja de Pandora de los males del populismo autocrático que hoy aqueja a la patria. Pero si quedó la esperanza en el fondo del cofre mitológico de los sufrimientos desatados, se plasme ella en la primacía de la sensatez y el abandono del egoísmo en políticos opuestos al carnaval demagógico. Es algo que se sabrá si en las próximas elecciones se aglutina una oposición compacta y efectiva, que por lo menos elija una mayoría de los congresistas. ¿O será que como dijo Salamanca de sus coterráneos, se pueden sembrar nabos en las espaldas de los bolivianos?
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