La colusión entre falsos adoradores de la Pachamama y fanáticos de la protección del medio ambiente, está dando lugar a un engendro aún más ominoso: la fusión de la “evolatría” indigenista y la “ecolatría” fundamentalista. En ambas aberraciones, vale el alerta de Michael Crichton, de que “el mayor reto que tiene que afrontar la humanidad es el reto de distinguir la realidad de la fantasía, la verdad de la propaganda”.
A Freddy Hecker lo critican en su pueblo chico, infierno grande, por dedicar mucho tiempo a la actividad intelectual con el Internet, sin percibir que tal afición lo enaltece, en un medio en que envilece la rutina de los tristes tropiques, tal como lo han anotado Fawcett y Levi-Strauss. Es una solitaria voz que trato de ampliar, en contra de medias verdades y mentiras completas engendradas por el maridaje entre etnopopulistas de culto a la Pachamama y ecologistas de sesgado cuño. Unos y otros claman por la paja en el ojo ajeno, sin notar la viga en el propio.
El culto a la Pachamama en este gobierno etnopopulista, que llamo pachamamismo, se basa en falacias etnohistóricas que enaltecen un pasado que escarbado objetivamente, tiene las mismas injusticias y truculencias del hombre lobo del hombre de Hobbes. Proclaman una maravilla natural al Lago Titicaca, a tiempo de vaciarle sus desechos sólidos. Ventean copal en “mesas” honrando a la Madre Tierra, mientras contaminan ríos amazónicos y platenses: matan alevines e infectan peces con deslaves químicos de minerales y pozas de maceración de cocaína.
El pachamamismo tiene su poderosa contraparte mundial: la ecolatría. El afamado novelista Michael Crichton fue un bastión rebatiendo conjuras y mentiras del ecologismo militante. Como antropólogo que fue, lo definía como una nueva religión. Como médico que fue, en profesión en que la intervención para salvar vidas es indispensable, alegaba que la intervención humana en su entorno natural debía despojarse de dogmas catastróficos.
Pero el poderío de los grupos ecologistas se mide en sus recursos. Solo en los EEUU, los doce principales grupos de presión generaron $1.950 millones de dólares en 2003. Crichton concluía que “la mayoría de los ‘principios’ ecologistas (tales como el desarrollo sostenible o el principio de precaución) tienden a preservar los privilegios económicos de Occidente”. Constituyen una moderna cepa de virus del imperialismo respecto al mundo en desarrollo, a través de ONG ecologistas.
Ejemplo de colusión entre falso pachamamismo y ecolatría fanática es oponerse a la construcción de represas en el río Madera. Hecker rebate a los catastrofistas punto por punto. Menciono algunos. A pesar de la propaganda ecologista, la mayoría de los amazónicos apoyan las represas. Éstas solo inundarán terrenos que se anegan anualmente de todas maneras. La gente afectada no llega a 2.000 personas, indemnizadas con tierra, viviendas y recursos por el gobierno brasileño. Mentira que los pescadores perderán su fuente de subsistencia: las represas cuentan con elevadores para peces a fin de atravesarlas, además de esclusas para la navegación. A lloriqueos por indios Pacahuaras y Chacobos, Hecker responde: soy testigo ocular que en 1973 huyeron los últimos pacahuaras a Brasil y ahora cuentan con su propio territorio indígena en Rondonia. ¿Y los Chacobos? Viven en Alto Ivón, río no navegable, razón de que no los hubieran matado hace tiempo, en la frontera de las provincias Vaca Diez y Yacuma, lejos del área de influencia de las posibles represas.
En más de una docena de artículos he tratado de enhebrar el futuro amazónico boliviano con la preservación de su naturaleza, el turismo ecológico y su potencial hidroenergético. Creo que conservar parques y reservas –un tercio de nuestro territorio, del cual casi un cuarto es beniano- requiere fondos que se obtendrán del turismo ecológico.
El potencial amazónico como proveedor de energía es innegable. Su acervo natural se preservará si parte de los recursos generados son utilizados en financiar guardaparques, estaciones y personal científico, etc., necesarios para poner coto a la nociva depredación que señorea. Parece contradictorio, pero se basa en la experiencia de países donde los efectos de la intervención se han compensado copiosamente.
A través de esclusas paralelas a represas hidroeléctricas, tanto en la parte boliviana como en la brasileña, será navegable el acceso al mar a través del Amazonas. Complementan la Hidrovía Paraguay-Paraná en el sudeste, desarrollada por pioneros privados, no estatales. Vienen como anillo al dedo al volcar el país al Atlántico, mientras esperamos a las calendas griegas cuando Chile otorgará soberanía a un cordón umbilical al Pacífico, o el régimen de Evo Morales, iluso, cese su jugar a las guerritas con el gobierno del Perú.
Así como Crichton alertaba del peligro de la politización amarillista de la ciencia so pretexto de proteger el medio ambiente, en Bolivia se lamenta la politización falsaria de la historia, para dar legitimidad a desmanes en nombre de supuestos cambios.
¿Qué mayor contrasentido que llenarse la boca con la Pachamama, mientras cocaleros aliados con tronqueros destruyen parques nacionales, y sus cómplices pichicateros envenenan las aguas con residuos vitriólicos de fabricar droga? ¿Qué mayor ignorancia que desconocer o soslayar ingresos por generación de energía renovable, acoplada con la creación de fondos para fomentar el turismo ecológico y preservar el medio ambiente? ¿Qué mayor muestra de etnopopulismo andinocéntrico, que desdeñar la coyuntura de acceder al mar por el río Amazonas? ¿Qué mayor contradicción que un gobierno pregonado como antiimperialista, que hacerle el juego a ONG’s serviles a intereses foráneos –nuevas formas de dominio que perjudican el progreso del pueblo?
La colusión entre falsos adoradores de la Pachamama y fanáticos de la protección del medio ambiente, está dando lugar a un engendro aún más ominoso: la fusión de la “evolatría” indigenista y la “ecolatría” fundamentalista. En ambas aberraciones, vale el alerta de Michael Crichton, de que “el mayor reto que tiene que afrontar la humanidad es el reto de distinguir la realidad de la fantasía, la verdad de la propaganda”.
Etiquetas: Beni, Ecología, Recursos Naturales, Relaciones con Brasil, Turismo