Me solacé con un reportaje sobre una centena de jóvenes de todo el país, reunidos en la sede de gobierno en el Encuentro Nacional de Jóvenes por la Paz y la Inclusión Social. Fue un primer paso para que mediante la convivencia, se tiendan puentes entre la diversidad de los bolivianos, amortiguando cuando menos las asperezas de prejuicios que unos tienen por la ignorancia del otro.
Al tiempo de atacar la ignorancia de unos con otros que subyace a los prejuicios étnicos en Bolivia, es preciso imbuir espíritu crítico en los jóvenes. Que les permita discernir con razonamiento entre tanto papo mentiroso de circunstanciales salvadores de la patria.
Presiento que la Ciudad Blanca se tornará en urbe hedionda por los abundantes pipís y popós que dejarán tres mil mineros y un número no determinado de campesinos encargados de la seguridad del primer mandatario. Esto sin contar al numeroso equipo de seguridad –chavista, castrista, masista y alguno del MRTK. Cuando era Presidente Carlos Mesa no necesitaba semejante blindaje humano para caminar por las calles en La Paz. ¿No será que además de pretender 50 años de permanencia en el poder, Evo Morales está copiando la paranoia castrista, aparte de la locuacidad irresponsable del padrino Chávez?
Salgo de tan olorosa divagación porque me propuse escribir algo propositivo coincidiendo con las fiestas patrias: el 6 de Agosto, día de la fundación en 1825 de la República de Bolivia, y el día siguiente que conmemora a su bandera, la tricolor. Retorno a lo propositivo sin sustraerme a la renuencia al rimbombante Estado Plurinacional de Bolivia, y a la wiphala multicolor copiada de tropas españolas, con que el actual régimen engrupe con abalorios de color de cambios étnicos de forma, además divisivos y no inclusivos.
Reflexioné que la unidad en la diversidad que requiere Bolivia no será posible sin conocernos los unos a los otros. Que tal es un efectivo antídoto contra los prejuicios étnicos, raciales o de clase en un variopinto país como es el nuestro. Lo he machacado en varios artículos, antes de que los ideólogos del socialismo del siglo 21, variante populista de corte aimara, impusieran el mamarracho plurinacional en relevo del ideal de la interculturalidad.
Anoté que experiencias como el servicio militar de soldados enviados a los confines de la patria, y los destinos de oficiales a las diferentes unidades, propiciaban que mojeños conociesen a guaraníes y aimaras aprendiesen a nadar en el Mamoré; que oficiales collas se casasen con damitas cambas. Evoqué a los Jesuitas de antaño, que siendo catalanes, vascos, genoveses, sajones o eslovacos, no vinieron a las lejanías sudamericanas para promover compartimientos étnicos o lingüísticos, sino crearon la língua geral –como hoy es el español. Convencido de que hay formas constructivas de nutrir el orgullo de la raíz india de nuestro innegable mestizaje, propuse que en vez de exacerbar prejuicios racistas o regionalistas con reformas educativas sesgadas, se promoviese que estudiantes de secundaria pasasen un tiempo de intercambio en establecimientos fuera de su región.
Por eso me solacé con un reportaje sobre una centena de jóvenes de todo el país, reunidos en la sede de gobierno en el Encuentro Nacional de Jóvenes por la Paz y la Inclusión Social. Una foto de los adolescentes resumía todo. En ella resaltaban los matices faciales de café con leche que distinguen a los latinoamericanos –raza cósmica como diría Vasconcelos-, de la cual la variante boliviana es una. Como decía el reportero, el encuentro fue un primer paso para que mediante la convivencia, se tiendan puentes entre la diversidad de los bolivianos, amortiguando cuando menos las asperezas de prejuicios que unos tienen por la ignorancia del otro.
Ojala que eventos similares se realizaran en otras regiones del país, en capitales departamentales y ciudades intermedias. Si el nombre aimara de la entidad auspiciante solo tiene sentido nacional cuando es traducido a nuestra lengua franca –el español- sería deseable que se enfatice lo que nos une y reduciendo los prejuicios que nos separan.
Como hiciera el Presidente Obama a sus compatriotas negros, se necesita machacar que más que buscar la realización personal en el rap o en el baloncesto –en Bolivia la cumbia chicha y la politiquería- es preciso estudiar más y fijar metas de mayor alcance. Sin prestar oídos a necedades de los que deberían dar mejor ejemplo a la juventud, como esa de que “si en España manda un Zapatero, por qué en Bolivia no iba a ser Presidente un cocalero”, proferida por el amado líder que requiere miles para su seguridad.
Entonces tomó presa de mí la suspicacia despertada por el discurso involutivo y cantonalista de este régimen. Ocasionó mi cambio de estado de ánimo el preámbulo del texto final compatibilizado de la nueva Constitución. Ese mentiroso “jamás comprendimos el racismo hasta que lo sufrimos desde los funestos tiempos de la Colonia”. ¿No era el prejuicio racista anterior a los españoles, que hacía que los “orejones” Incas, se distendieran los lóbulos de las orejas con aparatosos aretes de oro para diferenciarse de sus vasallos, entre los que se contaban los aimara? Ciertamente no fue por admiración, sino por racismo excluyente, que un conquistador Inca frustrado de no poder subyugar a los Ava, ajusticiase a un grupo de prisioneros dejándolos morir de frío, llamándolos desde entonces “mierda fría” (chiri: frío; guano: estiércol).
Al tiempo de atacar la ignorancia de unos con otros que subyace a los prejuicios étnicos en Bolivia, es preciso imbuir espíritu crítico en los jóvenes. Que les permita discernir con razonamiento entre tanto papo mentiroso de circunstanciales salvadores de la patria.
Si la meta de un acuerdo social plasmado en una Constitución es lograr el bien público a través del buen gobierno, ¿cuánto de edificante tiene la glorificación constitucional de la llamada “guerra del agua”, si con el corrupto manejo estatal ese recurso está más lejos que nunca de los pobres?
Cuando se ventila de a poco la claudicación a Chile en negociar los acuíferos de las vertientes de Silala, sopla viento de cola para develar la verdad –el actual gobierno estuvo detrás, aliado con el ahora “enemigo” Perú- en otro mito orlado de heroicidad patriotera: la defenestración de un gobierno electo democráticamente mediante la llamada “guerra de octubre”. Aquella del “ni una molécula de gas” al ahora “amigo” Chile.
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