Se comentan propuestas de la oposición rumbo a las elecciones de diciembre. Falta valentía y visión de futuro en políticos siempre con exceso de inmediatismo, evidentes en su tácita adhesión a las fantochadas de populismo demagógico o de retorno al capitalismo de Estado. Olvidan que ambos fracasaron en décadas previas al retorno de la democracia representativa en 1982. En el régimen de Evo Morales, fracasarán otra vez, cuando de aquí a algún tiempo se realice un balance en blanco y negro, que será plagado de cifras rojas, contables e ideológicas.
Hace años que guardo en archivo de pedazos y retazos, cual pared inconclusa de construcción a medias, artículos ajenos y apuntes míos bajo el epígrafe de neoliberal, neoconservador y neopesimista. Son tres materiales que forman mi canto, tarareo, recordando a Mercedes Sosa cantando la hermosa canción de Violeta Parra: “Gracias a la vida, que me ha dado tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos, que es mi propio canto”.
Es fondo para demostrar que no solo escribo para darle palo al gobierno. ¿Será que como decía Anatole France, “gobernar siempre quiere decir hacer descontentos” y yo soy uno de ellos? Sea lo que fuere, hoy comento propuestas de la oposición rumbo a las elecciones de diciembre. Repetitivas que son, podrían ser las de cualquier año. Tienen significación especial en tanto está en juego una autocracia étnico-populista disfrazada de democracia de plazuela.
¡Linda es la dama Democracia en un país con sólidas instituciones blindadas a metidas de mano de mandamases de turno! El día llegará en que no podrán manosear al Poder Judicial para presionar juicios y fallos tallados a la medida de sus particulares enconos; el Tribunal Constitucional será celoso guardián de una Carta Magna elaborada por los mejores y consensuada por todos; el Congreso no brindará espectáculo circense de disfrazados y levanta manos.
Hoy la institución de moda es la Corte Nacional Electoral (CNE). Emociona al empadronar gentes olvidadas en lejanas aldeas; es la esperanza de que el ejercicio democrático no sea una calistenia fútil. También está en la mira de politiqueros que buscan hacerla blanco de sus mañas para asegurar números favorables –sean estas registros mixtos, votos en el exterior o mitimaes a Pando.
El sistemático progreso de la CNE, hace posible que en su portal de Internet se encuentren las propuestas que los partidos políticos hacen a los electores. Así como ayer permitieron tildar de espejismos al baúl de mago de feria de las ofertas gobiernistas, hoy dan razón para calificar como desérticas a las de la oposición. Quizá se debe a la chatura egoísta que impidió formar un frente amplio de oposición, y enfrentar con efectividad a la bien aceitada maquinaria propagandística del gobierno.
Aridez exhibe el Plan Progreso para Bolivia-Convergencia Nacional (PPB-CN), al plantear que “el ser humano sea el constructor de su futuro, el de sus hijos, de su familia, de la sociedad y del país”. En la onda retórica de Evo Morales, se le podría añadir “el continente, el planeta, el sistema solar, la Vía Láctea y el universo entero”, para darle aún mayor rimbombancia.
Su propuesta se basa en cuatro pilares, en los que el “cambio” de Evo Morales se convierte en “transformación”. Cabe preguntarse si la transformación moral será exitosa con un Código de Ética del funcionario público, al que seguro jurarán cumplir haciendo la señal de la cruz con la mano derecha y conejitos con la izquierda: ¿cuántos reos de la Ley Safco hay en prisión? Demuestra el común desdén de la clase política, que pongan en un mismo talego lo productivo –referente a procesos-, lo económico –campo de políticas de Estado-, y lo ambiental, que por esencia es preservativo, y a menudo contrapuesto a los dos anteriores. ¿De qué transformación social se puede hablar en la actual efervescencia con ribetes de anomia –carencia de normas sociales o su degradación? La autonomía es proceso de larga data; aguacero de las reformas de los que hoy son demonios en el averno de la retórica oficial, se diluyó a cantonalista “chilchi” por el divide et impera –divide para reinar- del centralista populismo étnico actual. El quid es, pues, marcar diferencias con su propuesta autonómica departamental y municipal.
Picotea la Unidad Nacional (UN) algunos temas que debieran ser parte de una alternativa opositora de gobierno. Poner a Bolivia a trabajar, apuntalando la matriz económica; optar por producción exitosa y de futuro, como los de la agricultura orgánica y el ecoturismo; intensivas en generar empleos permanentes. La pena es que este régimen ha apostado a opciones más facilonas –producir coca, traficar droga o emigrar y generar remesas- y costará reconducir el rebaño a pasturas más trabajosas.
Alianza Social (AS) va contra la corriente en un país de sirvinacus, concubinatos y madres solteras, con su propuesta vacua de fortalecer la unidad familiar. La misma mentalidad demagógica y repartidora de dinero del gobierno actual, se manifiesta en plantear que “los recursos que obtiene el Estado por regalías e impuestos sean distribuidos a las familias para hacer de estas las unidades productivas de desarrollo”. Sin formas de asociación cooperativa, resultaría en una atomización populista que agravaría la ya preocupante “calcutización” de las urbes –“k’atunización” es la variante boliviana- por la acelerada urbanización de hoy.
¿Cuentan acaso otros taxi-partidos?
“Para que el mal triunfe basta con que los hombres de bien se queden cruzados de brazos” decía Edmund Burke, adalid del liberalismo. Falta valentía y visión de futuro en políticos siempre con exceso de inmediatismo. Se evidencia en su tácita adhesión a las fantochadas de populismo demagógico o de retorno al capitalismo de Estado. ¿Será el aire ralo de la sede de gobierno que provoca amnesia a los políticos y a la plebe? Olvidan que ambos –populismo y capitalismo de Estado– fracasaron en décadas previas al retorno de la democracia representativa en 1982. Al paso que va el régimen de Evo Morales, fracasarán otra vez, cuando de aquí a algún tiempo se realice un balance en blanco y negro, que sospecho será plagado de cifras rojas, contables e ideológicas.
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