Si no fuera por la caja de resonancia que brinda la cobertura de prensa y la propaganda oficial, la Cumbre del ALBA sumó un risible poco. Se podría conjeturar que la reunión de Cochabamba fue la contribución de Chávez y sus acólitos a la campaña de reelección de Evo Morales. Un amigo alemán resumió la Cumbre del ALBA: “fue un evento a la boliviana”, dijo, “primero gran teatro, después pedo de pulga”.
¡Qué caray!, saco pecho por una estatuilla de premio a la mujer sobresaliente que obtuvo la mitad que me faltaba, mi esposa, en el natalicio de Adela Zamudio. Sabe Dios que se lo merece, aunque fuera solo por aguantarme 35 años. La hilacha de criticón que injustamente atribuyo a los aires polvorientos del valle cochabambino en proceso de desertificación y calcutización, me impele a comentar que el honor vino a través de una carta que respaldaba la distinción en un Decreto “Suprema”; que ponía la preposición “a” en lugar del presente indicativo “ha” del verbo haber. La elocuente alocución sin notas del alcalde se empañó con un maestro de ceremonias que no resaltó lo notable del currículum de las homenajeadas: mi Magíster cara mitad, Vocal de Corte ella, solo figuró de abogada; una colega suya apenas fue auxiliar de juzgado.
Quizá es porque hoy pesan más la obsecuencia y la adulación al mandamás, que los méritos personales y profesionales. Tanto así, que en la euforia del reconocimiento público a la Corte Nacional Electoral por el éxito del registro biométrico, el gobierno se abalanzó sobre su Presidente por instar a preservar el derecho al ejercicio democrático de un candidato a Vicepresidente, preso por más de un año sin presunción de inocencia ni caso de corte, a quien no se le permite contacto con la prensa. Pero apuesto a que si se reelige a Evo Morales, estarán contados los días en chirola del corrupto Santos Ramírez, para amargura de los reos de la cárcel que lo nombraron su delegado, con derechos y privilegios negados a Leopoldo Fernández.
Reflexioné que es consecuencia de la mediocridad y podredumbre que campean como aspectos salientes del régimen. De un gringo que “pateaba la castellano” y se justificaba con la rusticidad idiomática de los multilingües bolivianos, caímos a un indígena que agrede el idioma cervantino, quizá para cobrarse agravios de 500 años. Yo prefería su bastedad a la grandilocuencia del padrino caribeño, hasta evidenciar que Evo Morales se hincha como sapo con el papo de Hugo Chávez –como aquel de que es el portador de la espada de Bolívar. No otra cosa se deduce de su retórica en la reciente Cumbre de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) en Cochabamba.
Ladrido a la luna fue su admonición al Presidente Obama: “si quiere dignificar el Premio Nobel de la Paz, debe levantar el bloqueo a Cuba, tiene que retirar las tropas de Afganistán y de Irak, y todas las bases militares de América Latina y el mundo y, finalmente, mañana mismo devuelva la democracia a Honduras porque la base militar de Honduras garantiza el golpe de Estado”. Quizá sangraba de la herida por no ganar el Nobel. Solo recibió el sesgado adulo de un antiguo cura sandinista, ahora infiltrado en la ONU, que le nombró héroe de la Madre Tierra. Tamaño travestir, si sus cocaleros son protagonistas de la deforestación en la floresta húmeda del Chapare; si ya son mil las hectáreas de coca y decenas las fábricas de cocaína en parques nacionales aledaños; si su idea de industrialización pasa por contaminante fábrica de papel en tan frágil ecosistema; si valen poco los animalitos salvajes rescatados de cautiverio en el parque Machía: ¿quién será Jane Goodall?, quizá pensará.
Si no fuera por la caja de resonancia que brinda la cobertura de prensa y la propaganda oficial, la Cumbre del ALBA sumó un risible poco. Solo simplones, ignorantes y comprados vitorearon las ínfulas del portaestandarte venezolano, que rifa ingentes petrodólares en su armamentismo, en importar hasta el agua que consumen y en subsidiar lealtades con maletines de dinero y petróleo barato. En vez de media docena de mandatarios, solo lo escoltaron los de Bolivia y Ecuador; éste último de marchó, quizá indispuesto por el tufo de los arreglos florales en que abundó la hoja sagrada con el slogan de Jaime Paz Zamora: coca no es cocaína. Fue antes de que arribe el presunto violador nicaragüense, a quien trajo de una oreja el patrón Chávez. Ah, vinieron tres primeros ministros, dirá algún sumiso: sumando la población de sus tres países, apenas igualan la de Quillacollo.
Ni sus adláteres secundaron la afiebrada idea de Hugo Chávez de crear una alianza militar. “No se trata sólo de revisar la doctrina, porque existe “la amenaza de un imperio que ha reavivado el miedo al comunismo… al marxismo leninismo”. ¿Se habrá enterado que el comunismo tiró la toalla hace un cuarto de siglo en Rusia y sus satélites en la extinta Unión Soviética? ¿Qué vitrina de éxitos del militarista estatismo estalinista puede ofrecer Cuba, cuyo mayor logro es ganar en mesa lo que perdió en cancha Ché Guevara, en la aventura guerrillera contra el ejército boliviano?
Quizá piensan que la alternativa del ALBA hizo tambalear tratados de libre comercio. La vigencia de estos últimos marca la diferencia entre los países en franco ascenso –Chile, Colombia, Perú, Brasil- y los gobiernos trogloditas que desperdician su cuarto de hora de bonanza con esquemas ilusos. ¿Cuánto comercio abarcará implementar el Sistema Unificado de Compensación Regional en reemplazo del dólar? No deben saber que incluso la libra esterlina fue moneda de pago de minerales y “commodities” hasta bien entrados los años 70, cuando hacía décadas que Gran Bretaña ya no era potencia dominante.
Se podría conjeturar que la reunión de Cochabamba fue la contribución de Chávez y sus acólitos a la campaña de reelección de Evo Morales. Hasta un nuevo slogan ha surgido de la bocaza del padrino: “Evo no se cansa”. Con el “miente, miente, que algo queda” de Goebbels, cansará en jingles y pasacalles de aquí a poco, igual que el cansino “Evo cumple”. También alemán es un amigo que resumió la Cumbre del ALBA: “fue un evento a la boliviana”, dijo, “primero gran teatro, después pedo de pulga”.
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