Para hilvanar lo que sucede en Bolivia y escrudiñar su futuro, basta mirarse en el espejo venezolano.Habrán reflexiones pesarosas de aquí a un par de años, porque la libertad se extraña cuando se la pierde. Porque para entonces el régimen de Evo Morales se habrá sacado el antifaz electoral de buenito. Se afianzará el reflejo distorsionado que se ve cuando Bolivia se mira en el espejo de la década chavista.
Hace tiempo que machaco que para hilvanar lo que sucede en el país y escrudiñar su futuro, basta mirarse en el espejo venezolano. Es un reflejo de espejo de feria, de esos que hacen reír deformando la imagen a lo ancho o a lo largo, distorsionando rasgos corporales y faciales. Apropiado para demostrarlo es el estudio “Una década de Revolución chavista” del Instituto Libertad y Desarrollo de Chile, publicado en el Día Internacional de la Libertad y a 20 años de la caída del Muro de Berlín.
El deterioro institucional muestra en el espejo de feria a una patria achatada. Como en la Venezuela de Hugo Chávez, en la Bolivia de Evo Morales “la creciente vulnerabilidad del sistema judicial y la manipulación política socavan el Estado de Derecho”. Bastarían como evidencias la degollina del Tribunal Constitucional y la emasculación paulatina del Poder Judicial. ¿Acaso no son tramoyas el caso de Leopoldo Fernández, rayano en terrorismo de Estado, y el manoseo político de juicios a Manfred Reyes Villa? Auguro que la confianza en el acatamiento de las reglas de la sociedad –incluyendo “derechos sobre la propiedad privada, la acción de la Policía y los Tribunales de Justicia”, que en la patria de Bolívar cayó de -0,69 a -1,47 en los últimos 10 años, tendrá similar deterioro en un eventual decenio de Evo Morales.
La corrupción de siempre muestra una alongada imagen de país en el espejo de feria. El presidente Morales cacarea ficciones separatistas; Hugo Chávez patalea paranoias belicistas: ambos para marear la perdiz. El segundo, asustado del descenso de apoyo popular por la carestía de productos de primera necesidad, los cortes de fluido eléctrico y la inseguridad ciudadana. O cuando le restriegan que su país ha empeorado del corrupto de siempre al más inseguro del mundo. ¿No es acaso un paralelo que Venezuela haya resbalado del puesto 77 en el año 1998 al 158 en el 2008 en el Índice de Percepción de Corrupción, mientras que Bolivia cayó del puesto 69 al 102 en el mismo período?
Es sugestivo que la criminalidad en el régimen chavista ha generado inseguridad y conflicto social, al extremo que “las cifras de las víctimas de la delincuencia organizada superan la centena cada fin de semana, siendo los sectores más pobres los más afectados”. En nuestro país, las calles son cada vez más inseguras por asaltos y asesinatos; ni los hogares son santuario de pedófilos y ladrones. La anomia social en Bolivia es un reflejo chaparro de la Venezuela de Hugo Chávez. Más temprano que tarde alcanzaría la horrenda proporción de acuerdo a la población boliviana, que significa “la pérdida de 150 mil vidas humanas en los diez años de gobierno chavista”.
En el último tiempo, se ha intensificado la utilización de las instituciones democráticas como un medio para neutralizar a la oposición política y debilitar al gobierno local y regional. Las autoridades de oposición electas han sufrido hostigamientos, han sido objeto de procesos judiciales ilegítimos y hasta les han disminuido poderes para administrar recursos, sin respetar la legitimidad de sus cargos y la voluntad popular. ¿Párrafo alusivo al régimen de Evo Morales? No señor. Es copia textual de uno de la radiografía de la década chavista. Muestra la burda distorsión de espejo de feria del calco del proceso chavista por el gobierno boliviano.
Suena a cuento chino que según Hugo Chávez “la causa esencial de la Revolución Bolivariana es buscar más y mejor nivel de vida para todos, en la lucha por instalar en Venezuela un nuevo sistema social, económico, político: el socialismo criollo, a lo venezolano”. Ahí están las cifras para probarlo. “En los últimos cinco años el crecimiento de la economía de Venezuela ha caído de manera sostenida. El país vivió una profunda crisis en los años 2002 y 2003, en los que el PIB se contrajo un 8,9% y un 7,8% respectivamente. El año 2004 tuvo una transitoria recuperación. En los años siguientes, el crecimiento ha caído, esperándose que el 2009 la economía se contraiga un 1,5%”. ¿Es este el modelo que Evo Morales propugna imitar?
Digan si la imagen de la Bolivia de Evo Morales en el espejo de feria no muestra una grotesca imitación de la Venezuela de Hugo Chávez, cuando se anota que desde que llegó al poder, su país se vio “inmerso en una serie de consultas electorales”, empezando con una Asamblea Constituyente y culminando con su reelección presidencial el 3 de diciembre de 2006. Manipulando la opinión pública con propaganda, y copando las instituciones con adláteres, le han permitido prolongar su mandato hasta 2012 y otorgar vía libre a su reelección indefinida.
En nuestro país, la “eleccionitis” inducida es una epidemia que ha relegado solucionar problemas nacionales. En los comicios de diciembre 2009, una oposición dividida por el egoísmo ya se resigna a la derrota en las urnas. A la hora nona se insta a no ceder en la elección de congresistas, escenario que dándole los dos tercios a Evo Morales, consolidaría una autocracia camino al totalitarismo. Como el control absoluto que tiene Hugo Chávez en Venezuela.
Las noticias destacan que arrecia la agresión judicial a uno de los candidatos, por parte de un Prefecto oficialista que tiene cola en gestión anterior en otro municipio. Que el partido de gobierno amenaza del rebrote de grupos de choque si el oficialismo no obtiene una victoria contundente. O sea, por ceca o por meca el país está fregado y la democracia al tacho de basura. Como en la Venezuela de Hugo Chávez.
Habrán reflexiones pesarosas de aquí a un par de años, porque la libertad se extraña cuando se la pierde. Porque para entonces el régimen de Evo Morales se habrá sacado el antifaz electoral de buenito. Se afianzará el reflejo distorsionado que se ve cuando Bolivia se mira en el espejo de la década chavista.
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