El comportamiento religioso se manifiesta en las sociedades en todos los niveles de desarrollo y en todas las regiones del mundo? ¿Dónde está la divinidad?, es preocupación que asoma en el misticismo sencillo de la gente. Basados en la palabra y el ejemplo de profetas que predicaban ascetismo y renuncia a lo mundano, cultos en travestía de fariseos hacen millonarios a los llamados “carteristas espirituales”. ¿Cuántos de estos tenemos en el país?
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Cuando mis hijas eran niñas, recuerdo haberlas llevado a matinal a un agónico cine que entonces se había desviado a películas pornográficas en horarios nocturnos. Habían anunciado una versión rusa de Pinocho, clásico que deseaba mostrarles en visión alternativa. Apagaron las luces y casi me da soponcio de que las “propagandas” mostraban lo más picante de las porno en cartelera. No soy pechoño, pero todavía mis niñas estaban verdes para las tetas inmensas y los falos penetrantes que aparecieron. Afuera con ellas. Increpé, furioso, al boletero, que me desinfló con un humilde “yo solo recojo los boletos, señor”.
Años después el local fue comprado por una secta religiosa, como la mayoría de los viejos cines de la ciudad. Creía que cumplían una función social en estos tiempos de anomia y estrés, cuando yo mismo desayuno con café en caneco que consuela con una inscripción del Salmo 22: “No te alejes de mí, Señor, porque la angustia está cerca”. Entonces me llegó un correo con una presentación del babilónico palacio en Brasil, del falso profeta que insta a parar de sufrir: ¡ni qué jeque petrolero árabe! Lo cierto es que el vivillo y sus acólitos pararon de sufrir.
No había sido solamente caso de países con pobretones fáciles de engrupir. Poco después, el suplemento del New York Times publicó una sugestiva primera plana titulada “Amor a Dios…y al dinero”. En Estados Unidos se reúnen miles de creyentes en el “evangelio de la prosperidad”. Multitudes de gente trabajadora y de clase media, escuchan embobados las anécdotas de predicadores cínicos sobre la vida de lujos –aviones y yates privados, vacaciones en Hawái, cruceros por Alaska, motos caras, carteras de marca y anillos de esmeraldas y diamantes- lograda siguiendo un simple mensaje: teniendo suficiente fe en Dios y la Biblia y, ojo, dando generosamente, el Todopoderoso multiplicará esas “ofrendas” cien veces. Con tal muletilla, Kenneth y Gloria Copeland han construido una cadena de 386 mil seguidores en 134 países, quizá también Bolivia, que rinde ingresos de unos $100 millones de dólares anuales.
Basados en la palabra y el ejemplo de profetas que predicaban ascetismo y renuncia a lo mundano, cultos en travestía de fariseos hacen millonarios a los llamados “carteristas espirituales” de lo que Marx llamó el opio del pueblo. ¿Cuántos de estos tenemos en el país?, es pregunta para la repartición del Estado pertinente, en un gobierno que hace gala de libertad de cultos, si bien parece disfrazar inclinaciones ateas y vocea su preferencia por animismos andinos, quizá para justificar ataques a la jerarquía y su apetito por los bienes de la Iglesia Católica, mayoritaria en el país.
Los “carteristas espirituales” y las creencias en que se basan tres credos monoteístas –judaísmo, cristianismo e islamismo- inspiraron al escritor y analista político Bill Maher, a filmar un documental sobre un viaje alrededor del globo entrevistando a la gente sobre Dios y la religión. En 2008, el irreverente e hilarante “Religulous” –contracción o crasis de “religioso” y “ridículo” en inglés- fue la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Toronto. En postura liviana, Maher hurga y satiriza dogmas en Jerusalén y el Vaticano; en católicos, protestantes, Judíos por Jesús y jasídicos, musulmanes, satanistas y polígamos.
¿Por qué se da el comportamiento religioso en las sociedades en todos los niveles de desarrollo y en todas las regiones del mundo?, se preguntan los antropólogos. Dicen que la misma selección natural favoreció tal rasgo: “si se acepta que la evolución forjó el cuerpo humano, ¿por qué no también la mente?, pondera un reciente ensayo de Nicholas Wade. ¿Dónde está la divinidad?, es preocupación que asoma en el misticismo sencillo de la gente. Ciertamente se expresa en la estrofa “Minha Senhora, onde é que você mora, en que paragem escondido, lá também quero morar”, de la canción de Torquato Neto y Gilberto Gil –hoy Ministro de Cultura de Brasil- en la voz divina de Gal Costa.
Algunos agnósticos dicen aquello de Joaquín Sabina: gracias a Dios, soy ateo. Por mi parte, creo que un soplo divino está en cada ser viviente. Es parte de la omnipresencia de la divinidad, que además regaló a los humanos ese don precioso: el libre albedrío. Lo corroboran un grupo de científicos en el exitoso film “What the Bleep Do We Know?” (“¿Y tú qué sabes?”). Con evidencias multidisciplinarias, mediante la física cuántica de las probabilidades, exploran preguntas fundamentales del ser humano: ¿qué somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos?, ¿por qué estamos en este mundo? Concluyen que “el mundo es un conjunto de posibles líneas de tiempo de la realidad, hasta que escogemos…” El libre albedrío subyace al indispensable derecho humano que es la libertad.
Uno de esos científicos, Andrew Newberg, postula que el cerebro humano está de hecho calibrado para la espiritualidad. Para sobrevivir, la especie humana necesita de un concepto como el de Dios. Sus experimentos buscan establecer si la experiencia mística es creada por el pedacito divino encerrado en el cráneo, o si se trata de una realidad exterior percibida por el cerebro bajo ciertas circunstancias.
Sin embargo, este rasgo humano es aprovechado por inescrupulosos que aunque se llenen la boca con alabanzas a Dios, son otra expresión del becerro de oro que adoraban engañados en tiempos del Viejo Testamento. Jesús los hubiese expulsado a chicote limpio, tal como hiciera con los mercachifles en el templo de Jerusalén.
Pensaba dejar esta reflexión para las fiestas navideñas. Sin embargo, si al natalicio del Nazareno lo ha prostituido el comercio, forma moderna de adoración al becerro de oro bíblico, ¿qué mejor ocasión que el mes en que se supone que nació Jesucristo, para advertir de formas de travestía religiosa?
Etiquetas: Carteristas espirituales, Iglesia Católica, Religión