¿Qué esperanza puede entonces haber en el progreso democrático de la patria, si la propaganda y el lavaje de cerebros aseguran que no se castigue en las urnas a los incompetentes? Es reflexión pertinente para el votante consciente cuando se aproximan las elecciones ediles de abril.
El sábado después del insomnio de la comilona y bebendurria del Año Nuevo, desperté abotagado de una siesta con los golpes secos del hacha con que un jovenzuelo, quizá desempleado y necesitado de algunos pesos, trozaba un hermoso ceibo que otrora adornara la cuadra, ante la mirada atenta del vecino que había encargado tal delito ambiental.
Ya estaba consumada la degollina, y el autor intelectual llenaba bolsas con las hojas y ramas del árbol asesinado, para botarlas –claro- en el contenedor municipal. Este estaba lleno y orlado de porquerías hediondas, por la imprevisión de una alcaldía que esperó hasta las vísperas para resolver el traslado del botadero de basura de la ciudad, y la impericia judicial que determinó su cierre en tres meses, como si las soluciones pudieran darse por sortilegio de varita mágica.
Para colmo de males, alrededor del receptáculo comunal se amontonaban restos arbóreos en pudrición, cortesía –adivinen- de Semapa, una empresa de agua inoperante desde que fuera estatizada en glorificada “guerra del agua”. Hoy acompañan los restos del florido ceibo, derribado –me cuentan- porque sus flores rojas ensuciaban la acera al morir marchitas.
Llamé a mi yerno para indagar a qué repartición municipal podía denunciar el crimen arboricida. Mi hija y él han formado una quijotesca fundación llamada algo así como “Partido Urraca Rabiosa” o “Radical”, (http://www.dejalolibre.blogspot.com), cuya sigla recuerda al ronroneo de los gatos, placentero e inocuo. Un idealismo de ensueño los tiene repartiendo afiches denostando el cautiverio de animales silvestres, con la foto de una hermosa paraba que muerde el alambre de su jaula con un lastimado pico.
Respondieron con una denuncia pública de la urraca rabiosa. Preguntaban cómo la Alcaldía de Cochabamba podía castigar delitos medioambientales, y menos, ponerles coto, si tal entidad es culpable de similar atropello. “Como quien guarda la mugre bajo la alfombra antes de que lleguen los invitados”, decían, “la Alcaldía de Cochabamba ha retomado las obras del puente Cobija a pocas horas de que el alcalde incumpla, una vez más, su palabra empeñada. Han sido dolorosos tres años de descuido municipal que han castigado a transportistas, usuarios y principalmente vecinos de la zona, quienes han tenido que aprender a convivir con la congestión vehicular, los accidentes de tránsito y una infame lógica de basura, mentiras y promesas incumplidas”.
Se referían al distribuidor –“el más grande del país”- cuyos pros y contras se han discutido por años, en vista de que “obras menores, resolvían el problema con mayor eficiencia, rapidez y menor costo”. La improvisación en este proyecto estrella del actual burgomaestre, iniciado “sin contar siquiera con estudios técnicos ni autorizaciones ambientales”, se reflejó en la inauguración de la parte central de la inconclusa obra. Claro ejemplo de maquillar la incompetencia por medio de repetitivos, y caros, avisos televisivos, se anunciaron juegos pirotécnicos en escala nunca vista y la actuación de una decena de artistas –incluyendo la banda municipal y su homenaje ¡a Michael Jackson!- para convocar a la gente a celebrar el año nuevo con tal motivo.
Lo peor es que talaron decenas de árboles en la vecindad del puente, “en clara contravención a las normas ambientales nacionales, departamentales y del propio municipio”. Recuerdo a un enhiesto eucalipto en una rotonda de la calle Calancha, tan bien formado que mirarlo al pasar causaba reverencia. Lejos del ingreso al puente elevado del distribuidor, su derribo solo se comprende por el contubernio de fabricantes de chicha urgidos de leña y funcionarios municipales urgidos de marmaja.
Digno de mejor suerte que la que le cupo soportar, tanto por sus dolencias físicas como por sus vicisitudes políticas y guerreras, creo que fue Daniel Salamanca quien dijo que en las espaldas de los cochabambinos se podían sembrar nabos. No me contagiaré de versión al revés del historicismo –vicio intelectual de juzgar el pasado con lente contemporánea- sugiriendo que se refería a insuficiencias de hoy, en que la carencia de agua pudiera resultar en tal costra de materia orgánica en lomos “llajtamasis”, que la siembra de hortalizas pudiera prosperar en ellos. Pero es irrefutable que el valle está en proceso de desertificación por la tala de árboles para suplirlos por una selva de cemento, tanto por su acelerada urbanización, como por los monumentos al hormigón que prefieren las “obras estrella” de los mandamases. El tribuno encorvado por las úlceras y las penurias se refería a la propensión del populacho a ser crédulos de oradores de plazuela y charlatanes de feria pueblerina. No es rasgo que sea exclusivo de Cochabamba ni mucho menos. Lo demuestra el actual auge del populismo demagógico en países de América Latina, entre ellos Bolivia. Es más, puede que sea recurrente en el devenir histórico. Pero no cabe duda de que la receta gobiernista de abundante fécula de petrodólares venezolanos para propaganda, uno que otro bocado de ilusoria racha carnosa, salpicado de ajíes del histrionismo personalista, cocidos en un caldo de impaciencia con los consensos a veces dolosos de una democracia imperfecta, es versión actual de las alforjas llenas de monedas para repartir de antaño. Y se practica a nivel municipal.
Ya lo dije hace un par de años: tales escenas son de ópera bufa. Ocurren en un país de vivillos que cuando llegan al poder, venden su alma al súcubo de la corrupción y al íncubo del abuso de poder. ¿Qué esperanza puede entonces haber en el progreso democrático de la patria, si la propaganda y el lavaje de cerebros aseguran que no se castigue en las urnas a los incompetentes? Es reflexión pertinente para el votante consciente cuando se aproximan las elecciones ediles de abril.
Etiquetas: Corrupción, Ecología, Politiquería, Populismo, Propaganda
11 Enero 2010 en 8:35 AM
En la villa de Aranjuez, todo marcha al revez, el raton persigue al gato y el pillo al juez. Y que mas se puede esperar si so pretexto de las muletillas sloganisticas de refundacion, descolonizacion y proceso de cambio se premia a los ineptos con nombramientos solo por ser fieles y obsecuentes. No fue Banzer quien dijo: “prefiero mil veces un kilo de lealtad a una tonelada de talento”? Esta claro que Bolivia pagara caro esta aventura masista jalada de los pelos, tal vez con aparentes buenas intenciones, pero pensada y ejecutada por neofitos ensimismados y aferrados a su inexperiencia y pobre formacion academica – empedernidos por un ego tan grande como su incompetencia y falta de idoneidad para gobernar.