El 28 de febrero pasado recordé los 128 años del nacimiento de José Vasconcelos. ¡Quién fuera un Vasconcelos boliviano! Llegará el día en que la actual tesis étnico-populista, disfraz del centralismo que socapa la hegemonía del occidente boliviano, se estrelle contra la antítesis intercultural del resto ávido de autonomía de la diversa geografía humana de la patria. La síntesis se ubicará en un justo medio: reconocer y ensalzar a la población boliviana mayoritaria, mestiza en lo cultural y lo biológico, de diverso origen indígena fusionado con lo europeo, aunque muchos renieguen de la mitad de su sangre, en cualquiera de sus vertientes.
El 28 de febrero pasado recordé los 128 años del nacimiento de José Vasconcelos. ¡Quién fuera un Vasconcelos boliviano!, había ponderado días antes, cuando arreciaban conjeturas sobre el ocaso de Félix Patzi. Hablaban de la pugna de poder entre extremos de una dicotomía divisionista –los “k’aras” y los “t’aras”- en el soleado entorno palaciego del gobierno de Evo Morales. Porfían los iluminados del régimen en sostener dos extremos falsos –blancos e indios- en un país mestizo de origen variopinto. Sea la diversidad del mestizaje boliviano y los grados de integración cultural de su aporte a la “raza cósmica”, que según Vasconcelos tipifica a los latinoamericanos, que inspire este reverbero sobre el polifacético pensador mexicano, y el divisionismo étnico que cacarea el régimen actual boliviano so pretexto de cambios.
Aclaro que Vasconcelos nació en el siglo 19 y murió en la mitad del siglo 20, aunque sea para remarcar cuán rezagada está Bolivia en forjar una nacionalidad boliviana orgullosa de su astilla india, pero lejos de particularismos étnicos, y menos de argucias hegemónicas. En el año 1925, con La Raza Cósmica, el mexicano plasmó en esa frase el orgullo por el variado mosaico étnico y cultural que hace únicos a los latinoamericanos, rechazando el racismo que desde el siglo anterior justificaba el colonialismo europeo. ¿No es tiempo de tirar a la basura el racismo al revés que plantean etnocentristas trasnochados?
Sobre la educación versó parte de la gestión pública del que fuera llamado “Maestro de la Juventud de América”. Vasconcelos es recordado por la autoría del lema de la UNAM, la Universidad Nacional Autónoma de México: “Por mi Raza Hablará el Espíritu”. Su trasfondo es la convicción de que los mexicanos deben fundir su patria con la gran patria hispanoamericana, oportuna hoy que se promueven nuevas formas de asociación que son latinoamericanas en esencia. En el discurso inaugural como rector de la UNAM, aseveró: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad, sino a pedir que la Universidad que trabaje por el pueblo”. Alecciona a rescatar las universidades estatales de la ineficiencia y la contaminación de idearios obsoletos que la distraen de su verdadero rol constructor; a imponer que las instituciones privadas de educación superior dejen de ser fábricas de recursos humanos para beneficiar otros países, o lucrativas generadoras de acartonados desempleados.
Como constructor de instituciones, Vasconcelos se distinguió como ministro de Educación. Edificó escuelas públicas, bibliotecas e infraestructura para difundir la cultura. Es algo en marcha en Bolivia hoy; fuera ponderable de no estar vinculado a las prebendas políticas o, peor, a la corrupción: ambas subyacen los museos que se agrietan, las escuelas sin agua que no aguantan lluvias y las joyas arqueológicas que aparecen en colecciones privadas.
Más aún, Vasconcelos inició amplios esfuerzos de difusión cultural, con programas de instrucción popular, edición de libros y promoción del arte y la cultura, cuyo objetivo era integrar a México a las grandes transformaciones del mundo. No como en Bolivia, donde se baila penoso pasito tuntún de un paso adelante y dos atrás, con la adhesión a vindicaciones culturales falaces, como los montajes en Tiahuanaco; a ideologías obsoletas, como la del socialismo del siglo 21; a nuevas dependencias, como la que encadena el país a bocones caribeños y a misiones culturales sesgadas y falsos analfabetismos cero.
Bien podrían, como Vasconcelos, hacer del magisterio –y en Bolivia, de las fuerzas armadas- un ejército de apóstoles de la educación, rescatando a los primeros del encierro dogmático de ideologías rancias, y a los segundos, del penoso rol de verdugos de manifestantes. En vez de la involución de imponer estancados meandros idiomáticos, dejar fluir por los rincones del país anchos ríos de cultura, con la difusión en ediciones masivas, o por un Internet dirigido, de grandes obras del pensamiento humano. En lugar de programas de catequización ideológica en Cuba y Venezuela, llevar a brillantes estudiantes de regiones y etnias del país, a entrar en contacto con sus pares de América Latina. Canalizar la simpatía de países con el proceso boliviano, especializando brigadas de exploración petrolera en Noruega, equipos de fundición de hierro en Suecia, técnicos en canales para control de inundaciones en Holanda, expertos en baterías de litio en Francia, entendidos en medición y calibración de flujos gasíferos en Canadá.
Como Vasconcelos, muchos encuentran conflicto entre sus ideas y la sumisión que implica el ejercicio de cargos públicos en el actual gobierno; otros rechazan que el país sea moldeado en la coca, los “ajtapis” y la justicia comunitaria. Similar desconfianza que sienten los cambas por los collas, tenía el pensador oaxaqueño en los mexicanos del norte, como los presidentes Álvaro Obregón y Plutarco Días Calles: resumía tal sentir con la ocurrencia de que la civilización terminaba donde empezaba el norteño consumo de carne asada. En Bolivia da para censurar la verticalidad autoritaria y el antidemocrático prorroguismo del actual régimen. Yo afirmo que no quiero ser aimara, quechua, guaraní, o la otra treintena de etnias reales o resucitadas: solo boliviano.
Llegará el día en que la tesis étnico-populista, disfraz del centralismo que socapa la hegemonía del occidente boliviano, se estrelle contra la antítesis intercultural del resto ávido de autonomía de la diversa geografía humana de la patria. La síntesis se ubicará en un justo medio: reconocer y ensalzar a la población boliviana mayoritaria, mestiza en lo cultural y lo biológico, de diverso origen indígena fusionado con lo europeo, aunque muchos renieguen de la mitad de su sangre, en cualquiera de sus vertientes.
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