Se me ocurrió zapear los noticieros y recalé en un pugilato verbal entre Alvin Anaya y Freddy Bersatti, generales de la república ambos. Tenía que ver con la sugerencia del presidente Evo Morales, de reemplazar el “Subordinación y constancia, ¡viva Bolivia!” de las tropas bolivianas, con el castrista, luego chavista y ahora evista “Patria o muerte, ¡venceremos!” Considero que la polvareda suscitada tiene a los estrategas de propaganda del régimen frotándose las manos. Es otra de las controversias banales con que se distrae a la opinión pública, o se hipnotiza con frases heroicas a las masas ignorantes. Favorece la desatención negligente de problemas medulares –como el despilfarro de las reservas del país o los fracasos del gas- de la politiquería propia de la gestión de este gobierno etnopopulista, más aún en tiempos preelectorales como hoy.
Gracias a Dios, usualmente es alguna canción que me ronda la cabeza y sienta el tono del buen talante con que despierto cada día. La otra mañana sucedió una tocata y fuga de la melodía. Se me ocurrió zapear los noticieros y recalé en un pugilato verbal entre Alvin Anaya y Freddy Bersatti, generales de la república ambos. Mejor dicho, del Estado Plurinacional, cambio denominativo de forma que segurísimo será conjuro mágico contra la propensión al prejuicio social y étnico en la otrora República de Bolivia.
Tenía que ver con la sugerencia del presidente Evo Morales, de reemplazar el “Subordinación y constancia, ¡viva Bolivia!” de las tropas bolivianas, con el castrista, luego chavista y ahora evista “Patria o muerte, ¡venceremos!” Imagino al viejo Fidel leyendo la noticia y de puro gusto queriendo soltarse uno, pero ni gases provoca digerir escasos frijoles de la ración cubana de moros y cristianos, en la ruinosa economía a la que han acarreado a la otrora progresista isla.
De Anaya recuerdo al estudioso oficial y eficaz conductor de tropa. Fue honrado comandante en la guerra contra el narcotráfico. Remarco guerra, porque las que se libran contra el terrorismo, la subversión guerrillera, los cárteles de la droga y el fundamentalismo religioso, son contiendas modernas contra nuevas cepas de peligrosos virus. Riberalteño como yo, aunque algún paisano lo ubica como oriundo de Cavinas, Bersatti fue el primero de su curso. Es parte de la notoria banda de milicos políticos gobiernistas. Ayer, un oficial que ascendió con rapidez luego del degüelle de unas cuantas promociones de oficiales; hoy como senador. Su éxito quizá tiene algo que ver con ese “ama llunq’u”, que debería añadirse al “ama sua, ama k’ella, ama llulla”, tríada endilgada a la sabiduría incaica, aunque alguno la atribuye al Virrey Toledo.
Sobre lo primero, la propensión a las arcadas me da para criticar a los “nariz parda” –aludo al dicho gringo “brown nose”, que tipifica a los arribistas que escalan posiciones a punta de ósculos a los poderosos en la parte donde la espalda pierde su santo nombre. ¿Acaso el desvarío castrista no fue luego orden del jefazo y quedaron en ridículo las consultas militares? Dos, como viejo y encima columnista, no deseo ser parte de polémicas etnohistóricas –me basta y sobra con el “ama a Dios por sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo” de Jesucristo. Pero me resisto a ligerezas chovinistas de que el uniforme militar es copia del alemán. ¿Serían los oficiales más allegados al pueblo si usaran ponchos rojos y chicotes?: yo insisto en el sombrero de saó y cambiar el paso de parada por el pasito tuntún. Al paso que vamos, van a cambiar el escudo nacional a uno resaltando la wiphala y el sol tiahuanacota.
El “Patria o muerte, venceremos” es un lema de la guerrilla castrista que derrotó a un militar que gobernó de 1940 a 1944, y fue dictador golpista de 1952 a 1959, solo para que Fidel Castro se quedara medio siglo en la silla presidencial. Quizá fue al rescoldo de su arenga “la historia me absolverá”, flama que entusiasma a zurdos prorroguistas latinoamericanos que no han superado las paperas del socialismo, o se les han bajado a la cristalería de la entrepierna. Fue también lema de la guerrilla del Ché, que las tropas bolivianas derrotaron en Ñancahuazú, luego de que se vertiera sangre de compatriotas soldados y oficiales.
Dicen que el ahora icono de remeras y pósters fue lanzado a su aventura y, como dice la canción, “abandonado, sin comando ni refuerzos”, por un Fidel celoso del carisma del autonombrado “condottieri”. Este pasaje de la historia de un ejército boliviano que conoce pocas victorias, es el mayor óbice para que cale un lema foráneo en los beneméritos, sus viudas e hijos, los militares en retiro y oficiales y soldados en servicio activo que no han sido endulzados con petrodólares chavistas y mareados con jerga castrista. El “Patria o muerte, venceremos” corona un proceso de perder en mesa lo ganado en cancha, con un régimen que se rinde al otrora enemigo cubano. ¿Mañana será al usurpador del Litoral?
Se ha recordado que se debe el “Subordinación y constancia, “¡viva Bolivia!” a Hans Kundt, general alemán de triste recuerdo en la Guerra del Chaco. De serlo, sería lema que desobedecieron jefes militares emboscados en el “corralito de Villamontes” para defenestrar a Salamanca. Si de subordinación a las leyes y constancia en la defensa de la democracia se tratara, sería mucho mejor que un eslogan guerrillero, que según un dirigente masista, resbala al “¡Socialismo o muerte”!, identificado con el partido de gobierno. ¿No era que las Fuerzas Armadas no deliberan, ni son de un régimen político fugaz, sino de la patria perenne?
No puedo sustraerme a una irónica contribución a la controversia. Si de nuevas arengas se trata, la inmortal de Eduardo Abaroa podría inspirar a formaciones militares con un “¡que se rinda su abuela, carajo!” del oficial de mando, respondido por un estentóreo “¡Viva Bolivia! Pero se presta a la mofa mapochina, esa que no se ve en los arrumacos actuales con Chile, cuya versión del valiente sacrificio del héroe de Calama, relata que se le instó rendición al malherido, quien preguntó “¿rendirme yo?” y le contestaron “¡no va a ser su abuela, carajo!”.
Hablando en serio, considero que la polvareda suscitada tiene a los estrategas de propaganda del régimen frotándose las manos. Es otra de las controversias banales con que se distrae a la opinión pública, o se hipnotiza con frases heroicas a las masas ignorantes. Favorece la desatención negligente de problemas medulares –como el despilfarro de las reservas del país o los fracasos del gas- de la politiquería propia de la gestión de este gobierno etnopopulista, más aún en tiempos preelectorales como hoy.
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