Paparulo es un vocablo que aprendí de un condiscípulo que estudió en la Argentina, con el que defino a muchos bolivianos de hoy. En nuestro país quizá somos paparulos o apocalípticos –miedo al supuesto cataclismo que sobrevendría “después de” – o ambos. Pareciera que la consigna general es un poco democrático “no toquen al Rey”, porque todo se le tolera al gobierno de Evo Morales. En el exterior, gracias al irreflexivo papo presidencial, se despeja la nube de contemporización que envolvía al “primer presidente indígena de Sudamérica”. Que no es ningún sabio, como el zapoteca mexicano Benito Juárez, y tampoco ningún chiste, como acierta un editorial uruguayo. A este paso al presidente Evo Morales pronto le ocurrirá una réplica del chitón que el Rey Juan Carlos I le espetara al bocón Hugo Chávez.
“Estás lindonga”, le dije a mi esposa cuando en la mañana desfiló su atuendo antes de partir a su oficina. Celebraba que el vocablo camba fuera uno de más de cinco mil bolivianismos incorporados a la lengua cervantina. No serían los de un coterráneo riberalteño oriundo de Okinawa, quejándose de que el español “ser idioma muy difíshiro”: “misma parabra quiere decir muchas cosas. Ejemplos, ser preposición: Tinga ser linda, “pero” Mencha ser joven; “pero” ser animar que hace guau-guau; “pero” ser lo que corta el peruquero; “pero” ser también viento hediondo que sare de curo…
La confusión del nipón evoca contrasentidos del papo de nuestro amado líder “originario”, en toma y daca durante su periplo por Europa, vistos a la luz de refranes que quizá no aprendió en comunión con la madre tierra de su nativa Orinoca o en charlas con vejetes de su comunidad cocalera.
El presidente Morales presentó al Papa Benedicto XVI las conclusiones de la Cumbre de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra. La incultura es atrevida y escaso favor le hizo que su entrevista fuera precedida por el inmodesto alarde de que hace unos años le rechazaron una audiencia y que ahora el pontífice de Roma le solicitó una: a su soberbia le faltó acotar que por ser el pontífice de la Pachamama.
Su entrevista duró menos de media hora, tiempo suficiente para que el Santo Padre le recordara que en boca cerrada no entran moscas. Que al vanguardista pedido de incluir mujeres en el sacerdocio católico, retrucara si hay féminas entre los yatiris del animismo, religión que descubrió que hay sexo entre las piedras. ¿Había acaso curas célibes a cargo de los orfanatos donde violaban niños en Cochabamba? Si ensuciaron a su representante en Bolivia con sindicaciones de beneficio propio con “gastos reservados”, ¿limpiaron luego el pringue al ventear caca con ventilador, aclarando que los dineros fueron usados para una obra de bien público?
Luego vino el viaje a España. Un partido de fulbito con residentes bolivianos acarreó tarjeta amarilla al mandatario futbolista, que pidió que dejen a los migrantes trabajar y mandar remesas: calló que estas son tajada importante de los ingresos de regímenes que corretean opositores en vez de generar empleo. Suelto de lengua, acusó a uno de los partidos políticos del país anfitrión de estar detrás del financiamiento de un golpe de estado en 2008; siembra vientos y cosecharás tempestades le viene bien a quien se hizo faltar con la mofa de una congresista española: “¿qué podemos esperar del presidente de un país que advierte de los riesgos de comer pollo?”
Mientras en Madrid dos países –Colombia y Perú- y una región –América Central- se abocaron a la creación de mercados y la concomitante generación de empleos al acordar el libre comercio con la Unión Europea, el presidente Morales desechó negociar mientras la propuesta europea se asemeje a convenios firmados con los otros dos países andinos. ¿Acaso no es un contrasentido eso de espantar inversiones de capitales y gobiernos extranjeros, al mismo tiempo de que emiten cantos de sirena para atraerlas a los arrecifes de la inseguridad jurídica que campea en Bolivia? Poco sirve distinguir entre empresas “buenas” que quizá no se marchan del país porque están muy ensartadas, y las “malas” con las que el régimen se ensarta en litigios internacionales luego de arbitrarias nacionalizaciones. ¿Estará Baltasar Garzón de acuerdo con juicios a gobernadores opositores para desbancarlos, después de que éstos ganaran sus elecciones?
Mandar costosas misiones a Washington a pintar lindos panoramas para las inversiones foráneas, mientras el Presidente sigue con la cantaleta de que “el primer conspirador” era el embajador de EEUU en un supuesto intento de golpe de estado en 2008, ¿no entra en la reflexión de a Dios rogando y con el mazo dando? El pedido de Evo Morales a los países de la Unión Europea para que apoyen la lucha contra el narcotráfico, ¿no es acogido con aquello de que a la arrogancia en el pedir, la virtud de no dar? Porque su argumento se derrumba con la consagración constitucional de la hoja de coca, para no hablar del escaso control ejercido sobre tantos “originarios”, que botan en ríos, acequias y calles los contaminantes residuos de macerarla para fabricar cocaína.
Quién fuera Miguel de Unamuno, sabio que ante críticas de neologismos o rebuscamientos suyos, comentó que sus palabras merecían ser insertadas en el diccionario. Paparulo es un vocablo que aprendí de un condiscípulo que estudió en la Argentina, con el que defino a muchos bolivianos de hoy. Me sustento en un despacho noticioso que daba cuenta de un leve descenso de la popularidad del presidente peruano Alan García, dicen que debido a las acusaciones de corrupción contra miembros del partido oficialista.
No pasa igual en Bolivia, quizá porque somos paparulos o apocalípticos –miedo al supuesto cataclismo que sobrevendría “después de” – o ambos. Pareciera que la consigna general es un poco democrático “no toquen al Rey”, porque todo se le tolera a su gobierno. En el exterior, gracias al irreflexivo papo presidencial, se despeja la nube de contemporización que envolvía al “primer presidente indígena de Sudamérica”. Que no es ningún sabio, como el zapoteca mexicano Benito Juárez, y tampoco ningún chiste, como acierta un editorial uruguayo.
Quizá es porque bien sabe el asno en qué casa rebuzna, refrán que refleja que una persona se comporta mal o habla burreras donde sabe que se lo permiten. Vaya y pase que eso ocurra en mítines de picos verdes y cachetes hinchados. Pero en periplos internacionales, a este paso al presidente Evo Morales pronto le ocurrirá una réplica del chitón que el Rey Juan Carlos I le espetara al bocón Hugo Chávez.
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