La destrucción creadora del maestro

¿Cuánto tiempo tomará para que la destrucción creadora de la era del conocimiento irrumpa en Bolivia? Propongo una política de Estado para acelerar ese proceso. Postulo dejar obsoletos a maestros imbuidos de rancias ideologías del siglo pasado. Predico el abandono del modelo del educador de tiza, borrador y pizarra. Planteo fomentar miles de guías hacia la luz del saber, dotados de laptop, celular y proyector: mentores diestros en manejar un sistema operativo, sacar provecho a un procesador de textos, al PowerPoint y al Internet, para transmitir estos conocimientos a la juventud. Sueño que la vanidad de los gobernantes –que les hace comprar lujosos aviones presidenciales- se trocará en pena por el futuro de los bolivianos: negociarán con países asiáticos para comprar baratas un millón de laptops para repartir a maestros y alumnos; Bill Gates donaría el software.

En el Día del Maestro, nada mejor que sugerir su destrucción creadora. No es ningún resentimiento al “prosor”, que era como llamábamos en la secundaria al recordado Eduardo Arce, al que saboteábamos la clase de historia mientras escribía en la pizarra, con el contrapunto a sotto voce de un “pili” en un extremo del aula, respondido con un “michi” al otro lado. Hasta que un día paró la rutina e impuso respeto sacándonos lágrimas al contar cómo le habían endilgado el mote de “pilimichi”: su madre los criaba y él era el niño “arreador de patos” en quechua.

En esos tiempos todavía se respetaba al abnegado educador. Con la aureola del prestigio social que la profesión acarreaba, el traje brilloso de tanto planchar fulguraba al lado de pitucos ternos de políticos y comerciantes ricachones. Todavía no estaba contaminado el gremio con la plaga del trotskismo, cepa virológica que en Bolivia imponía despelote permanente, contrapuesto a la revolución permanente del bolchevique, con el resultado de docentes de morrocotudas piernas por marchar y estudiantes de seseras débiles por desusar.

Hace poco tuvo lugar otro encontrón entre maestros y gobierno, donde como siempre salieron perjudicados los alumnos con el paro y marchas de sus educadores. Recordé a Iván Illich, antes de que los narcotraficantes rompieran la paz del hermoso valle donde Hernán Cortés construyera su palacio. Me invitó a su ágora de Cuernavaca a montar un coloquio que no recuerdo si fue sobre antropología o estudios latinoamericanos, aunque prefiero pensar que era sobre lo uno aplicado a lo otro.

Illich pregonaba la desescolarización de la sociedad, refiriéndose a la escuela como una vaca sagrada, en alusión a la India –hoy potencia emergente- donde se podían morir de hambre, pero por tabúes religiosos no carneaban a los rumiantes en sabrosos churrascos. En su La sociedad desescolarizada, el soñador recomendaba que “la búsqueda actual de nuevos embudos educacionales debe revertirse hacia la búsqueda de su antípoda institucional: tramas educacionales que aumenten la oportunidad para que cada cual transforme cada momento de su vida en un momento de aprendizaje, de compartir, de interesarse”.

Antes de que un cáncer en la cara le deformase la faz, no sé cuánto supo el sabio sobre la revolución tecnológica de las comunicaciones y de la cibernética. Pero en 1985 todavía no existía la miniaturización nanotecnológica que permite acumular cantidades masivas de información en discos duros, “pendrives”, teléfonos móviles y artilugios de lectura. Sin embargo, Iván Illich intuyó su potencial al proponer la creación de nuevas “telarañas de aprendizaje” apoyadas en tecnologías avanzadas.

Se llama era del conocimiento al advenimiento actual del auge de la información propiciado por innovaciones tecnológicas. Se trata de una destrucción creadora, mucho más trascendental en la historia del mundo que la provocada por la invención de la imprenta, la utilización del vapor como fuerza motriz, y la electricidad. Así sea simplificando, entiéndase la destrucción creadora imaginando cuánto oficio se tornó obsoleto en el pasado; ¿cuántos calígrafos y escribas, fabricantes de velamen y aparejos para barcos veleros, artesanos de sebo y pabilo, quedaron sin empleo con los hitos innovadores señalados? Con la palanca de la innovación tecnológica, hoy se avanza a grandes pasos hacia la inteligencia artificial, la ingeniería genética, la biotecnología, la conquista del espacio y la nanotecnología.

Las innovaciones tecnológicas han cambiado el paradigma educativo. La avalancha del Internet ha llegado a más de 1/6 de la población mundial. Una de sus múltiples implicancias es diversificar y mejorar el proceso de aprendizaje a través de herramientas online. Yo, que vendía costosas enciclopedias para costear mis estudios, ahora sé que tales aparatosos volúmenes son innecesarios porque las enciclopedias más prestigiosas están en la Web, gratis. Ya existen más de 1.500 cursos y programas online del Massachussets Institute of Technology (MIT) y la Universidad de Yale para que cualquiera que sepa inglés pueda asistir a clases virtuales de manera gratuita –no sea opa, aprenda la lengua de Shakespeare, no Tacana.

¿Cuánto tiempo tomará para que la destrucción creadora de la era del conocimiento irrumpa en Bolivia? Propongo una política de Estado para acelerar ese proceso. Postulo dejar obsoletos a maestros imbuidos de rancias ideologías del siglo pasado. Predico el abandono del modelo del educador de tiza, borrador y pizarra. Planteo fomentar miles de guías hacia la luz del saber, dotados de laptop, celular y proyector: mentores diestros en manejar un sistema operativo, sacar provecho a un procesador de textos, al PowerPoint y al Internet, para transmitir estos conocimientos a la “jumentud”, digo juventud. Sueño que la vanidad de los gobernantes –que les hace comprar lujosos aviones presidenciales- se trocará en pena por el futuro de los bolivianos: negociarán con países asiáticos para comprar baratas un millón de laptops, de blancas tapas para reemplazar a los guardapolvos, para repartir a maestros y alumnos; Bill Gates donaría el software.

Pero los enviados del gobierno insistirían en su “coimisión” por cada laptop. Los nuevos reyezuelos usarían la Internet para difundir bellacadas pachamamistas o discursos de Fidel. Aprender oratoria se basaría en divagaciones de Evo, y dilucidar la gramática en enlaces con el bocón del Aló Presidente. Los dinosaurios del magisterio saldrían a las calles para resistir la penetración del imperialismo. Si antaño se borroneaban los cuadernos para pintar corazoncitos flechados, ahora los estudiantes se mandarían mensajes de amor o chatearían en las aulas.

¿No será que yo mismo soy el peor enemigo de mis ensoñaciones?

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Una respuesta para “La destrucción creadora del maestro”

  1. David Yujra Céspedes Dice:

    Comparto plenamente con usted estimado Winston. Pienso que habemos muchos que pensamos lo mismo. Porqué no hacer fuerza. No entiendo porque las personas pensantes de este país estan tan desperdigadas. En fin, ya llegará el día..
    Mis congratulaciones por tan sesudos comentarios.

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